"El mayor de los ridículos es el temor a hacerlo"
Hay personas que califican de ridículas las acciones de terceros, soslayando las propias ridiculeces de las que han sido capaces. Panamá ha hecho el ridículo a nivel internacional, muchas veces en los últimos 33 años. Ejemplos en grado superlativo, lo evidencia, entre otros, el haber firmado un tratado que liberó para siempre a los norteamericanos de cualquier compromiso o costo de operatividad o mantenimiento del tren, del canal o de la ampliación o construcción de un juego de esclusas, y en irónica y adicional "compensación", que nos hizo recordar el adagio de "tras de cotuo le salen paperas", entre otras deferencias, se les legalizó las bases que tenían en ese momento, (sin costo alguno, faltaba más), y se les obsequio la "Neutralidad a Perpetuidad" en términos tales que estoy seguro habrán brindado; una sensación de alivio a un francés, quien utilizando un diplomático guante de seda en una mano y una "Varilla" en la otra, logró "convencer" a los yankees y dejar sin alternativa a los panameños de inicios de la República. Para rematar, el tratado en mención ni siquiera obliga a los norteamericanos, determinantemente, a limpiar los polígonos de tiro.
Este tratado fue aprobado en un referéndum, de dudoso manejo y sospechosos resultados, y enmarcado en una época de terror que hoy día lo hacen comprensible los exilios de entonces (irónicamente prohibidos, según la propia constitución dictatorial, increíblemente aún vigente), y las tumbas sin nombre y sin cruz que siguen encontrándose. Paradójicamente como lo han demostrado diversas encuestas, la gran mayoría de los panameños deseaban la continuidad de una relación amistosa y de socios con USA. Adicionalmente, el gobierno dictatorial colaboró a que el Sr. Jimmy Carter, pese a su campaña de "gran defensor de los derechos humanos", hiciera y haga algunos de los mayores ridículos internacionales, como cuando vino a nuestro país a firmar un tratado con un dictador. Cuando ha insistido en mantener en el listado de "los presidentes elegidos democráticamente" a uno de los fraudes más descarados que ha brindado nuestro país a la comunidad internacional como ejemplo de "originales torneos electorales al estilo dictadura panameña". Lo derivantemente doloroso de este bochornoso fraude es recordar que le costó heridas de bala a 42 panameños y la vida a cuatro más, quienes estaban en la parte exterior de la Asamblea Legislativa, a la espera del conteo de actas del proceso electoral que habían prometido que sería honesto y limpio "dos presidentes de la República de a dedo", y un presidente del Tribunal Electoral, quienes tenían en común, según ellos y pese a todo, un historial de "Frente y Patriótico". Hoy día nadie se acuerda de estos panameños asesinados por defender el proceso electoral del "84, y el gobierno que se inició en diciembre del "89, increíblemente, no hizo nada porque se hiciera justicia en éste ni en otros casos, prueba de ello es que los juicios por crímenes durante la dictadura se realizaron a partir de 1995, con un gobierno aún menos interesado en el esclarecimiento y castigo. Para cerrar con broche de oro, el Sr. Carter estableció, a nivel internacional, un nuevo y sorprendente efecto probatorio o eximitorio, de culpabilidad o inocencia, de un cuestionado o acusado: el grado de amistad que tenga con él, el increíble Sr. Carter. Por algo su pueblo lo repudió masivamente cuando aspiró a la reelección.
Panamá brindó, hace unos pocos años, otro ridículo que dejó perpleja a la comunidad internacional, cuando después de enterada la misma que USA y nuestro país se preparaban para firmar nuevas nupcias, eufemísticamente se podría decir, a través de un nuevo contrato, al cual sólo le faltaban agregarle una letra "A", para que se leyera "CAMA"; se anuló, ya que no se consumó, porque a última hora, estando ya cura, novio e invitamos presentes, la novia se arrepintió. Pese a todos estos antecedentes denigrantes, pocas veces nuestro país ha hecho un ridículo internacional de tamaña magnitud, como cuando el embajador inglés en Naciones Unidas, planteó en plena Asamblea General, que se negaba a hacer uso de su derecho a réplica, para evitar contestar las poco caballerosas expresiones del embajador panameño, quien prosaicamente, por decir lo menos, hizo referencia directa "a las hormonas de la Thatcher".
Este tratado fue aprobado en un referéndum, de dudoso manejo y sospechosos resultados, y enmarcado en una época de terror que hoy día lo hacen comprensible los exilios de entonces (irónicamente prohibidos, según la propia constitución dictatorial, increíblemente aún vigente), y las tumbas sin nombre y sin cruz que siguen encontrándose. Paradójicamente como lo han demostrado diversas encuestas, la gran mayoría de los panameños deseaban la continuidad de una relación amistosa y de socios con USA. Adicionalmente, el gobierno dictatorial colaboró a que el Sr. Jimmy Carter, pese a su campaña de "gran defensor de los derechos humanos", hiciera y haga algunos de los mayores ridículos internacionales, como cuando vino a nuestro país a firmar un tratado con un dictador. Cuando ha insistido en mantener en el listado de "los presidentes elegidos democráticamente" a uno de los fraudes más descarados que ha brindado nuestro país a la comunidad internacional como ejemplo de "originales torneos electorales al estilo dictadura panameña". Lo derivantemente doloroso de este bochornoso fraude es recordar que le costó heridas de bala a 42 panameños y la vida a cuatro más, quienes estaban en la parte exterior de la Asamblea Legislativa, a la espera del conteo de actas del proceso electoral que habían prometido que sería honesto y limpio "dos presidentes de la República de a dedo", y un presidente del Tribunal Electoral, quienes tenían en común, según ellos y pese a todo, un historial de "Frente y Patriótico". Hoy día nadie se acuerda de estos panameños asesinados por defender el proceso electoral del "84, y el gobierno que se inició en diciembre del "89, increíblemente, no hizo nada porque se hiciera justicia en éste ni en otros casos, prueba de ello es que los juicios por crímenes durante la dictadura se realizaron a partir de 1995, con un gobierno aún menos interesado en el esclarecimiento y castigo. Para cerrar con broche de oro, el Sr. Carter estableció, a nivel internacional, un nuevo y sorprendente efecto probatorio o eximitorio, de culpabilidad o inocencia, de un cuestionado o acusado: el grado de amistad que tenga con él, el increíble Sr. Carter. Por algo su pueblo lo repudió masivamente cuando aspiró a la reelección.
Panamá brindó, hace unos pocos años, otro ridículo que dejó perpleja a la comunidad internacional, cuando después de enterada la misma que USA y nuestro país se preparaban para firmar nuevas nupcias, eufemísticamente se podría decir, a través de un nuevo contrato, al cual sólo le faltaban agregarle una letra "A", para que se leyera "CAMA"; se anuló, ya que no se consumó, porque a última hora, estando ya cura, novio e invitamos presentes, la novia se arrepintió. Pese a todos estos antecedentes denigrantes, pocas veces nuestro país ha hecho un ridículo internacional de tamaña magnitud, como cuando el embajador inglés en Naciones Unidas, planteó en plena Asamblea General, que se negaba a hacer uso de su derecho a réplica, para evitar contestar las poco caballerosas expresiones del embajador panameño, quien prosaicamente, por decir lo menos, hizo referencia directa "a las hormonas de la Thatcher".