El liderazgo de la juventud
Cuando tenemos la oportunidad de trabajar para la juventud, lo hacemos. Son muchas las personas que invierten su tiempo en ayudar a los jóvenes y dinero para que lleven a cabo actividades productivas. Estas personas y esas circunstancias permiten que se desarrollen programas como el Festival de la Juventud que acaba de celebrarse en nuestro país y que tanto ha dado que hablar negativamente.
Sin embargo, hay situaciones que, a veces, dañan las buenas intenciones de esos adultos y cortan las oportunidades a los jóvenes. Supe de una delegación que venía de un país hermano, que tuvo desacuerdo con autoridades panameñas porque querían para ellos un número mayoritario de representantes y se aprovechaban de esta actividad para reactivar ideologías ya extinguidas. Con esto sólo se logra distorsionar las buenas intenciones de los organizadores, la seriedad que debe llevar este encuentro y el éxito rotundo que corone tanto esfuerzo.
Se trata de que los muchachos que asisten a este acto, tienen cierto nivel sobre lo normal, cierto nivel de liderazgo que aprovechan para aprender, para perfeccionarse como líderes y futuros conductores de los diferentes países. Se supone que esos jóvenes son la esperanza en un mundo globalizado, neoliberal y distorsionado a tal extremo que el espanto es la sensación que acompaña nuestras reacciones a lo que sucede mundialmente.
Pero, ser líderes no es sólo hablar bonito, florido y fluido. Ser líder no sólo es tener carisma e instinto para conducir y gobernar correctamente. Parte del liderazgo es mostrar un comportamiento correcto, con respeto a una sociedad que todavía existe, que aún pesa y que tiende a perdonar, pero no a olvidar.
Los líderes no pueden limitarse a una actuación unilateral, personalista y de poco me importa con la opinión de los demás. Los líderes conducen masas y esas masas esperan consideración, respeto y un comportamiento dentro de los cánones sociales. Por esto, cuando leí en un periódico y escuché en la radio la actuación de los jóvenes que asisten a este festival, primero quise creer que el medio de comunicación exageraba y que lo que leía no era correcto. Me parece insólita esa verdad y fuera del juego que nuestras autoridades pusieron de buena voluntad, para hacer placentero y provechoso el encuentro de tantos jóvenes.
Si bien es cierto que los jóvenes son impulsivos, los escogidos para asistir a un festival como éste, deben tener control de sus acciones y saber que las drogas y el alcohol en determinados momentos no son aceptados por esa sociedad a la que pretenden dirigir. Y no es falta de comprensión ya que he estado cerca de los jóvenes toda mi vida y creo conocerlos bastante bien. Pero, de ser ciertas esas actitudes, sería preferible que pensaran dos veces en no repetirlas, aunque sólo sea por respeto al país que los alberga, que ha hecho sacrificios para recibirlos y que la Presidenta de la República, la Ministra de Educación y la de la Mujer, el Niño y la Familia, tres damas serias, han dado su aval con su presencia en los actos de inauguración.
Repito, los jóvenes son la esperanza del mundo, el futuro de los países grandes y pequeños, ya que los viejos nos retiraremos algún día. De ser cierta la noticia, tenemos que analizar de quién es la responsabilidad: de los jóvenes que se desbocan sin control o de los adultos que no sabemos conducirlos ni les hemos enseñado los valores que conocimos como tal y que aún están vigentes. Será de nosotros que no sabemos dar ejemplos compuestos de verdad y mesura, o de ellos que nos sobrepasan por una brecha generacional que cada vez ellos abren más y nosotros no hemos sabido saltar.
Sea lo que sea, lo sucedido debe llevarnos a recapacitar y a tomar cada uno su lugar en la responsabilidad, investigar y sancionar a los culpables como tratar de evitar que estas cosas sucedan.
Sin embargo, hay situaciones que, a veces, dañan las buenas intenciones de esos adultos y cortan las oportunidades a los jóvenes. Supe de una delegación que venía de un país hermano, que tuvo desacuerdo con autoridades panameñas porque querían para ellos un número mayoritario de representantes y se aprovechaban de esta actividad para reactivar ideologías ya extinguidas. Con esto sólo se logra distorsionar las buenas intenciones de los organizadores, la seriedad que debe llevar este encuentro y el éxito rotundo que corone tanto esfuerzo.
Se trata de que los muchachos que asisten a este acto, tienen cierto nivel sobre lo normal, cierto nivel de liderazgo que aprovechan para aprender, para perfeccionarse como líderes y futuros conductores de los diferentes países. Se supone que esos jóvenes son la esperanza en un mundo globalizado, neoliberal y distorsionado a tal extremo que el espanto es la sensación que acompaña nuestras reacciones a lo que sucede mundialmente.
Pero, ser líderes no es sólo hablar bonito, florido y fluido. Ser líder no sólo es tener carisma e instinto para conducir y gobernar correctamente. Parte del liderazgo es mostrar un comportamiento correcto, con respeto a una sociedad que todavía existe, que aún pesa y que tiende a perdonar, pero no a olvidar.
Los líderes no pueden limitarse a una actuación unilateral, personalista y de poco me importa con la opinión de los demás. Los líderes conducen masas y esas masas esperan consideración, respeto y un comportamiento dentro de los cánones sociales. Por esto, cuando leí en un periódico y escuché en la radio la actuación de los jóvenes que asisten a este festival, primero quise creer que el medio de comunicación exageraba y que lo que leía no era correcto. Me parece insólita esa verdad y fuera del juego que nuestras autoridades pusieron de buena voluntad, para hacer placentero y provechoso el encuentro de tantos jóvenes.
Si bien es cierto que los jóvenes son impulsivos, los escogidos para asistir a un festival como éste, deben tener control de sus acciones y saber que las drogas y el alcohol en determinados momentos no son aceptados por esa sociedad a la que pretenden dirigir. Y no es falta de comprensión ya que he estado cerca de los jóvenes toda mi vida y creo conocerlos bastante bien. Pero, de ser ciertas esas actitudes, sería preferible que pensaran dos veces en no repetirlas, aunque sólo sea por respeto al país que los alberga, que ha hecho sacrificios para recibirlos y que la Presidenta de la República, la Ministra de Educación y la de la Mujer, el Niño y la Familia, tres damas serias, han dado su aval con su presencia en los actos de inauguración.
Repito, los jóvenes son la esperanza del mundo, el futuro de los países grandes y pequeños, ya que los viejos nos retiraremos algún día. De ser cierta la noticia, tenemos que analizar de quién es la responsabilidad: de los jóvenes que se desbocan sin control o de los adultos que no sabemos conducirlos ni les hemos enseñado los valores que conocimos como tal y que aún están vigentes. Será de nosotros que no sabemos dar ejemplos compuestos de verdad y mesura, o de ellos que nos sobrepasan por una brecha generacional que cada vez ellos abren más y nosotros no hemos sabido saltar.
Sea lo que sea, lo sucedido debe llevarnos a recapacitar y a tomar cada uno su lugar en la responsabilidad, investigar y sancionar a los culpables como tratar de evitar que estas cosas sucedan.