El misticismo de Herman Hesse (1877-1962)
Si existe un hecho por lo que quiero que mis congéneres ciegos me recuerden es el esfuerzo por alcanzar los sueños, no creo que haya alguien en esta tierra arrepentido por invertir fe y esperanza en ellos. No obstante, sí hay muchos cobardes que murieron en el intento.
Estoy convencida que en la medida que anheles el éxito así debe ser el empeño que le imprimas a tus objetivos. El sueño por cultivarme intelectualmente no es tarea fácil cuando se adolece del sentido más preciado de la visión, sin embargo gracias a la tecnología, tanto los libros, los diccionarios, enciclopedias, el correo electrónico y toda herramienta que simplifica los esfuerzos y enriquecen el intelecto está a nuestro alcance.
En efecto, hoy rindo tributo al escritor alemán, Herman Hesse, poeta, novelista, pintor y Premio Nobel de Literatura 1946, pues precisó una obra literaria que me ha permitido inquirir en las profundidades del alma del ser humano, realización que empezó a forjarse en mi adolescencia con las lecturas en Braille.
Este conspicuo novelista es capaz de experimentar renacimientos. Un mundo acéfalo de pasiones, Hesse se transforma en un puente necesario por su poco convencional tratamiento de la sensibilidad, libertad, solidaridad y por su rebeldía juvenil aún vigente. Su obra es el camino hacia una introspección que sobrepasa las expectativas de la cotidianidad de nuestro mundo real. Demian (1919), Siddhartha (1922) y El lobo estepario (1927) son perfectamente novelas iniciáticas hacia un pensamiento universal en donde el espíritu es siempre protagonista. Hesse está consciente que todo espíritu peculiar o toda individuación exacerbada se vuelve contra el Yo y tiende a su destrucción.
Todos sus personajes viven en soledad, abismados en sus pensamientos y proclamando que la sabiduría no es comunicable. Al adentrarnos y repensar en los inicios del relato, en los que el insigne maestro Hesse, revela su mundo interior, atisbamos cómo surgen en su alma las dualidades que atañen al destino de todo hombre. Indubitablemente, parece necesario a todo individuo armonizar las raíces del bien y el mal que habitan en su alma. Soñar es algo grande. Y para seguir soñando exige trabajar mucho, demanda disciplina, constancia, orden, paciencia, tenacidad, preponderante en Narciss y Golfmund (1930), y Herman Hesse, tiene todas esas cualidades. Prolijo descriptor de caminos espirituales y síquicos, llevó a la cúspide una rigurosa labor de pesquisa sobre los combates del hombre en contra de la debilidad pasional, la rutinaria conducta y los paraísos artificiales. La lectura, nos hace conscientes y maduros y será la mejor manera de agradecerle al ilustre Herman Hesse, todo el amor que supo transmitir a través de sus relatos.