El llanto del compadre
"Los grandes cerebros ascienden por la senda exclusiva del mérito; o por ninguna. El hombre excelente se reconoce porque es capaz de renunciar a toda prebenda que tenga por precio una partícula de su dignidad". El Hombre Mediocre, José Ingenieros. ¿Gritos? Sí, eran gritos descontrolados. Subí el volumen de la radio. Su voz era inconfundible. ¡Vociferaba, gemía, desafiaba, personalizaba...confesaba! ¡Increíble! Pegando gritos -ahora- confesaba lo que todos sabíamos pero que él, la mandataria y el resto de los arnulfistas, esos que ante el electorado se vendieron como los del cambio, negaron con manotazos y aspavientos hace un año. Su tono estaba cargado de ira y agresividad...reclamaba con energía ¡respeto! ¿Y acaso, se lo ha ganado? ¿Qué méritos ostenta para ello? Contuve la respiración, me parecía que si respiraba perdería la secuencia de tan singular gritería. Guardé silencio...esas confesiones, sin filtro, sin cortapisas, cargadas de emotividad y marcado acento santeño, eran de un valor inestimable. ¿Quién lo diría? ¡En vivo estaba escuchando el llanto del compadre!
Sus alaridos, elevado tono de voz y notable descontrol dominaron la escena matutina nacional sacándolo, para vergüenza de nosotros los ciudadanos decentes que pagamos su exorbitante salario mensual y aguantamos sus deslucidas exhibiciones públicas, de ese insoportable y oscuro repliegue al que no se resigna y contra el que sin éxito alguno, lucha amargamente desde que su comadre, la mandataria del cambio, le obsequiara el cargo de magistrado de la Sala Civil.
El pasado martes 11 de febrero, trece meses después de su ratificación como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, el ex legislador arnulfista, Alberto Cigarruista, desafió el propio sistema judicial que juró respetar y resguardar. El político magistrado, consciente que las sanciones establecidas en el Libro I del Código Judicial no alcanzan a los magistrados de su nivel demostró, como en ocasiones anteriores, que en él prevalece más la pasión política y que su juicio es controlado -principalmente- por sus genes políticos que por la ecuanimidad y el discernimiento propio del jurista formado por el estudio constante y profundo de la norma legal. Por ello, se sintió dichoso y liberado al admitir, con ese histrionismo que lo distingue, que hubo una serie de compromisos entre Moscoso y los legisladores para solicitar que él llegara a la Corte Suprema de Justicia (Programa radial de Mario Velásquez, KW Continente 11/feb/03).
Seria y muy gravísima es esta confesión que ratificó que en la designación del ex legislador arnulfista Alberto Cigarruista, como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, prevaleció en la mandataria su mezquina visión político-partidista, su incapacidad para la comprensión del saludable equilibrio democrático, su inexistente reconocimiento a la excelencia y al profesionalismo jurídico y su malsano juicio sobre el uso del poder. ¡He aquí la prueba innegable y fehaciente de la corrupción que ayer, tanto la mandataria como el propio magistrado rechazaron, negaron y ocultaron hace un año! La confesión del compadre reveló el grado de intervención que ejerció la mandataria con este nombramiento en el Organo Legislativo y la estocada de muerte que le propinó al Organo Judicial al politizarlo.
La mandataria tuvo suerte. La salvó que ese día nuestro país era anfitrión del encuentro de los presidentes centroamericanos, se efectuaba la firma de la Declaración de Panamá y dos días después, cerca de San Valentín, partía en un fugaz viaje hacia los Estados Unidos. Sin embargo, diez días después, ante la insistencia de los periodistas, no le quedó de otra que responder sobre la confesión hecha con gran notoriedad por el compadre. ¡Oh...sorpresa! Las cámaras de televisión nos obsequiaron cómo la impertinente pregunta pendiente en la agenda de los periodistas, ocasionó una molestia que claramente se dibujó en el rostro de la comadre. Observe que ante preguntas que la irritan, la ceja derecha de la mandataria se arquea y elevaba a todo lo que da, al mismo tiempo que, su labio inferior se abre y también se mueve en una incontrolable mueca hacia el lado derecho. Bueno pues, con su ceja arqueada, su labio de lado y una forzada semi-sonrisa, Moscoso le provocó otro desconsolador llanto al compadre cuando desmintió completamente lo confesado por él, calificó sus declaraciones como desafortunadas, enfatizó que jamás hubo algún compromiso con los legisladores para su ratificación y rechazó estar involucrada en este asunto. Añadió la comadre presidenta del político magistrado que tras la designación de los magistrados todo el mundo supo lo que ocurrió en la Asamblea y eso ya pertenecía al pasado (El Panamá América, pág. 2; 21/02/2003).
Y, entonces, ¿a quién le cree usted? ¿Quién de los dos miente? ¿Quién de los dos durante su trayectoria pública ha dado pruebas contundentes de aborrecer la sinceridad? ¿Para quién de los dos la dignidad de su palabra implica un valor moral? ¿Para quién de los dos el valor de la verdad tiene valor de justicia?
Hace un año, los dos se sintieron cómodos frente a la mentira nacional que ofrecían convirtiéndose en prodigiosos instrumentos de la hipocresía. Es bueno no olvidar que el hábito de mentir no tiene frenos y es compatible con el lucro que de ella se obtiene. Son incontables los discursos, las declaraciones y los escritos donde Moscoso dice exactamente todo lo contrario a lo que predica, publica y promete. En el caso del político Cigarruista, antes de ser magistrado, contaba con una decena de años de manejar con experticia el culto público de parecer sincero y no serlo, de parecer virtuoso y no serlo, de parecer transparente y no serlo. Para comprobar la calidad de hipócritas que ambos son, sólo hay que buscar, leer y comprobar los hechos que respaldaron cada una de sus actuaciones durante los últimos años. A la abundancia de las pruebas lo remito. Comprobará usted que en ambos casos, sus actuaciones uno como legislador y la otra como mandataria, están cargadas de un cinismo que sólo utilizan quienes se saben llenos de poder y han perdido todo temor y respeto a la opinión pública.
A nadie debe sorprenderle el silencio de Cigarruista después de la desmentida pública que le obsequió la mandataria; al fin y al cabo, los dos son políticos, del mismo partido político (el compadre hasta que fue nombrado en la corte), tienen la misma estirpe y gozan, ante el pueblo, de la misma gloria. Después de la respuesta de Moscoso, una confirma que entre esta particular clase de políticos existe un estilo de negociación que siempre garantiza la beneficencia de sus acuerdos. La lección está aprendida y es válida para casos similares...siempre hay que escuchar, sin afectación alguna, el llanto del compadre.
(entrenos@sinfo.net)
Señaló que el recordar este accidente perturba al clérigo, lo pone nervioso, al punto que no es posible conversar con él. Su cabello es negro lacio, ojos negros y de mediana estatura.
Sus alaridos, elevado tono de voz y notable descontrol dominaron la escena matutina nacional sacándolo, para vergüenza de nosotros los ciudadanos decentes que pagamos su exorbitante salario mensual y aguantamos sus deslucidas exhibiciones públicas, de ese insoportable y oscuro repliegue al que no se resigna y contra el que sin éxito alguno, lucha amargamente desde que su comadre, la mandataria del cambio, le obsequiara el cargo de magistrado de la Sala Civil.
El pasado martes 11 de febrero, trece meses después de su ratificación como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, el ex legislador arnulfista, Alberto Cigarruista, desafió el propio sistema judicial que juró respetar y resguardar. El político magistrado, consciente que las sanciones establecidas en el Libro I del Código Judicial no alcanzan a los magistrados de su nivel demostró, como en ocasiones anteriores, que en él prevalece más la pasión política y que su juicio es controlado -principalmente- por sus genes políticos que por la ecuanimidad y el discernimiento propio del jurista formado por el estudio constante y profundo de la norma legal. Por ello, se sintió dichoso y liberado al admitir, con ese histrionismo que lo distingue, que hubo una serie de compromisos entre Moscoso y los legisladores para solicitar que él llegara a la Corte Suprema de Justicia (Programa radial de Mario Velásquez, KW Continente 11/feb/03).
Seria y muy gravísima es esta confesión que ratificó que en la designación del ex legislador arnulfista Alberto Cigarruista, como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, prevaleció en la mandataria su mezquina visión político-partidista, su incapacidad para la comprensión del saludable equilibrio democrático, su inexistente reconocimiento a la excelencia y al profesionalismo jurídico y su malsano juicio sobre el uso del poder. ¡He aquí la prueba innegable y fehaciente de la corrupción que ayer, tanto la mandataria como el propio magistrado rechazaron, negaron y ocultaron hace un año! La confesión del compadre reveló el grado de intervención que ejerció la mandataria con este nombramiento en el Organo Legislativo y la estocada de muerte que le propinó al Organo Judicial al politizarlo.
La mandataria tuvo suerte. La salvó que ese día nuestro país era anfitrión del encuentro de los presidentes centroamericanos, se efectuaba la firma de la Declaración de Panamá y dos días después, cerca de San Valentín, partía en un fugaz viaje hacia los Estados Unidos. Sin embargo, diez días después, ante la insistencia de los periodistas, no le quedó de otra que responder sobre la confesión hecha con gran notoriedad por el compadre. ¡Oh...sorpresa! Las cámaras de televisión nos obsequiaron cómo la impertinente pregunta pendiente en la agenda de los periodistas, ocasionó una molestia que claramente se dibujó en el rostro de la comadre. Observe que ante preguntas que la irritan, la ceja derecha de la mandataria se arquea y elevaba a todo lo que da, al mismo tiempo que, su labio inferior se abre y también se mueve en una incontrolable mueca hacia el lado derecho. Bueno pues, con su ceja arqueada, su labio de lado y una forzada semi-sonrisa, Moscoso le provocó otro desconsolador llanto al compadre cuando desmintió completamente lo confesado por él, calificó sus declaraciones como desafortunadas, enfatizó que jamás hubo algún compromiso con los legisladores para su ratificación y rechazó estar involucrada en este asunto. Añadió la comadre presidenta del político magistrado que tras la designación de los magistrados todo el mundo supo lo que ocurrió en la Asamblea y eso ya pertenecía al pasado (El Panamá América, pág. 2; 21/02/2003).
Y, entonces, ¿a quién le cree usted? ¿Quién de los dos miente? ¿Quién de los dos durante su trayectoria pública ha dado pruebas contundentes de aborrecer la sinceridad? ¿Para quién de los dos la dignidad de su palabra implica un valor moral? ¿Para quién de los dos el valor de la verdad tiene valor de justicia?
Hace un año, los dos se sintieron cómodos frente a la mentira nacional que ofrecían convirtiéndose en prodigiosos instrumentos de la hipocresía. Es bueno no olvidar que el hábito de mentir no tiene frenos y es compatible con el lucro que de ella se obtiene. Son incontables los discursos, las declaraciones y los escritos donde Moscoso dice exactamente todo lo contrario a lo que predica, publica y promete. En el caso del político Cigarruista, antes de ser magistrado, contaba con una decena de años de manejar con experticia el culto público de parecer sincero y no serlo, de parecer virtuoso y no serlo, de parecer transparente y no serlo. Para comprobar la calidad de hipócritas que ambos son, sólo hay que buscar, leer y comprobar los hechos que respaldaron cada una de sus actuaciones durante los últimos años. A la abundancia de las pruebas lo remito. Comprobará usted que en ambos casos, sus actuaciones uno como legislador y la otra como mandataria, están cargadas de un cinismo que sólo utilizan quienes se saben llenos de poder y han perdido todo temor y respeto a la opinión pública.
A nadie debe sorprenderle el silencio de Cigarruista después de la desmentida pública que le obsequió la mandataria; al fin y al cabo, los dos son políticos, del mismo partido político (el compadre hasta que fue nombrado en la corte), tienen la misma estirpe y gozan, ante el pueblo, de la misma gloria. Después de la respuesta de Moscoso, una confirma que entre esta particular clase de políticos existe un estilo de negociación que siempre garantiza la beneficencia de sus acuerdos. La lección está aprendida y es válida para casos similares...siempre hay que escuchar, sin afectación alguna, el llanto del compadre.
(entrenos@sinfo.net)
Señaló que el recordar este accidente perturba al clérigo, lo pone nervioso, al punto que no es posible conversar con él. Su cabello es negro lacio, ojos negros y de mediana estatura.