El mal ejemplo que nos dan...
En la actualidad, los malos ejemplos abundan y, lamentablemente, la juventud es la más afectada con los mismos no solamente los da la televisión y las empresas que fomentan los malos vicios, sino que la clase política se ha sumado enseñándonos que en la corrupción y la mentira hay un estilo de vida de impunidad y opulencias. Un estilo de vida que enseña a utilizar la palabra amistad para disfrazar las trampas y el juega vivo dentro de las entidades públicas y de cómo la honestidad y la integridad se pueden comprar con un fajo de billetes.
Muchas de las nuevas generaciones que aspiran a dirigir el país vienen ya con la idea de que “el crimen sí paga”, que entre más deshonestos sean y menos les interese el bien común, mejor les irá en la vida, aunque el país se siga hundiendo.
Es casi imposible cambiar los aspectos que vienen con cada generación y mucho menos los aspectos negativos mientras no se cambie el modelo que siguen.
Debemos empezar a crear nuevos hábitos de conducta en un marco de referencia en el que iniciemos la transformación de toda la sociedad panameña con valores y principios éticos y morales, y sobre todo, con un enorme sentido de convicción y vocación; dejar de ser apolíticos e involucrarnos más para conocer quiénes y con qué propósitos desean gobernar el país el día de mañana.
Todos tenemos una conciencia social; el problema está en que, teniéndola, nos mostramos indiferentes ante lo que sucede a nuestro alrededor; no validamos el que una conciencia social debe llevarnos a un compromiso con la realidad socioeconómica y política del contexto en donde vivimos. Somos parte de una sociedad, una comunidad que tiene problemas comunes. No podemos dejar que otros, quizá una minoría, sigan dando el mal ejemplo.
Muchas de las nuevas generaciones que aspiran a dirigir el país vienen ya con la idea de que “el crimen sí paga”, que entre más deshonestos sean y menos les interese el bien común, mejor les irá en la vida, aunque el país se siga hundiendo.
Es casi imposible cambiar los aspectos que vienen con cada generación y mucho menos los aspectos negativos mientras no se cambie el modelo que siguen.
Debemos empezar a crear nuevos hábitos de conducta en un marco de referencia en el que iniciemos la transformación de toda la sociedad panameña con valores y principios éticos y morales, y sobre todo, con un enorme sentido de convicción y vocación; dejar de ser apolíticos e involucrarnos más para conocer quiénes y con qué propósitos desean gobernar el país el día de mañana.
Todos tenemos una conciencia social; el problema está en que, teniéndola, nos mostramos indiferentes ante lo que sucede a nuestro alrededor; no validamos el que una conciencia social debe llevarnos a un compromiso con la realidad socioeconómica y política del contexto en donde vivimos. Somos parte de una sociedad, una comunidad que tiene problemas comunes. No podemos dejar que otros, quizá una minoría, sigan dando el mal ejemplo.