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El mandato constitucional y el juramento incumplido


La ceremonia de toma de posesión del nuevo Presidente de la República me recordó el texto constitucional que explica una de las razones principales del desastre electoral sufrido por el Partido Revolucionario Democrático. De otras razones me ocuparé periódicamente, según el tiempo de que disponga yo y según el espacio que me brinde El Panamá América. Todas tienen un mismo culpable.

Movido también por el desprecio que, desde niño, me inspiran la mentira y la hipocresía, quisiera contribuir a que el medio millón que votó por Balbina Herrera comprenda que el problema no era la famosa unidad, sino el olvido alevoso del primer deber de un presidente, y el divorcio total de lo que en un tiempo, como torrijismo, llegó a conmover a las masas populares al punto de constituir una voluntad nacional que incluso la invencible potencia de Estados Unidos reconoció.

En su artículo 176, la Constitución establece que, para asumir la Presidencia de la República, en el momento de tomar posesión hay que jurar con las palabras siguientes: “Juro a Dios y a la Patria cumplir fielmente la Constitución y las Leyes de la República”. Por cierto, como herencia liberal de cuando estaban de moda el ateísmo y el agnosticismo en nuestros trópicos, la Constitución añade que el que no crea en Dios puede hacer el juramento eliminando la palabra que lo designa.

Personalmente tengo pruebas prima facie de que el gobierno del hijo de Omar Torrijos violó los artículos de la Constitución que consagran la propiedad privada y violó las leyes que la protegen, así como también decidió ignorar la validez de las constancias existentes en el Registro Público sobre la propiedad, sus linderos y sus dueños y, además, hasta el último momento, consagró los abusos de subalternos suyos en igual desprecio de lo establecido en la Constitución y en las leyes.

Por cierto, amparado yo por la vigencia que tendrá lo escrito después de mi muerte y después de la muerte del aludido, doy testimonio de esas violaciones y las describiré someramente para que los lectores de ahora y de generaciones venideras conozcan la verdad sobre ciertos hombres y lo que representaron. Después escribiré más sobre la causa primaria del rechazo electoral que cerró una era de descomposición del concepto de estado de derecho y de la conversión del torrijismo en una torrejada.

Cuando un gobierno convierte la justicia social en acciones con mucho movimiento de dineros públicos sin control ni supervisión, el temporalmente ungido con el poder pierde para siempre la confianza de todo pueblo capaz de razonar.

101 años de Panamá América

 
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