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El libre mercado como mecanismo para proteger a los consumidores


En general, la competencia, cuando realmente se implementa, protege a los consumidores mejor que cualquier mecanismo estatal alterno que controle o regule los mercados.
Como dijo Adam Smith, "no es que la competencia protege al consumidor por la buena voluntad y benevolencia de los empresarios, ni tampoco porque son más altruistas o generosos, ni siquiera porque son más competentes, sino por el propio interés de los empresarios en servir a los consumidores".
Si un agente económico le ofrece productos de menor calidad o productos a precios más altos que otro agente, lo más seguro es que usted no va a continuar comprando allí. Si el agente vende productos que no satisfacen al consumidor, es obvio que nadie le seguirá comprando. El agente, entonces, tiene que buscar aquella alternativa que le permita vender productos que sí cumplen con las expectativas de los consumidores y que pueden interesarles. Es por eso que ya es hora que los agentes económicos entiendan que si no apoyan a los consumidores en su función de consumo, nadie les va a comprar productos y lo más seguro es que sean desplazados del mercado.
Cuando usted entra a un establecimiento comercial, nadie lo obliga a comprar allí ningún producto. Usted es libre de quedarse o salir a comprar a otro lugar. Esta es la gran diferencia entre el libre mercado y un mercado donde imperan los controles y las regulaciones. Usted es libre de escoger.
Los promotores de las regulaciones pudieran estar diciendo que las agencias reguladoras son necesarias para controlar el mercado donde existen productos adulterados y peligrosos. Estas son prácticas definitivamente fraudulentas y que no necesariamente corresponden a conductas que se identifican con el verdadero desarrollo de la lealtad y de la buena fe del consumidor. Estamos conscientes que siempre han existido en el mercado productos defectuosos, y que accidentes y errores pueden ocurrir, y de hecho ocurren, pero las regulaciones estatales no los previenen ni los van a prevenir. La diferencia es que una empresa que comete un error serio en el mercado, lo más seguro es que tenga que salir del mismo, mientras que si una regulación por parte de una agencia reguladora del gobierno no funciona, lo más probable es que le aumenten su presupuesto de operación.
Existen infinidades de casos que pueden comentarse con relación a los efectos adversos que no pueden preverse, pero las instituciones reguladoras tampoco tienen mejores mecanismos de predicción que los agentes económicos.
Entonces, en ausencia de estos mecanismos, ¿qué pueden hacer los consumidores para poder escoger mejor los productos existentes en el mercado? La respuesta racional del mercado es que el consumidor no tiene que averiguar por si solo, sino apoyarse en los mecanismos ya existentes en el mercado que lo pueden guiar. Un ejemplo es la utilización de la información que se genera en la cadena de comercialización y de los intermediarios. La función principal de un establecimiento comercial es la de "certificar" la calidad de los productos que vende al garantizar su funcionamiento y desempeño.
Nadie de nosotros es un experto en todos los productos que compramos, ni siquiera en los más triviales como camisas, pantalones o comida. Si compramos un producto defectuoso, lo más seguro es que lo devolvamos al establecimiento de donde lo compramos. El agente económico, de esa forma, se convierte en un excelente "verificador", ya que está en una mejor posición que nosotros de determinar la calidad del producto. En otras palabras, la información de los proveedores es un mecanismo efectivo para analizar y juzgar la calidad de los productos. Si ellos lo venden es porque debe ser bueno, al menos, ¡esa es la información que nos manda el mercado!
Otro elemento que encontramos en el libre mercado es la distinción que se hace sobre las marcas de los productos. Está en el propio interés de la empresa, fabricar productos confiables y de excelente calidad. Esta es la verdadera fuente de benevolencia que contribuye más al valor de las empresas que las mismas fábricas y plantas que le pertenecen.
Otra fuente de protección y de información para los consumidores es la publicidad. Mi opinión es que la publicidad bien intencionada es necesaria. Uno de los fundamentos de la economía de mercado es el libre flujo de información acerca de los productos ofrecidos. La idea es que entre más informados se encuentren los consumidores, mejor equipados estarán para realizar sus compras y satisfacer sus propias necesidades. En la mayoría de las ocasiones, la publicidad promueve la efectividad del mercado al proveer la información que utilizan los consumidores, al permitir a los agentes económicos informar los atributos de sus productos, y al facilitar que compitan mejor entre ellos mismos.
Con frecuencia se dice que el mecanismo de libre mercado no es efectivo porque en él existen monopolios y cárteles que afectan el bienestar de los consumidores. Eso es cierto pero la forma más efectiva de contraatacar éstas estructuras perversas del mercado no es creando regulaciones ni aumentando la burocracia, sino promoviendo una política de competencia administrada por una agencia de competencia con autonomía, flexibilidad e independencia para sancionar, y que ejecute sus funciones con transparencia, equidad y honestidad. Esto sumado a la eliminación de todas las barreras al comercio, especialmente las no arancelarias, que impiden el acceso al mercado nacional, va a permitir que el mercado sea más eficiente y que la competencia sea más efectiva que la que existe actualmente con la presencia de los cárteles internacionales y locales.
Es importante que todos los panameños entendamos que los peligros más graves que tenemos en la actualidad son las prácticas monopolísticas y los cárteles - privados e institucionales. A nivel nacional, la mejor protección y la más efectiva es la libre competencia, y a nivel internacional, la mejor protección es la liberalización de los mercados. El consumidor está mejor protegido de no ser explotado por un agente económico precisamente cuando existen otros agentes de los cuales puede comprar y que estén interesados en venderle a él. No hay duda alguna que las fuentes alternas de suministro protegen mucho más efectivamente a los consumidores que todas las regulaciones existentes en el mundo. Dejemos que el mercado sea más competitivo y tendremos consumidores más protegidos.

101 años de Panamá América

 
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