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El nuevo elector


Como parte de las actividades proselitistas de mi campaña, he estado realizando, casi diariamente, reuniones en casas de simpatizantes que, muy amablemente, nos brindan su hospitalidad e invitan a vecinos, familiares y amigos para que escuchen nuestra propuesta e intercambiemos opiniones sobre la situación y los problemas del país y la comunidad.
En estas reuniones, he podido percatarme de un cambio de actitud en el votante panameño. La gente quiere conocer al candidato y sus propuestas. Desea detalles y compromisos realistas, no generalidades ni promesas grandilocuentes. La nueva actitud del elector es más inquisitiva y mucho, pero mucho más crítica que antes en cuanto al modo de ejercer su voto.
En 1994, cuando hice campaña como candidato a primer suplente de legislador en el mismo circuito electoral (comprendido por los corregimientos de Bethania, Bella Vista, Pueblo Nuevo y Ancón), pude contar con los dedos de la mano las casas en las que nos preguntaron cuáles eran las propuestas legislativas que presentaríamos en el caso de resultar electos. Las personas nos pedían obras circuitales, no propuestas de índole legislativa.
En esta ocasión, la situación es radicalmente distinta. No es que el problema comunitario y cotidiano haya dejado de tener importancia, sino que hay también otras inquietudes. Ya sea que en la reunión haya personas de la tercera edad o jóvenes universitarios, todos coinciden en el interés de conocer nuestro plan de trabajo y cómo el mismo incide sobre sus problemas. Nos preguntan nuestra posición en torno a las privatizaciones de los servicios públicos y la posibilidad de revisar el contrato de concesión con Cable & Wireless; sobre cómo afrontar mejor los graves problemas urbanos del desempleo, la basura, la delincuencia y el transporte; sobre qué haremos para que se tomen medidas para un desarrollo urbano mejor planificado y en fin, un sinnúmero de cosas que indican una mayor preocupación del elector por conocer las propuestas de los distintos candidatos, a fin de poder votar con mayor conocimiento de causa.
En el 94, hubo muchos que resultaron electos por el voto partidista, sin que la gente conociera en realidad cuál sería su agenda ni cuál era su trayectoria. Ahora la cosa ha cambiado. No habrá cartas blancas ni patentes de corso en 1999. El nuevo elector exige propuestas y compromisos. El nuevo elector quiere cuestionar directamente a los candidatos para tomar una decisión más consciente y responsable. El nuevo elector será muy selectivo con su voto.
Es posible que esta nueva actitud surja del descrédito en que se haya sumida la actual Asamblea, la cual ha dejado el triste papel de servir como simple sello de goma en todo aquello que el Ejecutivo presente como proyecto de ley, dándole su aprobación sin mayor dilación. Sólo basta con recordar que el contrato de concesión del INTEL, S.A. fue aprobado en tan solo un día, pese a que tenía cientos de páginas de anexos, entre los cuales estaba el que fijaba las nuevas tarifas telefónicas y aquel que establecía las metas de calidad. La experiencia vivida nos ha enseñado a todos que necesitamos gente responsable, con criterio independiente y capacidad intelectual en la Asamblea.
Todo lo antes indicado, hace que me sienta muy optimista sobre el futuro de nuestro país, puesto que el elemento fundamental para un cambio verdadero en las estructuras políticas, sociales y económicas de la República es, precisamente, el cambio de actitud ciudadana. Hoy por hoy, el ciudadano reconoce mejor su poder y está dispuesto a ejercerlo. Es allí donde se inicia el cambio y surgen las nuevas propuestas.

101 años de Panamá América

 
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