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El mejor momento para comenzar


Un año nuevo comienza y es un buen momento para meditar e imponernos nuevas metas que cumplir. Para quienes ya estamos desafiando el promedio de vida de los panameños, esto resulta ser una oportunidad más para agradecer a Dios por permitirnos llegar tan lejos, y también de reflexión porque tenemos todavía mucho por aportar con nuestra experiencia para mejorar este bello país.
Desde pequeño entendí que el día de mi encuentro final con el destino seré juzgado de acuerdo a como administré los bienes que Dios me asignó en esta vida y si dejé las cosas mejor de cómo las encontré. Por lo tanto, entre mayor sean los bienes, la salud y la educación que recibimos, con mayor severidad seremos juzgados aquí y en el más allá. Bajo esa premisa y en consecuencia a las canas que invaden mi coco, me permito filosofar en este inicio de año y hacerle a los jóvenes de nuestra patria recomendaciones que espero les ayuden para mejorar sus aptitudes y preparar sus metas del 2007.
Deben siempre estar conscientes que el tiempo pasa más rápido de lo que creemos. Todavía me siento joven y, sin embargo, recuerdo que hace 20 años equivocadamente miraba las personas mayores de 60, mi actual edad, como unos viejos. La diferencia es que ahora observo las cosas de otra manera, doy más valor a las cosas espirituales que a las materiales. La hermosura de la vida la encuentro en las cosas sencillas que siempre han estado allí, pero que no había tenido el tiempo de apreciarlas: la luna, las estrellas, las flores, el mar, las montañas, los animales, en fin toda la naturaleza. Encuentro ahora más satisfacción dando a mis familiares, amigos y prójimo algo de lo que más aprecio y que cada día me sobra menos, o sea mi tiempo de calidad.
No perdamos energías en frivolidades, en odios y temores, eso equivale a invertir tiempo muy valioso que más nunca recuperamos y que deja heridas profundas en nuestros corazones, que tardan años en cerrarse. Cuando maduramos realizamos el alto costo de asumir actitudes negativas, recuerden que no existe enemigo pequeño y el mundo está lleno de arrogancia, egoísmo y envidia; no necesitamos despertar ese monstruo y ponerlo en nuestra contra. Usemos ese tiempo con nuestros seres queridos.
La mayoría de las veces, las barreras nos las imponemos nosotros mismos, están en nuestras mentes; nos lamentamos y culpamos a los demás de nuestros fracasos y pobreza; perdemos las batallas antes de comenzarlas cuando nos sentimos mentalmente derrotados. Pensamos en mil cosas negativas y buscamos excusas para no realizar lo que deseamos; sin embargo, allá afuera hay cien personas con menos atributos, facilidades y educación realizando esos mismos sueños con éxito. Nunca dejes que tus derrotas se conviertan en tragedias que afecten a quienes te rodean; éstas no son más que circunstancias pasajeras, en las que aprendemos a ser más fuertes y mejores. La experiencia no es más que un cúmulo de las cicatrices que vamos adquirido en el diario bregar y que si sabemos utilizarlas a nuestro favor no habrá quién nos vuelva a derrotar en ese campo.
Debemos ponernos metas ambiciosas y trabajar en ellas. Si antes de que termine tu día de trabajo has hecho todo lo que te propusiste, entonces no planeaste lo suficiente. Cuando necesites quien te ayude a resolver algún problema, busca a la persona que veas más ocupada; esa será la que te resuelva, los demás no hacen nada por ellos mismos y menos lo harán por ti.
Cuántas veces por no tomarnos la molestia de preguntar o pedir un favor nos privamos de muchas cosas, incluso de conseguir lo que más anhelamos. Comencemos nuestra labor mañana poniendo el mayor esfuerzo en las cosas difíciles y al final del día en las cosas más fáciles, así no nos encontrarán en casa cansados.
Hoy nos conocen por lo que hicimos ayer y mañana por lo que haremos hoy; por lo tanto, ahora es el mejor momento para comenzar.

101 años de Panamá América

 
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