El llanto del tecal
Entre el director regional de Educación de Coclé, José de la Calzada Remos, la directora del colegio penonomeño Angel María Herrera y las autoridades regionales de INRENARE, se consumó el crimen. El derribo de varias decenas de robustos árboles de teca que se alzaban orgullosos a la orilla del campo de juegos de ese centro de estudios.
Vecinos del lugar dicen que el precioso tecal, que a nadie molestaba, lleva no menos de 20 años de plantado. Quien fuera que tuvo la iniciativa de sembrarlos lo hizo bien. Aprovechó la inmensidad de los terrenos del colegio, en la árida llanura donde no crecen más que secos pastizales, para adornar la agreste geografía con los imponentes y nobles árboles de teca.
A alguien debieron llamar la atención, no tanto por su belleza un tanto desgarbada como por el valor de su preciosa madera, para que decidieran acabar con sus días, a golpe de la sierra implacable.
En su lugar no queda más que el espacio vacío, teniendo por lápidas la brevedad de lo que antes eran imponentes siluetas de marrón blanquecino, ramas y hojas anchas.
Se explica que se requirieron todos los permisos habidos y por haber para la tala, empezando por el INRENARE. Se añade que los troncos fueron licitados y vendidos al mejor postor. ¿Cuánto dinero reunieron con la venta y qué hicieron con él? ¿Compensa acaso, cualquiera sea la suma la pérdida irreparable?
Dicen los responsables que las hojas molestaban a los vecinos. Pero resulta que no hay tales, salvo cuatro casas al otro lado de la calle, cuyos propietarios seguramente no fueron nunca consultados, ni nunca se quejaron.
Explican asímismo que los árboles habían llegado a su madurez por lo que INRENARE recomendó la tala. Asímismo que más maduras serán las infinitas existencias forestables de la vertiente del Atlántico y las que quedan en Darién como para justificar que se talen igual.
Añaden que el tecal será reemplazado por árboles frutales, en una especie de eliminar lo que se tiene por ir a buscar lo que no se tiene. Lo más probable es que pase el tiempo y los frutales no se siembren y mucho menos crezcan con el esplendor del tecal talado.
Y lo peor es el mensaje que la tala lleva a los estudiantes del colegio donde se levantaba el tecal. Es un contrasentido enseñar conservación y reforestación del medio ambiente, cuando la dirección del plantel y las máximas autoridades provinciales de Educación y el propio INRENARE hacen lo contrario.
Vecinos del lugar dicen que el precioso tecal, que a nadie molestaba, lleva no menos de 20 años de plantado. Quien fuera que tuvo la iniciativa de sembrarlos lo hizo bien. Aprovechó la inmensidad de los terrenos del colegio, en la árida llanura donde no crecen más que secos pastizales, para adornar la agreste geografía con los imponentes y nobles árboles de teca.
A alguien debieron llamar la atención, no tanto por su belleza un tanto desgarbada como por el valor de su preciosa madera, para que decidieran acabar con sus días, a golpe de la sierra implacable.
En su lugar no queda más que el espacio vacío, teniendo por lápidas la brevedad de lo que antes eran imponentes siluetas de marrón blanquecino, ramas y hojas anchas.
Se explica que se requirieron todos los permisos habidos y por haber para la tala, empezando por el INRENARE. Se añade que los troncos fueron licitados y vendidos al mejor postor. ¿Cuánto dinero reunieron con la venta y qué hicieron con él? ¿Compensa acaso, cualquiera sea la suma la pérdida irreparable?
Dicen los responsables que las hojas molestaban a los vecinos. Pero resulta que no hay tales, salvo cuatro casas al otro lado de la calle, cuyos propietarios seguramente no fueron nunca consultados, ni nunca se quejaron.
Explican asímismo que los árboles habían llegado a su madurez por lo que INRENARE recomendó la tala. Asímismo que más maduras serán las infinitas existencias forestables de la vertiente del Atlántico y las que quedan en Darién como para justificar que se talen igual.
Añaden que el tecal será reemplazado por árboles frutales, en una especie de eliminar lo que se tiene por ir a buscar lo que no se tiene. Lo más probable es que pase el tiempo y los frutales no se siembren y mucho menos crezcan con el esplendor del tecal talado.
Y lo peor es el mensaje que la tala lleva a los estudiantes del colegio donde se levantaba el tecal. Es un contrasentido enseñar conservación y reforestación del medio ambiente, cuando la dirección del plantel y las máximas autoridades provinciales de Educación y el propio INRENARE hacen lo contrario.