El mercado como suma de consumo
El sistema económico mundial opera con cuatro ejes que están íntimamente relacionados. En economía política, producción, consumo, distribución y circulación constituyen momentos de la realización del capital, su reproducción y como síntesis define patrones o modelos de acumulación. Ahora bien, en el régimen de la economía privada, la producción tiene la cualidad de generar consumo, pero a su vez, este último dinamiza a la producción. La suma del consumo es lo que se denomina el mercado. De allí que con justa razón se sostiene, que cuando el mercado deviene recesivo con tendencia a agravamiento, todo el sistema comienza a experimentar algunos disloques o difuncionalidades, que por un lado, afectan el modelo de acumulación reinante en ese momento, pero cuyos efectos más drásticos lo sufren los trabajadores y los pobres en general. La expresión más draconiana de este fenómeno lo es el desempleo.
Es importante señalar que ya existen signos que vienen dando cuenta de que la acumulación capitalista-neoliberal que han venido siendo jalonada por la locomotora de alta tecnología de la informática y la telecomunicación ha llegado a su punto más alto y se ha iniciado un proceso descendente que viene afectando el modelo concentrador de capitales, poniendo en la picota el gran negocio versátil o accionario.
Coincidimos con algunos economistas cuando sostienen que la crisis del consumo mundial abrirá perspectivas de redemocratización del sistema mundial y de las economías nacionales, proceso éste que incidirá en los patrones, hasta hoy injusto e inequitativo, de las riquezas o el producto social. No por casualidad, la cabeza de proa o el buque insignia del capitalismo mundial, Estados Unidos a través de algunos de sus dignatarios, entre ellos el propio Presidente, ha vuelto a traer la variable de lo social como tema importante en el sistema. Sin lugar a dudas, estos procesos surcaron al Estado exigiéndole una política de búsqueda y encuentro con la sociedad civil.
Es importante señalar que ya existen signos que vienen dando cuenta de que la acumulación capitalista-neoliberal que han venido siendo jalonada por la locomotora de alta tecnología de la informática y la telecomunicación ha llegado a su punto más alto y se ha iniciado un proceso descendente que viene afectando el modelo concentrador de capitales, poniendo en la picota el gran negocio versátil o accionario.
Coincidimos con algunos economistas cuando sostienen que la crisis del consumo mundial abrirá perspectivas de redemocratización del sistema mundial y de las economías nacionales, proceso éste que incidirá en los patrones, hasta hoy injusto e inequitativo, de las riquezas o el producto social. No por casualidad, la cabeza de proa o el buque insignia del capitalismo mundial, Estados Unidos a través de algunos de sus dignatarios, entre ellos el propio Presidente, ha vuelto a traer la variable de lo social como tema importante en el sistema. Sin lugar a dudas, estos procesos surcaron al Estado exigiéndole una política de búsqueda y encuentro con la sociedad civil.