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El negocio de la pornografía


El debate sobre qué es la pornografía no es nuevo, pero adquirió matices ideológicos cuando en la década de los años setenta dirigentes del movimiento feminista norteamericano como Gloria Steinen, Susan Brownmiller, Andrea Dworkin y Katharine McKinnon, entre otras, la definieron como todo material con contenido sexual explícito que incluye humillación, dolor y degradación de las mujeres -o de los niños- al presentarlos como objetos sexuales. Esta definición permite distinguir la pornografía del erotismo, que es la expresión placentera y voluntaria del amor sensual entre dos personas, sin subordinación ni dominio de una sobre otra y que exalta la belleza y la ternura.

Las representaciones del cuerpo y las actividades sexuales son parte del quehacer humano desde tiempos inmemoriales, como lo atestiguan objetos provenientes de diversas culturas, utilizados en prácticas rituales o como expresiones artísticas. Sin embargo, en las últimas décadas la proliferación por medios escritos y visuales de crudas manifestaciones de lo sexual no tiene precedentes y constituye una preocupación para quienes advierten el vínculo de este fenómeno y el incremento de la violencia contra mujeres y niños; pero, además, porque hay claras evidencias de que la pornografía se convierte en una práctica compulsiva, que afecta de forma negativa el ejercicio normal y placentero de la sexualidad, desensibiliza ante la crueldad y deshumaniza a quienes se exponen a ella de manera habitual.

El desarrollo de la fotografía, el cine, la televisión y la Internet han hecho posible nuevas formas de generar material pornográfico y ponerlo al alcance de millones de personas -incluso adolescentes y niños- convirtiéndose en un negocio multinacional que mueve billones de dólares al año. Sólo en Internet existen 4.2 millones de sitios catalogados como pornográficos, a los que tienen acceso 68 millones de personas diariamente. Se calcula que el 42% de los usuarios ve pornografía y que otro 34% se ve expuesto a ella de manera involuntaria. A través de ese medio se remite diariamente 2.5 billones de correos con contenido sexual, que constituyen el 8% de todos los mensajes electrónicos.

Aunque la mayoría de consumidores de pornografía en la red son adultos entre los 35 y los 49 años -de los cuales más de dos tercios son hombres- la edad promedio de la primera exposición es de 11 años y el 80% de los niños entre 8 y 18 años ha visto algún tipo de material porno.

A la pornografía cibernética hay que añadir otros medios de difusión, tales como venta y alquiler de vídeos, revistas, programas televisivos, películas por cable y llamadas a teléfonos fijos y celulares que producen -junto con Internet- ingresos de más de 98 billones de dólares al año.

El primer paso para erradicar este indecente negocio consiste en identificar sus diversas manifestaciones y denunciar el impacto negativo que tiene en la sociedad, para lo cual deberán aunar esfuerzos todos los grupos comprometidos con la defensa de la dignidad humana y los valores éticos que se derivan de ella.

101 años de Panamá América

 
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