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El Naza


“El Nazareno me dijo que cuidara a mis amigos”. El canto del borinqueño Ismael Rivera resuena en este día más que en cualquier época del año. El Cristo Negro “te da consejos buenos, has bien, no mires a quién, dale la mano al caído y si acaso bien malo ha sido dale la mano también.”

La veneración de la imagen abarca personas de todo el país y del extranjero, y no me es ajena. En 1967 fui uno de los promotores de la I Marcha de la Juventud Colonense al Cristo de Portobelo, que replicó las varias marchas que había sido objeto el Cristo de la Atalaya en años anteriores promovidos por jóvenes cursillistas católicos de todo el país.

El propósito era caminar desde Colón a Portobelo acompañando a los peregrinos a través de un camino apenas marcado en la selva y ríos cruzados a nado o en cayucos. Queríamos pedirle al Cristo la superación de los pecados que van en contra de la justicia en las relaciones entre persona y persona, y entre la persona y la comunidad. Es decir pecados con resonancia social e individual. Como por ejemplo: No provocarás injusticia social. No causarás pobreza. No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común. No contaminarás el medio ambiente. Además de contrarrestar la lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia.

Marchamos por los excluidos de Colón, de Panamá y de todos los países, y nunca olvidaré el impacto del primer encuentro con la imagen, su mirada, su negritud inmersa en el calor humano de la feligresía. Como la imagen navegaba entre miles de manos, cabezas, gritos, dolor, demandas y sacrificios, y aleteaba con la resonancia de la esperanza. El marco era la historia que se encarnaba en este pueblo cimarrón asentado entre ruinas, castillos y fuertes coloniales, cimbrando con el trepidar del congo afro.

Cuentan que fue un día como hoy, 21 de octubre en 1658 cuando arribó a Portobelo, la imagen venerada. En una de las versiones, tanto la Iglesia de Taboga como la de Portobelo habían ordenado sendas imágenes religiosas a un proveedor en España, producto de un error las imágenes fueron enviadas equivocadamente. La de San Pedro que iba destinada a Taboga quedó en Portobelo, y la del Cristo en lugar de llegar a Taboga fue enviada a Portobelo.

Al intentar corregirse el desacierto, siempre ocurría algo que impedía al Nazareno abandonar Portobelo. En otras palabras fue el santo el que tomó la decisión de quedarse.

En Portobelo se agita la cultura popular religiosa –que según Puebla- contiene elementos positivos como la conciencia de dignidad personal y de fraternidad solidaria; la capacidad de expresar la fe en un lenguaje total (canto, imágenes, gesto, color, danza) que supera los racionalismos; la capacidad de celebrar la fe en forma expresiva y comunitaria; y la aceptación de los demás. Y también contiene aspectos negativos como superstición, fatalismo, fetichismo y ritualismo, falta de información, reinterpretación sincretista, reduccionismo de la fe a un mero contrato en la relación con lo divino.

Sea como sea, ahí está el Naza y con el la fe de muchos, en especial los pobres y necesitados, encarnando la posibilidad del milagro que más que venir de él, debe inspirarnos y darnos fuerzas para construir la justicia y la libertad en el reino de este mundo.

(raulleisr@hotmail.com).

101 años de Panamá América

 
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