El Instituto: espejo de Panamá
Desde hace una década, aproximadamente, han llamado la atención de la comunidad panameña, las situaciones críticas y las protestas estudiantiles que han tenido como epicentro el Instituto Nacional, colegio secundario que antes de la fundación de la Universidad de Panamá, en 1935, fue vanguardia educativa y cultural de todo el país. Los últimos disturbios conflictivos, en los cuales tomaron parte profesores, autoridades, estudiantes y padres de familia, llevaron a un periódico local a lamentarse con alarma del "franco deterioro" de esa escuela y de que ésta "ha perdido el papel protagónico que ha ejercido en el quehacer nacional durante casi cien años".
Inaugurado por el Ministro de Educación, Dr. Eusebio A. Morales, en abril de 1909, el Instituto Nacional comenzó a perder su hegemonía cultural y educativa desde cuando se inició la Universidad estatal que, lógicamente, se convertiría, a poco, en centro máximo de educación, el que hoy igualmente atraviesa por una crisis sin solución a la vista. Ahora bien, ya desde los años sesenta el Instituto era un plantel secundario más en nuestro país. Le había llegado el tránsito hacia abajo que aceleradamente estaba sufriendo la República, cuando el Gobierno pasó a manos del Comandante policial José A. Remón Cantera (1952), mediante un fraude electoral "triunfante". La degeneración política se había iniciado tan pronto finalizó la Segunda Guerra Mundial (1945) y la hegemonía política de la Guardia Nacional alcanzó su clímax involutivo con el Golpe cuartelario de 1968. Veinte años de tal dictadura policíaca implantaron una ultradegradación institucional, que en todo sentido dominó la vida nacional de Panamá, cuyas consecuencias seguimos padeciendo aún en la actualidad.
Así, el Instituto Nacional no podía escapar a una época que ha sido la más negra en toda la historia panameña de los dos últimos siglos. Ahora continuamos padeciendo lo que se sembró hasta 1989, que la invasión norteamericana de ese año no se propuso ni estaba en capacidad de superar. Desde entonces, tenemos un país que no encuentra rumbos de rectificación para sus supurantes problemas nacionales, pero al decir de algunos "vivimos en democracia". Ha pasado el tiempo gubernativo de la dictadura policíaca y narcotraficante, pero continúa la escuela política implantada por ella, sobre todo en materia de corrupción generalizada, improvisaciones totales en la cosa pública, atonía y desaliento en los sectores sociales más capacitados, etc., etc. En la segunda mitad del siglo XX, su tradicional y lógica actitud anticolonialista salvó colectivamente a nuestro pueblo de lo que habría sido un desastre total, sumido en la apatía y en el silencio absoluto y degradante, en su perspectiva nacional.
Ni el Instituto Nacional, ni la Universidad estatal, ni las demás instancias educativo-culturales pueden representar, en su vegetativa existencia, la excepción, por razones muy obvias. No nos lancemos recíprocamente las culpas, que son de todos. Todos somos responsables. Unos por acción; otros por omisión. Cuando los sectores sociales varios que integran una nación llegan a la condición extraordinaria de una anomia general, de una incapacidad totalizadora, parece indispensable que surjan, como el Ave Fénix que se eleva de sus propias cenizas, corrientes de opinión ciudadana que, previo acuerdo en la rectificación del funcionamiento de mínima eficacia de nuestro quehacer nacional, se decidan a llevar a cabo de inmediato la gravosa obra por la cual la Patria está clamando. La acción se requiere hoy; en la actualidad; porque el silencio y la indecisión de los más, seguirán produciendo el mal de todos, en la misma forma en que lo ha venido consumando la actuación de los grupitos privilegiados.
De lo que se trata es de los problemas del país, que ya comienzan a tocar fondo, como otras veces. No es una rutinaria elección cada cinco años, lo que curará profundos males de dimensión nacional, como lo demuestra con creces la lamentable historia del siglo XX panameño. Cambiemos de rumbo colectivo en todos los espacios de la marcha del país. No sólo es el Instituto Nacional lo que está "a la deriva"; lo que está en "franco deterioro"; lo que "ha perdido el papel protagónico". Ese papel no lo tienen los Organos estatales; no lo tiene tampoco la llamada "sociedad civil"; no lo tienen los partidos políticos, ninguno de ellos; no lo tienen las instituciones religiosas; no lo tienen los sindicatos obreros; no lo tiene nadie en particular, miradas las cosas en su perspectiva de superación. Ojalá que algunas personas y algunos grupos responsables así lo reconozcan y actúen mancomunadamente, no en favor de éste o aquel candidato, sino en favor del país, de la Patria, que recordando a Martí, no es ara, sino pedestal.
En la vida de los pueblos se dan momentos decisivos, en los que no hay más remedio que, como en el caso de Hamlet, resulta indispensable definirse: "To be or not to be; that is the question". Tienen la palabra y la acción esas personas y esos grupos progresistas y honestos, que deben formar la columna de rescate y de rectificaciones, única vía de encauzamiento en esta hora nefasta de Panamá. Aprovechemos la coyuntura conmemorativa del Primer Centenario de la República, felizmente producida cuando acabamos de librarnos de la presencia militar norteamericana en las riberas del Canal (el protectorado que aceptó Bunau-Varilla en 1903) y cuando el Canal ha pasado al dominio de Panamá.
El artículo del Ing. Drohan también indica: "Al desarrollar lagos, cuyo costo supera los mil millones de dólares (nueva cuenca occidental), se debería tener información detallada sobre el régimen lluvioso del área. El Faro (periódico informativo de la ACP) en su edición del 3 de mayo de 2002 presenta un artículo que proclama: "Instalan red de estaciones pluviométricas en la cuenca occidental... la instalación de las primeras cinco estaciones pluviométricas en la cuenca occidental... la región occidental de la cuenca nunca ha sido monitoreada...". ¿Cómo pudo la ACP presentarle a la Asamblea Nacional la tristemente célebre Ley 44 que crea la cuenca occidental sin siquiera saber con certeza cuánta precipitación pluvial cae dentro de dicha cuenca?"
Nuevamente parte el Ing. Drohan de una premisa equivocada. El hecho de incorporar nuevas estaciones pluviométricas a nuestra red y que nunca haya sido objeto de monitoreo por parte del Canal no significa que no existan registros de datos de la Región Occidental. Permítame, entonces, hacer de su conocimiento que desde 1958, el IRHE llevó registros hidrológicos de los ríos Coclé del Norte, Toabré e Indio. Dicha información representa más de 40 años de registros continuos, más del doble del tiempo de información utilizada para evaluar y diseñar grandes proyectos que hoy día operan exitosamente en Panamá, como Bayano, Fortuna y la Estrella-Los Valles. Profundizando más sobre este tema, la información y los análisis hidrológicos efectuados por la ACP fueron revisados y validados por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos-entidad reconocida mundialmente-durante el estudio de Reconocimiento en 1998. Además, fueron nuevamente analizados y validados en el 2001 por la firma Harza Engineering, empresa reconocida mundialmente como líder en proyectos hidráulicos.
En un esfuerzo por justificar su opinión, el Ing. Drohan sostiene que "La ACP no ha podido refutar los criterios que ilustré en El Panamá América del 12 de julio de 2001 titulado "La nueva cuenca occidental no es necesaria", y tampoco podrá refutar los presentados en este escrito. Por esa razón, la ACP ahora pretende descartar la superioridad del lago Trinidad con la aseveración de que Trinidad no se puede construir debido a la debilidad de la lama (lama del Atlántico) que se encuentra en el sitio de la presa. Este es un sofisma, resultado de un inapropiado manejo de conocimientos geotécnicos de parte de quienes lo sostienen" y, "Me inclino a pensar que los encargados de la ACP no han leído los estudios de Tudor Engineering (1962-1963) y tampoco han tenido la oportunidad de mantenerse al día con los recientes avances sobre construcción de represas y rellenos en Japón y otros lugares, sobre materiales más suaves que la lama del Atlántico de Panamá."
Una vez más estos planteamientos reflejan la equivocación del Ing. Drohan, ya que nuestro personal técnico no solamente ha leído, sino que ha analizado los estudios de la década del "60. De igual forma, los informes técnicos han sido analizados por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos y por nuestra Junta de Asesores Geotécnicos, que gozan de gran prestigio y reputación internacional. Y lo que es más, debido a la complejidad y a los riesgos de un proyecto de esta envergadura, no nos conformamos con los análisis mencionados y hemos procurado revisiones independientes por parte de nuestros asesores en Administración de Programas. Ello con el fin de obtener otra opinión que no sólo tome en cuenta los aspectos técnicos sino que, además, analice las implicaciones de índole ambiental, socioeconómicas y financieras a fin de establecer las posibilidades reales de esta alternativa a la luz de otras opciones competitivas.
Al tener en cuenta la importancia estratégica del Canal para la República de Panamá, y sobre la base de análisis y sustentaciones de expertos nacionales e internacionales, la ACP planteará, en su momento oportuno, las recomendaciones más convenientes para el máximo aprovechamiento posible del recurso más valioso con que cuenta el país: su posición geográfica.
La solución salomónica de la Autoridad del Tránsito y de la Comisión Legislativa fue asignar 40 buses de la capital para suplir el déficit de unidades en Vacamonte, si bien los transportistas del Oeste decidieron poner a disposición sus propias unidades donde hicieran falta, como en Vacamonte, por ejemplo.
Los transportistas fueron por lana y salieron trasquilados, ya que su propuesta de más préstamos para el sector no fue aceptada. Esteban Rodríguez, presidente de la Cámara Nacional de Transporte (CANATRA), señaló que el problema del Oeste se resuelve no con más certificados de operación, sino con préstamos blandos por parte del Estado para renovar la flota de unidades. Según el dirigente, en el negocio del transporte en Panamá Oeste el "cliente (usuario) es el "enemigo" del transportista porque prefiere utilizar los taxis pirata que los buses de las rutas.
De acuerdo con el presidente de CANATRA, ellos son los más perjudicados en el problema porque el Estado no aporta nada para ellos y en cambio les exige un servicio eficiente y les pone a los usuarios en su contra.
Por su parte, Héctor Rodríguez, quien se pone unas veces el sombrero de legislador, otras el de empresario y el de sindicalista, manifestó que ellos "quieren mucho al usuario", a tal punto que han mantenido la misma tarifa por más de 20 años.
Según el dirigente, podrán aumentar la cantidad de buses que quieran y van a terminar "quebrados", igual que sucedió con la ruta de Vacamonte donde quedaron los buses tirados en un patio y los transportistas con una deuda millonaria.
Al hablar con el sombrero de empresario, Rodríguez pidió a las autoridades que usaran "criterios técnicos" para resolver el problema de transporte en el Oeste y no se apresuren a tomar decisiones que luego podrían lamentarse.
"No podemos promover en esta ocasión la anarquía", señaló Rodríguez, quien alertó que cualquier decisión de legalizar a los "piratas" podría ocasionar el cierre de la Gran Terminal de Albrook, lo cual podría generar una mala señal a los inversionistas.
"Los transportistas pagamos 100 mil balboas mensuales para operar en esa terminal, que genera mil empleos", señaló el transportista, que en esa ocasión pareció hablar como accionista de la terminal de Albrook.
Por último, Rodríguez se puso el sombrero de legislador para manifestar que el problema se pudiera resolver en parte cuando el Estado establezca un contrato de concesión con las 900 rutas que operan en el país.
Los "piratas" señalan que ni las multas han podido eliminarlos porque la deficiencia del servicio de transporte regular los hace sobrevivir. Primero establecieron la multa en B/.500 y ahora la aumentaron a B/.800, pero estos taxistas y dueños de autos particulares siguen transportando pasajeros hacia el sector Oeste.
Leonel Montilla, presidente de los transportistas "pirata", que se autodenominan "auxiliares", manifestó que en buena parte han solucionado el problema a los usuarios por la deficiencia del servicio que prestan los buses.
Montilla destacó que la Constitución Nacional y las normas que regulaban- hasta hace poco- el transporte selectivo, los autoriza a prestar dicho servicio, sometidos a la libre oferta y demanda . No obstante, denunció que han encontrado oposición para prestar este servicio auxiliar por parte de los sindicatos de transportistas y "grandes empresarios que han colocado sus intereses por encima del bienestar colectivo".
Para los "piratas" no todo está perdido, toda vez que ven una luz en la oscuridad debido a que la Comisión de Transporte recomendó una reforma a la ley del transporte para regular el servicio nocturno de taxis y buses hacia el sector Oeste.
Entretanto, el director de la Autoridad del Tránsito, Pablo Quintero Luna, reiteró que las sanciones contra los piratas seguirán porque es un servicio ilegal que no está contemplado en la legislación. En las tres entregas participaron: Elizabeth Muñoz de Lao, Carlos Vargas, Yuriela Sagel, Enrique Brathwaite, Melitza Solano, José Eduardo Sánchez, Yodalis Bethancourt y Rodolfo Gaitán.
Inaugurado por el Ministro de Educación, Dr. Eusebio A. Morales, en abril de 1909, el Instituto Nacional comenzó a perder su hegemonía cultural y educativa desde cuando se inició la Universidad estatal que, lógicamente, se convertiría, a poco, en centro máximo de educación, el que hoy igualmente atraviesa por una crisis sin solución a la vista. Ahora bien, ya desde los años sesenta el Instituto era un plantel secundario más en nuestro país. Le había llegado el tránsito hacia abajo que aceleradamente estaba sufriendo la República, cuando el Gobierno pasó a manos del Comandante policial José A. Remón Cantera (1952), mediante un fraude electoral "triunfante". La degeneración política se había iniciado tan pronto finalizó la Segunda Guerra Mundial (1945) y la hegemonía política de la Guardia Nacional alcanzó su clímax involutivo con el Golpe cuartelario de 1968. Veinte años de tal dictadura policíaca implantaron una ultradegradación institucional, que en todo sentido dominó la vida nacional de Panamá, cuyas consecuencias seguimos padeciendo aún en la actualidad.
Así, el Instituto Nacional no podía escapar a una época que ha sido la más negra en toda la historia panameña de los dos últimos siglos. Ahora continuamos padeciendo lo que se sembró hasta 1989, que la invasión norteamericana de ese año no se propuso ni estaba en capacidad de superar. Desde entonces, tenemos un país que no encuentra rumbos de rectificación para sus supurantes problemas nacionales, pero al decir de algunos "vivimos en democracia". Ha pasado el tiempo gubernativo de la dictadura policíaca y narcotraficante, pero continúa la escuela política implantada por ella, sobre todo en materia de corrupción generalizada, improvisaciones totales en la cosa pública, atonía y desaliento en los sectores sociales más capacitados, etc., etc. En la segunda mitad del siglo XX, su tradicional y lógica actitud anticolonialista salvó colectivamente a nuestro pueblo de lo que habría sido un desastre total, sumido en la apatía y en el silencio absoluto y degradante, en su perspectiva nacional.
Ni el Instituto Nacional, ni la Universidad estatal, ni las demás instancias educativo-culturales pueden representar, en su vegetativa existencia, la excepción, por razones muy obvias. No nos lancemos recíprocamente las culpas, que son de todos. Todos somos responsables. Unos por acción; otros por omisión. Cuando los sectores sociales varios que integran una nación llegan a la condición extraordinaria de una anomia general, de una incapacidad totalizadora, parece indispensable que surjan, como el Ave Fénix que se eleva de sus propias cenizas, corrientes de opinión ciudadana que, previo acuerdo en la rectificación del funcionamiento de mínima eficacia de nuestro quehacer nacional, se decidan a llevar a cabo de inmediato la gravosa obra por la cual la Patria está clamando. La acción se requiere hoy; en la actualidad; porque el silencio y la indecisión de los más, seguirán produciendo el mal de todos, en la misma forma en que lo ha venido consumando la actuación de los grupitos privilegiados.
De lo que se trata es de los problemas del país, que ya comienzan a tocar fondo, como otras veces. No es una rutinaria elección cada cinco años, lo que curará profundos males de dimensión nacional, como lo demuestra con creces la lamentable historia del siglo XX panameño. Cambiemos de rumbo colectivo en todos los espacios de la marcha del país. No sólo es el Instituto Nacional lo que está "a la deriva"; lo que está en "franco deterioro"; lo que "ha perdido el papel protagónico". Ese papel no lo tienen los Organos estatales; no lo tiene tampoco la llamada "sociedad civil"; no lo tienen los partidos políticos, ninguno de ellos; no lo tienen las instituciones religiosas; no lo tienen los sindicatos obreros; no lo tiene nadie en particular, miradas las cosas en su perspectiva de superación. Ojalá que algunas personas y algunos grupos responsables así lo reconozcan y actúen mancomunadamente, no en favor de éste o aquel candidato, sino en favor del país, de la Patria, que recordando a Martí, no es ara, sino pedestal.
En la vida de los pueblos se dan momentos decisivos, en los que no hay más remedio que, como en el caso de Hamlet, resulta indispensable definirse: "To be or not to be; that is the question". Tienen la palabra y la acción esas personas y esos grupos progresistas y honestos, que deben formar la columna de rescate y de rectificaciones, única vía de encauzamiento en esta hora nefasta de Panamá. Aprovechemos la coyuntura conmemorativa del Primer Centenario de la República, felizmente producida cuando acabamos de librarnos de la presencia militar norteamericana en las riberas del Canal (el protectorado que aceptó Bunau-Varilla en 1903) y cuando el Canal ha pasado al dominio de Panamá.
El artículo del Ing. Drohan también indica: "Al desarrollar lagos, cuyo costo supera los mil millones de dólares (nueva cuenca occidental), se debería tener información detallada sobre el régimen lluvioso del área. El Faro (periódico informativo de la ACP) en su edición del 3 de mayo de 2002 presenta un artículo que proclama: "Instalan red de estaciones pluviométricas en la cuenca occidental... la instalación de las primeras cinco estaciones pluviométricas en la cuenca occidental... la región occidental de la cuenca nunca ha sido monitoreada...". ¿Cómo pudo la ACP presentarle a la Asamblea Nacional la tristemente célebre Ley 44 que crea la cuenca occidental sin siquiera saber con certeza cuánta precipitación pluvial cae dentro de dicha cuenca?"
Nuevamente parte el Ing. Drohan de una premisa equivocada. El hecho de incorporar nuevas estaciones pluviométricas a nuestra red y que nunca haya sido objeto de monitoreo por parte del Canal no significa que no existan registros de datos de la Región Occidental. Permítame, entonces, hacer de su conocimiento que desde 1958, el IRHE llevó registros hidrológicos de los ríos Coclé del Norte, Toabré e Indio. Dicha información representa más de 40 años de registros continuos, más del doble del tiempo de información utilizada para evaluar y diseñar grandes proyectos que hoy día operan exitosamente en Panamá, como Bayano, Fortuna y la Estrella-Los Valles. Profundizando más sobre este tema, la información y los análisis hidrológicos efectuados por la ACP fueron revisados y validados por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos-entidad reconocida mundialmente-durante el estudio de Reconocimiento en 1998. Además, fueron nuevamente analizados y validados en el 2001 por la firma Harza Engineering, empresa reconocida mundialmente como líder en proyectos hidráulicos.
En un esfuerzo por justificar su opinión, el Ing. Drohan sostiene que "La ACP no ha podido refutar los criterios que ilustré en El Panamá América del 12 de julio de 2001 titulado "La nueva cuenca occidental no es necesaria", y tampoco podrá refutar los presentados en este escrito. Por esa razón, la ACP ahora pretende descartar la superioridad del lago Trinidad con la aseveración de que Trinidad no se puede construir debido a la debilidad de la lama (lama del Atlántico) que se encuentra en el sitio de la presa. Este es un sofisma, resultado de un inapropiado manejo de conocimientos geotécnicos de parte de quienes lo sostienen" y, "Me inclino a pensar que los encargados de la ACP no han leído los estudios de Tudor Engineering (1962-1963) y tampoco han tenido la oportunidad de mantenerse al día con los recientes avances sobre construcción de represas y rellenos en Japón y otros lugares, sobre materiales más suaves que la lama del Atlántico de Panamá."
Una vez más estos planteamientos reflejan la equivocación del Ing. Drohan, ya que nuestro personal técnico no solamente ha leído, sino que ha analizado los estudios de la década del "60. De igual forma, los informes técnicos han sido analizados por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos y por nuestra Junta de Asesores Geotécnicos, que gozan de gran prestigio y reputación internacional. Y lo que es más, debido a la complejidad y a los riesgos de un proyecto de esta envergadura, no nos conformamos con los análisis mencionados y hemos procurado revisiones independientes por parte de nuestros asesores en Administración de Programas. Ello con el fin de obtener otra opinión que no sólo tome en cuenta los aspectos técnicos sino que, además, analice las implicaciones de índole ambiental, socioeconómicas y financieras a fin de establecer las posibilidades reales de esta alternativa a la luz de otras opciones competitivas.
Al tener en cuenta la importancia estratégica del Canal para la República de Panamá, y sobre la base de análisis y sustentaciones de expertos nacionales e internacionales, la ACP planteará, en su momento oportuno, las recomendaciones más convenientes para el máximo aprovechamiento posible del recurso más valioso con que cuenta el país: su posición geográfica.
La solución salomónica de la Autoridad del Tránsito y de la Comisión Legislativa fue asignar 40 buses de la capital para suplir el déficit de unidades en Vacamonte, si bien los transportistas del Oeste decidieron poner a disposición sus propias unidades donde hicieran falta, como en Vacamonte, por ejemplo.
Los transportistas fueron por lana y salieron trasquilados, ya que su propuesta de más préstamos para el sector no fue aceptada. Esteban Rodríguez, presidente de la Cámara Nacional de Transporte (CANATRA), señaló que el problema del Oeste se resuelve no con más certificados de operación, sino con préstamos blandos por parte del Estado para renovar la flota de unidades. Según el dirigente, en el negocio del transporte en Panamá Oeste el "cliente (usuario) es el "enemigo" del transportista porque prefiere utilizar los taxis pirata que los buses de las rutas.
De acuerdo con el presidente de CANATRA, ellos son los más perjudicados en el problema porque el Estado no aporta nada para ellos y en cambio les exige un servicio eficiente y les pone a los usuarios en su contra.
Por su parte, Héctor Rodríguez, quien se pone unas veces el sombrero de legislador, otras el de empresario y el de sindicalista, manifestó que ellos "quieren mucho al usuario", a tal punto que han mantenido la misma tarifa por más de 20 años.
Según el dirigente, podrán aumentar la cantidad de buses que quieran y van a terminar "quebrados", igual que sucedió con la ruta de Vacamonte donde quedaron los buses tirados en un patio y los transportistas con una deuda millonaria.
Al hablar con el sombrero de empresario, Rodríguez pidió a las autoridades que usaran "criterios técnicos" para resolver el problema de transporte en el Oeste y no se apresuren a tomar decisiones que luego podrían lamentarse.
"No podemos promover en esta ocasión la anarquía", señaló Rodríguez, quien alertó que cualquier decisión de legalizar a los "piratas" podría ocasionar el cierre de la Gran Terminal de Albrook, lo cual podría generar una mala señal a los inversionistas.
"Los transportistas pagamos 100 mil balboas mensuales para operar en esa terminal, que genera mil empleos", señaló el transportista, que en esa ocasión pareció hablar como accionista de la terminal de Albrook.
Por último, Rodríguez se puso el sombrero de legislador para manifestar que el problema se pudiera resolver en parte cuando el Estado establezca un contrato de concesión con las 900 rutas que operan en el país.
Los "piratas" señalan que ni las multas han podido eliminarlos porque la deficiencia del servicio de transporte regular los hace sobrevivir. Primero establecieron la multa en B/.500 y ahora la aumentaron a B/.800, pero estos taxistas y dueños de autos particulares siguen transportando pasajeros hacia el sector Oeste.
Leonel Montilla, presidente de los transportistas "pirata", que se autodenominan "auxiliares", manifestó que en buena parte han solucionado el problema a los usuarios por la deficiencia del servicio que prestan los buses.
Montilla destacó que la Constitución Nacional y las normas que regulaban- hasta hace poco- el transporte selectivo, los autoriza a prestar dicho servicio, sometidos a la libre oferta y demanda . No obstante, denunció que han encontrado oposición para prestar este servicio auxiliar por parte de los sindicatos de transportistas y "grandes empresarios que han colocado sus intereses por encima del bienestar colectivo".
Para los "piratas" no todo está perdido, toda vez que ven una luz en la oscuridad debido a que la Comisión de Transporte recomendó una reforma a la ley del transporte para regular el servicio nocturno de taxis y buses hacia el sector Oeste.
Entretanto, el director de la Autoridad del Tránsito, Pablo Quintero Luna, reiteró que las sanciones contra los piratas seguirán porque es un servicio ilegal que no está contemplado en la legislación. En las tres entregas participaron: Elizabeth Muñoz de Lao, Carlos Vargas, Yuriela Sagel, Enrique Brathwaite, Melitza Solano, José Eduardo Sánchez, Yodalis Bethancourt y Rodolfo Gaitán.