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El mundo no es plano



A pesar de los esfuerzos de las últimas décadas, y del libro de Thomas Friedman llamado "EL mundo es plano", la norma del 10% se aplica a prácticamente todos los sectores económicos. Esto significa que por más abierta que sea una economía, sus sectores no dependerán más del 10% del comercio internacional. Las anomalías o desviaciones a esa norma no alcanzan más del 20%, según un estudio publicado recientemente en la Revista Foreign Policy. Sería interesante conocer las cifras para Panamá, en donde ciertas actividades como el sector Financiero y de Transporte deberían superar en impacto, incluso, el porcentaje de la llamada anomalía.
Este estudio nos debe llevar a sobrias reflexiones. La primera va para las Cassandras, que nos advierten sobre los "terribles efectos" del Libre Comercio y de cómo éste no "acaba" con las empresas locales, sino sólo con las que no son eficientes. También hay una reflexión para quienes tienen una fe desmesurada en la globalización como panacea para los males sociales y económicos, ya que este estudio ratifica que los pueblos se abruman ante la inmensidad y se asen rápidamente a lo que les queda más a mano.
La globalización llevada a ritmo apresurado puede acicatear el tribalismo y, en lugar de una gran hermandad universal, los competitivos Estados nacionales pueden ser reemplazados por tribus en pugna. No hay que exagerar, pues, los efectos de la globalización, pero tampoco hay que desmeritarla. Gracias al nuevo orden económico llevamos varios lustros sin una depresión económica y llevamos muchos años de crecimiento económico sostenido, a pesar de varias guerras de alto perfil y otras calamidades.
Gracias al Libre Comercio también hemos evitado conflagraciones que en el pasado hubieran sido casi naturales entre potencias económicas en curso de colisión. Tal vez sea mejor que el mundo no sea plano, sino que su órbita nos lleve progresivamente a nuevos estadios de bienestar.

101 años de Panamá América

 
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