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El juego (II)


"Semana tras semana, el panameño compra billetes de lotería porque cree, no que tiene una oportunidad igual de ganar, sino de que la suya es más grande que la de su compañero. Una colección de leyendas y supersticiones se han formado alrededor de la lotería. La mayor parte de esas leyendas se relaciona con el escogimiento del número que va a salir. Muy pocos compran cualquier número en el que ojos se fijen cuando pasen frente a una vendedora sentada en la acera con su tablero de billetes frente a ella. La mayoría dan con un número que quieren y en el cual creen, y buscan por todas partes sólo ese número. Tal vez el número que buscan sea el que una vieja adivinadora les recomendó hace muchos años y que desde entonces ellos compran todas las semanas a determinado vendedor. Semanas, meses y hasta años pueden pasar sin que el número salga, pero como abundan las historias de un número, que las personas han comprado por mucho tiempo, ha salido apenas dejan de hacerlo, los impulsa a seguir comprándolo semana tras semanas". Los números están asociados a sueños o a acontecimientos. Añadimos nosotros, por lo que hemos comprobado en nuestros círculos inmediatos, normalmente se juega la fecha de nacimiento de las personas que conviven con uno. O la fecha de la muerte de un ser querido. O del bus que se quemó. O del carro que los chocó. O como le sucedió a un pariente que manejaba un camión que se volcó lleno de ladrillos y el final de la placa era 85, y el dueño del camión, irritado caminó por la antigua Avenida Central (hoy Peatonal), buscando desesperado el 85 y resultó que se había agotado, y al llegar hacia la Calle H, una billetera le preguntó por qué buscaba el 85, y le contó y la susodicha le dijo, "si se volteó, compré al revés 58, y así lo hizo dócilmente el irritado dueño del camión vacíando sus bolsillos en el numero ofrecido, y cuenta él que ganó en grande... ". Todo tiene su número, prosigue MB. "Uno puede soñar sobre los cuatro números y precipitarse a comprarlos, o quizás comprarlos al revés. Algunos terminados en 7, se consideran de suerte, otros "duros". Los primeros desaparecen al empezar la semana, ocasionalmente un vendedor "casa" tales números; esto es, exigirá que junto con ellos se compren otros menos populares. Números como 1111 y 2222 son tan poco solicitados, que la lotería los regala a instituciones de caridad".
"Como los españoles de antaño que pedían a Dios que los ayudara a encontrar oro, muchos panameños hacen un trato con Dios o su santo favorito, prometiéndole una "parte" si la pequeña mano en el "ánfora de la fortuna" es guiada hacia los números pertinentes... Los "tratos" con Don Bosco son frecuentes, su hospicio (1940) recibe una parte de las ganancias de la lotería, cuado uno de sus devotos está de suerte.
Alrededor de la lotería se ha formado también un código de ética, particularmente en relación con la compra de ciertos números, semana tras semana. El vendedor se considera obligado, por honor, a guardar cierto numero para el cliente que desea comprarlo todas las semanas, algunos consideran tan sagrada esta obligación que, aún si no aparece, y el billete sale, le entregan la ganancia al comprador regular. Hasta juicios legales se han realizado sobre la propiedad de determinados números. ... Como los compradores están tan anuentes y ávidos para comprar, la lotería de Panamá necesita de muy pocos anuncios. Pero el público no necesita que lo inciten, está convencido de la integridad de la lotería y del dólar en que se basa, seguro de que posee el secreto de atraer y ganar a la diosa fortuna y no están inhibidos por ninguna reserva moral, porque la lotería es considerada perfectamente respetable. Aun si uno se opone a los juegos de azar por principios generales, esto es diferente; es para obras caritativas. Es filantrópica y patriótica y, si algunos no la consideran la inversión más acertada, por lo menos encuentran en ella la diversión y esperanza". Concluye MB: La lotería es un impuesto. Ninguno tan fácilmente colectado como éste por el gobierno panameño. Impuesto regresivo, pues se colecta en proporción mayor a las entradas de los menos capacitados para pagarlo. En general, rebaja el nivel de vida de las masas urbanas, ya que desestimula el ahorro y el presupuesto y alimenta falsos sueños de prosperidad futura. Pero aún sus más fuertes críticos suspiran "Es un mal necesario, una necesidad sicológica".

101 años de Panamá América

 
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