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El mensaje de una caricatura


Una cosa es una caricatura que exagera y deforma rasgos de una personalidad, y otra cosa es presentar una caricatura horripilante que, conscientemente o no, calumnia la honra de una persona insinuando su participación en una macabra tragedia panameña. Me refiero a la caricatura que publicó La Prensa sobre el Dr. Ricardo Arias Calderón, una persona a quien he visto sacrificar muchos intereses personales a través de toda su vida por servir mejor a nuestra patria.
Conozco a Ricardo desde hace casi 40 años y sé que en Panamá hay pocas personas como él que hayan luchado tanto y con tanta convicción, por la democracia y los derechos humanos. Mi amistad con Ricardo se inicia a través del entonces recién consagrado Obispo Auxiliar, Monseñor Marcos McGrath. Regresaba yo de Bogotá (donde trabajaba con el Consejo Episcopal Latinoamericano) a solicitud de Monseñor McGrath para organizar un Departamento de Investigación y Acción Social de la Iglesia, función que desempeñé hasta que, en 1964, Monseñor fuera consagrado el primer obispo de Veraguas. Ricardo, hacía poco, había ingresado como profesor de la Universidad de Panamá y, en su tiempo libre, colaboraba en todo lo que podía con la Iglesia.
En 1968, el 11 de octubre, el golpe de estado militar dio al traste con la democracia. A pesar de que el Dr. Arnulfo Arias, Presidente de la República, no fuera nuestro candidato presidencial, al darse el golpe militar, recibió el apoyo incondicional de los democristianos. En esto sobresalía siempre Ricardo. Desde el principio, sin importar banderías políticas, nos reuníamos clandestinamente para ver qué podíamos hacer. La represión se hizo sentir, se eliminaron los partidos políticos y se abolieron los medios de comunicación independientes, lo que obligó a organizarse en secreto para recoger y difundir noticias en "periódicos" que circulaban de mano en mano. Lo importante era defender los derechos humanos. Así también trabajamos en la Universidad de Panamá con otros profesores. ¡Y siempre pacíficamente!.
Ese diciembre, los militares se tomaron y cerraron la Universidad. Quedamos sin trabajo y a medida que se acrecentaba la represión se hacía cada vez más peligrosa toda oposición al régimen. Ricardo tuvo que salir del país, regresando cada vez que podía para seguir luchando por la democracia. En Miami sobresalió como catedrático de la Florida International University. Dejando toda esta seguridad, Ricardo regresó a Panamá definitivamente para dedicarse a luchar por la democracia en 1978, acompañando en su retorno al Dr. Arnulfo Arias. En Panamá fue uno de los más arriesgados promotores del civilismo bajo el régimen de Noriega, sufriendo él y su familia toda clase de amenazas y atropellos.
Ricardo no es perfecto, como nadie lo es, y ha cometido errores como todos lo hemos hecho, pero algo de lo que no se le puede acusar es de haber vendido sus principios y su compromiso con los derechos humanos. Sé que a muchos civilistas le molesta el acuerdo META (entre los legisladores del PRD y la Democracia Cristiana y que algunos atribuyen a Ricardo), pero se olvidan que es necesario que todos los panameños trabajemos unidos por lograr el bien común de la patria. Como explicaba en un artículo anterior, debemos darle a este acuerdo el beneficio de la duda y estar vigilantes para asegurarnos de que este acuerdo legislativo funcione para el bien del país. El hecho de que sea un acuerdo con el PRD no es un pecado en sí mismo. Ya en 1990, el presidente Endara pidió al Arzobispo McGrath formar una Comisión de Reconciliación para lograr precisamente eso, la reconciliación entre todos los panameños -sin descuidar la justicia. Una cosa no impedía la otra.
Lo infame de esta "famosa" caricatura es que insinúa que Ricardo, al aceptar el acuerdo META, acepta las atrocidades y excesos cometidos por los militares y algunos de sus cómplices. No veo cómo puede negarse el que esta caricatura atente gratuitamente contra la honra y personalidad de Ricardo Arias. Es como si dijéramos que la Comisión de Reconciliación, presidida por Monseñor McGrath, que incluía a miembros del PRD, buscaba cubrir estos horrores. Todos los integrantes nos hubiéramos sentido calumniados. Sería conveniente que cada uno de los que combatimos estas atrocidades nos pongamos en los zapatos del Dr. Ricardo Arias y tomemos como alusivo a nosotros esta caricatura para ver cómo nos sentiríamos después de haber dedicado toda una vida a defender los derechos de los demás. Es doloroso que el periódico La Prensa, al que tantos de los que combatimos la dictadura ayudamos a fundar (y muy especialmente Ricardo junto con R. Eisenman) para luchar contra las injusticias, sea precisamente el vehículo en que se haya dado esta lamentable caricatura.

101 años de Panamá América

 
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