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El mal hábito de la historia


La historia tiene el mal hábito de repetirse. Esta realidad la reconoció Arnulfo Arias Madrid con su conocida máxima: “La historia se repite en espirales” Admito que no llego a entender aquello de los “espirales”, pero así era el Doctor, lanzaba mensajes crípticos que sus seguidores aceptan como mantras. Lo cierto es que estaba correcto en el concepto: la historia se repite. Se dice que esto sucede porque el hombre (Homo sapiens) desde nuestra vida en cavernas ha cambiado su parte externa (su ropaje, sus costumbres, su comportamiento en sociedad), o sea cómo nos proyectamos hacia fuera; pero internamente seguimos manteniendo los mismos sentimientos e instintos básicos de nuestros antecesores cavernícolas (celos, odio, envidia, dominancia de género, egoísmo, agresividad, instinto de conservación, deseo sexual, ansiedad, etc). Las costumbres y la vida en sociedad han temperado y modificado nuestro comportamiento externo, pero internamente, esos sentimientos e instintos primales siguen allí inmutables. Son genéticos; poco han evolucionado. Nuestro hombre interno, que no ha cambiado, influye en nuestro comportamiento externo; respondemos ante situaciones guiados consciente o inconscientemente por nuestros instintos básicos.
La guerra, por ejemplo, es constante en la historia; tanto así que muchos creen que es el estado natural del hombre. Los períodos de paz son fenómenos particularmente raros en la historia de la humanidad. ¿No es la guerra una manifestación de los instintos básicos de agresividad, dominio y conservación de la especie? ( A propósito, la guerra creó los impuestos y de ahí la clase política).
222Nuestra clase política tradicional, por su mal comportamiento, es responsable por ese abismo de credibilidad que sufre. Igual pagará, si no cambia...
En mi parecer, no existe región geográfica donde el mal hábito de la historia se repita con mayor frecuencia que nuestra querida Latinoamérica. Una y otra vez recurrimos a fórmulas y comportamientos del pasado, particularmente en tiempos de crisis, como lo estamos haciendo en este preciso momento. El retorno al populismo tanto de derecha como izquierda es clara manifestación de repetición del ciclo histórico latinoamericano. En tiempos de crisis, como los actuales, Latinoamérica ha retornado una y otra vez hacia el pasado histórico, aún frescas sus consecuencias negativas. ¿No se habla del retorno de Carlitos Menem en Argentina? ¿Qué me dicen del resurgimiento de Alan García en Perú? Por mi parte, pronostico el retorno del “Chinito” Fujimori en menos de cinco años. ¿No son estas reacciones del hombre interno cavernario que todos albergamos? ¿No explica el adagio que “el hombre es el único animal que tropieza una y otra vez con la misma piedra”? ¿Qué nos garantiza que como séquela histórica no regresemos al militarismo, con distinto nombre?
Como mencioné al inicio de este escrito, Arnulfo Arias Madrid entendió el mal hábito de la historia. Así quiso enseñarles a sus huestes con su conocida máxima; mas como todo lo que se aprende por rota no crea convicción, sus seguidores repiten la mantra, pero su comportamiento indica que no entienden el mensaje. Su comportamiento en gobierno contribuye a que los panameños imitemos a nuestros vecinos del Sur y retornemos a soluciones políticas del pasado.
En nuestro caso, con la aparente ausencia de militares y un ejército (aparente, pues existe el SPI, que es un ejército que pasa “agachao”, disfrazado como cuerpo de seguridad institucional; pequeño en número, pero ejército en fin) la opción histórica es la aparición de un nuevo “líder carismático”. Una manifestación lógica de nuestra reacción ancestral es en crisis, buscar héroes y soluciones mágicas. De la búsqueda de soluciones mágicas, héroes o caudillos, está llena la historia de “este pueblo de América” (como diría Arciniegas); particularmente en tiempos de crisis.
La situación actual en nuestro país ha creado un abismo de credibilidad a la clase política tradicional. En eso no somos diferentes a nuestros hermanos sureños. Esta realidad nos expone igualmente a las mismas consecuencias. En el Sur esta ausencia de credibilidad ha dado con el surgimiento de falsos profetas como Chávez, Fujimori y su sucesor Toledo. Con un Lula Da Silva, quien ha cambiado su ropaje externo por trajes Armani, pero dudo que haya cambiado su convicción marxista interna. Esa realidad ha dado con la competencia del poder en Ecuador entre un coronel golpista ignorante de todo principio de administración pública, cuyo único mérito es ser amigos de los indios; con otro demagogo, esta vez de derecha, cuya única credencial es ser el hombre más rico del Ecuador. Sin duda, estamos expuestos a que los panameños optemos por similares rutas de solución.
Nuestra clase política tradicional, por su mal comportamiento, es responsable por ese abismo de credibilidad que sufre. Igual pagará, si no cambia, como han pagado otras clases políticas tradicionales, con las consecuencias que al olvidar el mal habito de la historia están penados a volver a vivirla. Lo crítico es que queda poco tiempo para cambiar la situación. La prolongación de la crisis económica, la continua erosión moral del país y el récord de comportamiento de la actual administración pública hacen muy difícil reversar la tendencia. Me temo que las posibilidades de detener el mal hábito de la historia y recurrir a fórmulas mágicas del pasado, a todo nivel de puesto de elección, son altas para la contienda electoral que se aproxima.
Recomienda a las parejas, documentarse, investigar en internet, pedir una opinión de su ginecólogo con respecto al especialista de infertilidad, luego ir a la consulta, disipar todas las dudas, y si no le gusta, buscar una segunda opinión.
Hoy en día bajo ningún concepto, en ninguna especialidad, tienen que hacer lo que el médico le diga sin estar informado. “El paciente tiene derecho a solicitar su diagnóstico, su pronóstico, sus laboratorios, a tener su expediente y al final decir: yo necesito el nombre de dos o tres personas para hablar con ellos, y el médico tiene que tener esa información”, afirmó Poveda.
Si le ofrece una tasa de embarazo de un 30 ó 40 por ciento debe saber cuántos ha hecho en el último año, y si le está garantizan un 30 por ciento y se lo ha hecho a 10 debe tener por lo menos tres parejas embarazadas, y eso es importante, reiteró.
Por último, en internet existen muchas corporaciones de pacientes que entre ellos mismos se enseñan y es bueno hablar con pacientes del mismo médico y de otros y compartir información y buscar ayuda psicológica.
“El problema de infertilidad es un problema devastador con las parejas y a veces nos olvidamos de esa parte. A veces se vuelve una obsesión. Hay personas que quizás no tendrían esa obsesión de tener hijos si no se les dice que no pueden y se vuelve una verdadera obsesión”, dijo el especialista.
“Los familiares presionan, los padres; es inclemente la presión social que hay sobre una pareja y al final la presión se vuelca muchas veces toda sobre la mujer, a pesar de que a lo mejor es el hombre y ella llega a sentirse que no es mujer si no tienen hijos, y esto obliga a las parejas a embarcarse en cualquier cosa, cualquier persona que le dé una luz de tratamiento”.
Poveda se refirió a la experiencia de los médicos fertilistas, la cual definió como dolorosa porque de cada 10 pacientes que tratan 3 se embarazan y 7 llegan al consultorio llorando.
En estos casos, afirma, el sangrado menstrual es algo horroroso. “A veces si hay semanas en que nadie se embaraza, la depresión lo contagia a uno; es muy difícil, muy difícil, porque no es como la otras partes de las medicina que hay una enfermedad y se le da tratamiento, en la infertilidad no ocurre así”, revela.
Si bien es una de las que más recompensa económicas da, el trabajo y la dedicación es la que más exige, dijo.

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