El narcotráfico y la seguridad
Estamos ante un creciente fenómeno epidémico de violencia urbana al que no escapa ningún país de la región. ¿Tenía entonces que ocurrir lo de Curundú para que las autoridades panameñas descubrieran el fenómeno e hicieran algo? Por supuesto que no. Pero lo poco que han hecho, lo hicieron muy tarde; o por lo menos mucho tiempo después que el crimen organizado, ligado al narcotráfico internacional, se organizara en el país sirviéndose de vulnerables sectores poblacionales, especialmente jóvenes, para crear un cóctel explosivo como el que sucedió la semana pasada en la capital panameña.
Está claro que sólo es cuestión de tiempo para que le digamos adiós a la frase que desde años nos distingue en la región: "aquí aún se puede vivir bien". Y esto puede ocurrir, porque las diversas autoridades policiales que sucesivamente han ocupado el cargo en las últimas décadas dejaron que el crimen organizado tomase la delantera y haya tejido una red de influencias en nuestro país que ha penetrado las comunidades, el comercio, el sector inmobiliario, las instituciones, las fronteras y los propios estamentos policiales.
Preocupa que en medio del encendido debate nacional sobre el tema de los menores delincuentes en Curundú, jóvenes sin educación o trabajo, y cuyo único elemento de socialización ha sido la calle, convertidos hoy en un "ejército de marginales", se ha estado perdiendo de vista que las pandillas son solamente una expresión parcial del fenómeno y no es el "enemigo a vencer", pues el enemigo es la droga, los negocios que oculta y la violencia que genera.
La violencia en Panamá la promueve el crimen organizado al servicio de bandas internacionales, ya sea de los carteles de la droga o grupos terroristas, donde estas organizaciones están hoy re-exportando las acciones criminales, como homicidios, secuestro y robos "por encargo", y podrían desestabilizar a cualquier gobierno.
El telón de fondo de este drama es el gigantesco y monstruoso negocio del narcotráfico internacional que se oculta en la corrupción y la pobreza.