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El juego de los "supervivos" y los pasivos


EL PARTIDO EN EL gobierno, pues es uno sólo (el otro, que hace de rémora, es una especie extinta, solamente pendiente del certificado de defunción) y los partidos de "la llamada oposición" han vuelto a montar el escenario para mantener su monopolio del sistema electoral panameño. Desde que se restableció la aparente democracia en que vivimos, después de la caída de la dictadura, el sistema, como hemos tenido la oportunidad de comprobar en las elecciones de 1994, 1999 y del 2004 está concebido para favorecer a partidos obsoletos, mediante reglas y privilegios leoninos.
Las elecciones de 1989, en las que el candidato de la dictadura, como todos recordamos, fue derrotado por Guillermo Endara, por un margen de 3 a 1, las anularon los militares, en un desesperado intento por perpetuarse en el poder. El recuento de los votos confirmó que el pueblo panameño había sepultado bajo una avalancha de votos a los candidatos de los cuarteles, los señores Carlos Duque, Ramón Siero y Aquilino Boyd; y, también, que la oposición había logrado una amplia mayoría en la Asamblea Legislativa.
La caída de la dictadura y la asunción del poder por el gobierno que había sido elegido democráticamente permitió desmantelar el aparato militar y abrió las oportunidad para importantes transformaciones en otros órdenes de la vida nacional; pero dejó prácticamente intacto el sistema de partidos políticos que sigue, hasta nuestros días, controlando nuestros procesos electorales y que, contrario a las tendencias de modernización que se viven en muchos países del entorno latinoamericano, para no ir muy lejos, sigue anquilosado en el pasado y, además, ha sido fortalecido por "ajustes" periódicos a la legislación electoral, para asegurarles y perpetuar ese control.
Con el poder político que asumieron las fuerzas democráticas en diciembre de 1989, y teniendo mayoría en la Asamblea, hubiera sido posible establecer reglas que propiciaran un auténtico proceso de democratización. Sin embargo, como no se hizo, hemos pagado las consecuencias. Entonces, algunos propusimos que se adoptaran dos medidas que hubieran cambiado nuestro panorama político: El sistema de doble vuelta, que existe hoy en la mayoría de los países latinoamericanos; y las candidaturas independientes a todos los cargos de elección popular, especialmente para la presidencia de la república.
En contra de la propuesta de establecer la doble vuelta y las candidaturas independientes, pesaron varios factores: Uno, la imprevisión, motivada por el triunfalismo del momento, que no consideraba posible un resurgimiento, a corto plazo, de las fuerzas políticas que habían convivido con la dictadura, entiéndase el PRD; dos, la convicción, equivocada, por supuesto, de que, aún divididos, cualquiera de los candidatos civilistas podía ganar las elecciones de 1994; y tercero, el temor, de todos los partidos, sin excepción, de "compartir" su control del sistema.
Si en las elecciones de 1994 hubiera existido la doble vuelta, es obvio que el PRD no las hubiera ganado.
En las circunstancias actuales, una vez recuperado el control del gobierno y con la mayoría que tiene en la Asamblea, nadie puede esperar que el PRD suelte la sartén que tiene agarrada por el mango. Sería necesario un esfuerzo combinado de todos los partidos de "la llamada oposición" y de otras fuerzas organizadas de la sociedad panameña, para obligarles a "abrir el compás". De momento no veo que los partidos que no están en el gobierno estén dispuestos a encabezar la apertura del sistema político. Y tampoco se vislumbra que en las fuerzas sociales con peso político: Iglesias, sindicatos, gremios profesionales y organizaciones de la sociedad civil exista la intención de luchar para imponerla.
Los partidos de la llamada oposición, tal pareciera, ingenuamente o por sobrestimar sus posibilidades reales, siguen bajo la ilusión de que en las próximas elecciones les tocará a ellos, aunque éstas se celebren bajo las actuales reglas del juego. Desde luego, están equivocados. Por lo que se ve, por los partidos de la llamada oposición habrá, por los menos, tres aspirantes a la presidencia. Y que se unan es casi imposible. Si no hay doble vuelta, el PRD tiene todas las posibilidades de repetir.
Las otras fuerzas sociales, algunas de las cuales aspiran a constituirse en partidos, tampoco parecen entender que, a menos que se cambie el sistema, se mantendrá el monopolio de los partidos vigentes y que, dentro de ese sistema, todos están contribuyendo, directa o indirectamente, a favorecer la permanencia del partido en el poder.

101 años de Panamá América

 
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