El interés nacional de Panamá y la República Popular China
Desde hace varias décadas el Estado panameño está comprometido a establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China, ante las exigencias de la globalización en el ámbito económico, que no hace desdeñable un mercado de mil trescientos millones de personas, en un inmenso país que es hoy por hoy la economía en crecimiento más pujante del planeta.
No se puede dejar de mencionar que como reacción a la llamada Enmienda Snyder aprobada por la Cámara de Representantes de los Estados Unidos que negaba el uso de fondos de presupuesto para las Negociaciones del Tratado del Canal, la Asamblea Nacional de Representantes, reunida en la ciudad de David, aprobó unánimemente el 18 de julio de 1975, una Resolución que recomendó la apertura de relaciones diplomáticas con todos los países del mundo, y específicamente con la República Popular China. (Estrella de Panamá, julio 19 de 1975).
En septiembre de 1994, antes de asumir la jefatura de la Misión Permanente ante las Naciones Unidas, declaré que para ser realistas, no puede Panamá cerrar los ojos ante la existencia de la República Popular China, por lo que ésta representa económica, política, cultural, científica y socialmente. Señalé, asimismo, que en la época de la postguerra fría en que Panamá mantenía relaciones diplomáticas y consulares con la Federación de Rusia y otros países de Europa Oriental, resultaba anacrónico que no tuviese, igualmente, relaciones diplomáticas con la China Continental. No tenemos derecho a olvidar, por otra parte, el apoyo que la República Popular China le dio a nuestro país en el curso de la reunión que celebró el Consejo de Seguridad en nuestra capital cuando votó a favor de la Resolución de ese "rgano en favor de las reivindicaciones panameñas referentes al Canal de Panamá y a su zona adyacente. Ni tampoco tenemos derecho a olvidar la significación que tiene el hecho de que la República Popular China le haya permitido a Panamá mantener abierto su Consulado General en Hong Kong, territorio revertido a la soberanía de ese país.
Frente a la realidad política, económica y tecnológica que representa la República Popular China, todos los años, la diplomacia taiwanesa despliega sus actividades con el objetivo de lograr que los gobiernos de los pocos países que mantienen relaciones diplomáticas con Taiwán, suscriban un Memorándum en el cual solicitan a la Secretaría General de las Naciones Unidas que incluya en el orden del día del período de sesiones de la Asamblea General el tema: "La República China en Taiwan". En ese Memorándum, los países firmantes expresan una serie de argumentos en apoyo de la aspiración de Taiwan para ser admitido como miembro de las Naciones Unidas. En la redacción de ese texto, no participan las cancillerías de los gobiernos firmantes. Es un texto "made in Taipei". Para llenar las formalidades, siempre hay un país, de entre los firmantes, que es matriculado para que presente la iniciativa.
Cuando la Jefa del Ejecutivo declaró que: "Panamá dará su voto favorable" a Taiwan para entrar a la ONU, no le resultó difícil a la ciudadanía entender que este año, el primer año del siglo XXI, Panamá estará entre los países que firmarán ese Memorándum.
Mi crítica a esa decisión, aparecida en La Prensa del 1° de junio, no apuntaba a incomodar al gobierno actual. No es la primera vez que expreso mi pensamiento sobre ese tema. Pero la Cancillería panameña reaccionó a mis declaraciones emitiendo un desatinado Comunicado al cual me referí hace unos días, a través de un texto publicado por La Prensa (3 de junio) y El Panamá América (7 de junio).
Me pregunto si nuestra Cancillería reaccionará a lo que todos los años, en vísperas de la apertura de la Asamblea General en septiembre, ocurre en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York y provoca el hazmerreír de toda la comunidad diplomática. Me refiero a un comunicado, que siempre es circulado entre todas las delegaciones por la Misión Permanente de la República Popular China y que, presumiblemente, se origina en Beijing. Ese texto se refiere al Memorándum sobre Taiwan, que en ese momento, ya ha sido publicado, de acuerdo con las normas de procedimiento, por la Secretaría General de las Naciones Unidas. En su comunicado, el gobierno chino señala con singular acritud, todos los años, que los gobiernos firmantes del Memorándum sobre Taiwan actúan "fuera de la ley" (outlaw). El comunicado chino denuncia a los gobiernos firmantes como "vendidos" al dinero de Taiwan y utiliza con precisión apabullante términos muy rudos para calificar la gestión intentada por esos países.
Este año, el Gobierno de Panamá será tratado rudamente por el gobierno chino en las Naciones Unidas. Panamá estará entre los países que este año intentan lograr algo imposible. Ya he explicado por qué Taiwan no tiene ninguna posibilidad de ser admitido como miembro de las Naciones Unidas, por impedírselo la letra clara del inciso 2 del artículo 4 de la Carta de las Naciones Unidas y la Opinión Consultiva de 3 de marzo de 1950 de la Corte Internacional de Justicia, así como la Resolución 2758 (XXVI) adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1971 que expulsó de la Organización al régimen de Chiang Kai-Shek, refugiado en Taipei, a la vez que dispuso restaurarle todos sus derechos a la República Popular China. De figurar como firmante del Memorándum taiwanés, Panamá formará parte de una lista de Estados que no siempre incluye a todos los 28 Estados que mantienen relaciones diplomáticas con Taiwan, pero que sí incluye siempre a que figuran entre los países más pobres del planeta. Como lo expresara la dirección de este diario en su edición del viernes pasado, "Taiwan está reconocida sólo por un menguante puñado de pequeños países, casi todos de Africa y Centroamérica". "Los gobiernos panameños -agrega- se han empeñado de hacer de todo para desairar a China Continental, cuando con tan sólo no hacer nada, estaríamos haciendo lo suficiente para preservar nuestros intereses nacionales frente a una inmensa nación que se perfila rápidamente como la segunda potencia del planeta." (El Panamá América, Editorial, junio 8 de 2001).
A principios del siglo XIX, Napoleón Bonaparte dijo una frase que aún sirve para testimoniar el temor que una China poderosa producía en el ánimo occidental: "Cuando la China se despertará, el mundo temblará". El vaticinio de Napoleón no se realizó. La China ya se despertó. Desde hace varios años tiene un crecimiento económico anual que oscila entre el 10% y el 12%. Es el segundo país, después de Estados Unidos, con el mayor monto de inversiones externas. Con 1,300 millones de habitantes es un país que dispone del número, del espacio y del tiempo para convertirse, antes de que termine el siglo XXI, en una realidad gigantesca, en una superpotencia, lo cual hace que el pueblo chino se sienta optimista acerca de sus aspiraciones de prosperidad y celoso en su defensa del prestigio nacional.
Los países que firman el inocuo Memorándum relativo a Taiwan en las Naciones Unidas, lo único que consiguen, y lo consiguen infaliblemente, es irritar al gigante. La China, sin miramientos cada año, vapulea a esos países y lo hace invocando sus derechos. Panamá no tiene ninguna necesidad de exponerse a ser vapuleado y menos aún en las Naciones Unidas, que fue el ámbito en el que expusimos ante el mundo nuestras aspiraciones, nuestras reivindicaciones de independencia y soberanía en la década de los setenta. Panamá no tiene ninguna necesidad de sacrificar su honor y su orgullo por una cuestión crematística. Al firmar ese Memorándum, Panamá está desmintiendo que somos un pueblo que no acepta ni millones ni limosnas cuando está en juego la dignidad nacional y el prestigio internacional que llevó a la República a integrar el Consejo de Seguridad en dos períodos en la década de los años setenta y a ser elegida Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la década de los ochenta. ¿Está preparada la Cancillería panameña para que la República Popular China nos exhiba, nos injurie y nos someta al menosprecio y al desprestigio internacional?
No se puede dejar de mencionar que como reacción a la llamada Enmienda Snyder aprobada por la Cámara de Representantes de los Estados Unidos que negaba el uso de fondos de presupuesto para las Negociaciones del Tratado del Canal, la Asamblea Nacional de Representantes, reunida en la ciudad de David, aprobó unánimemente el 18 de julio de 1975, una Resolución que recomendó la apertura de relaciones diplomáticas con todos los países del mundo, y específicamente con la República Popular China. (Estrella de Panamá, julio 19 de 1975).
En septiembre de 1994, antes de asumir la jefatura de la Misión Permanente ante las Naciones Unidas, declaré que para ser realistas, no puede Panamá cerrar los ojos ante la existencia de la República Popular China, por lo que ésta representa económica, política, cultural, científica y socialmente. Señalé, asimismo, que en la época de la postguerra fría en que Panamá mantenía relaciones diplomáticas y consulares con la Federación de Rusia y otros países de Europa Oriental, resultaba anacrónico que no tuviese, igualmente, relaciones diplomáticas con la China Continental. No tenemos derecho a olvidar, por otra parte, el apoyo que la República Popular China le dio a nuestro país en el curso de la reunión que celebró el Consejo de Seguridad en nuestra capital cuando votó a favor de la Resolución de ese "rgano en favor de las reivindicaciones panameñas referentes al Canal de Panamá y a su zona adyacente. Ni tampoco tenemos derecho a olvidar la significación que tiene el hecho de que la República Popular China le haya permitido a Panamá mantener abierto su Consulado General en Hong Kong, territorio revertido a la soberanía de ese país.
Frente a la realidad política, económica y tecnológica que representa la República Popular China, todos los años, la diplomacia taiwanesa despliega sus actividades con el objetivo de lograr que los gobiernos de los pocos países que mantienen relaciones diplomáticas con Taiwán, suscriban un Memorándum en el cual solicitan a la Secretaría General de las Naciones Unidas que incluya en el orden del día del período de sesiones de la Asamblea General el tema: "La República China en Taiwan". En ese Memorándum, los países firmantes expresan una serie de argumentos en apoyo de la aspiración de Taiwan para ser admitido como miembro de las Naciones Unidas. En la redacción de ese texto, no participan las cancillerías de los gobiernos firmantes. Es un texto "made in Taipei". Para llenar las formalidades, siempre hay un país, de entre los firmantes, que es matriculado para que presente la iniciativa.
Cuando la Jefa del Ejecutivo declaró que: "Panamá dará su voto favorable" a Taiwan para entrar a la ONU, no le resultó difícil a la ciudadanía entender que este año, el primer año del siglo XXI, Panamá estará entre los países que firmarán ese Memorándum.
Mi crítica a esa decisión, aparecida en La Prensa del 1° de junio, no apuntaba a incomodar al gobierno actual. No es la primera vez que expreso mi pensamiento sobre ese tema. Pero la Cancillería panameña reaccionó a mis declaraciones emitiendo un desatinado Comunicado al cual me referí hace unos días, a través de un texto publicado por La Prensa (3 de junio) y El Panamá América (7 de junio).
Me pregunto si nuestra Cancillería reaccionará a lo que todos los años, en vísperas de la apertura de la Asamblea General en septiembre, ocurre en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York y provoca el hazmerreír de toda la comunidad diplomática. Me refiero a un comunicado, que siempre es circulado entre todas las delegaciones por la Misión Permanente de la República Popular China y que, presumiblemente, se origina en Beijing. Ese texto se refiere al Memorándum sobre Taiwan, que en ese momento, ya ha sido publicado, de acuerdo con las normas de procedimiento, por la Secretaría General de las Naciones Unidas. En su comunicado, el gobierno chino señala con singular acritud, todos los años, que los gobiernos firmantes del Memorándum sobre Taiwan actúan "fuera de la ley" (outlaw). El comunicado chino denuncia a los gobiernos firmantes como "vendidos" al dinero de Taiwan y utiliza con precisión apabullante términos muy rudos para calificar la gestión intentada por esos países.
Este año, el Gobierno de Panamá será tratado rudamente por el gobierno chino en las Naciones Unidas. Panamá estará entre los países que este año intentan lograr algo imposible. Ya he explicado por qué Taiwan no tiene ninguna posibilidad de ser admitido como miembro de las Naciones Unidas, por impedírselo la letra clara del inciso 2 del artículo 4 de la Carta de las Naciones Unidas y la Opinión Consultiva de 3 de marzo de 1950 de la Corte Internacional de Justicia, así como la Resolución 2758 (XXVI) adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1971 que expulsó de la Organización al régimen de Chiang Kai-Shek, refugiado en Taipei, a la vez que dispuso restaurarle todos sus derechos a la República Popular China. De figurar como firmante del Memorándum taiwanés, Panamá formará parte de una lista de Estados que no siempre incluye a todos los 28 Estados que mantienen relaciones diplomáticas con Taiwan, pero que sí incluye siempre a que figuran entre los países más pobres del planeta. Como lo expresara la dirección de este diario en su edición del viernes pasado, "Taiwan está reconocida sólo por un menguante puñado de pequeños países, casi todos de Africa y Centroamérica". "Los gobiernos panameños -agrega- se han empeñado de hacer de todo para desairar a China Continental, cuando con tan sólo no hacer nada, estaríamos haciendo lo suficiente para preservar nuestros intereses nacionales frente a una inmensa nación que se perfila rápidamente como la segunda potencia del planeta." (El Panamá América, Editorial, junio 8 de 2001).
A principios del siglo XIX, Napoleón Bonaparte dijo una frase que aún sirve para testimoniar el temor que una China poderosa producía en el ánimo occidental: "Cuando la China se despertará, el mundo temblará". El vaticinio de Napoleón no se realizó. La China ya se despertó. Desde hace varios años tiene un crecimiento económico anual que oscila entre el 10% y el 12%. Es el segundo país, después de Estados Unidos, con el mayor monto de inversiones externas. Con 1,300 millones de habitantes es un país que dispone del número, del espacio y del tiempo para convertirse, antes de que termine el siglo XXI, en una realidad gigantesca, en una superpotencia, lo cual hace que el pueblo chino se sienta optimista acerca de sus aspiraciones de prosperidad y celoso en su defensa del prestigio nacional.
Los países que firman el inocuo Memorándum relativo a Taiwan en las Naciones Unidas, lo único que consiguen, y lo consiguen infaliblemente, es irritar al gigante. La China, sin miramientos cada año, vapulea a esos países y lo hace invocando sus derechos. Panamá no tiene ninguna necesidad de exponerse a ser vapuleado y menos aún en las Naciones Unidas, que fue el ámbito en el que expusimos ante el mundo nuestras aspiraciones, nuestras reivindicaciones de independencia y soberanía en la década de los setenta. Panamá no tiene ninguna necesidad de sacrificar su honor y su orgullo por una cuestión crematística. Al firmar ese Memorándum, Panamá está desmintiendo que somos un pueblo que no acepta ni millones ni limosnas cuando está en juego la dignidad nacional y el prestigio internacional que llevó a la República a integrar el Consejo de Seguridad en dos períodos en la década de los años setenta y a ser elegida Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la década de los ochenta. ¿Está preparada la Cancillería panameña para que la República Popular China nos exhiba, nos injurie y nos someta al menosprecio y al desprestigio internacional?