El nuevo ministro de Educación
Los educadores panameños, particularmente aquellos que se elevaron en decoro y dignidad luchando por la democracia y la libertad, mientras los submarinos tomaban agua en dos vertientes, esperan que el próximo ministro de Educación no sea un tradicional electorero; que no se trate de uno de esos que cada cinco años se presentan a los torneos electorales y resultan rechazados en la consulta popular, por razones obvias.
Que el Ministerio de Educación no se convierta en un instrumento para resarcir gastos de campañas de excandidatos perdedores, sino en la piedra angular para dirigir el sistema por los senderos de la armonía, la objetividad, la mesura y la madurez, en una coyuntura donde el sectarismo y la estridencia de mal gusto no deben tener cabida.
La particular misión de la Educación exige un rector con el perfil indicado, consciente del gran aporte que hay que hacer para que todos los sectores de la comunidad nacional asuman el papel que corresponde en la verdadera modernización del sistema, con la amplitud y capacidad de convocatoria y, fundamentalmente, con la trayectoria que inspire confianza y voluntad de participación.
En ese orden, nos parece el Dr. Alberto Arturo McKay un candidato acertado, conveniente y promisorio, ya que cuenta con el respeto nacional y voces de aliento desde las bases de los educadores de primaria, media y universitaria, así como de importantes sectores que han seguido de cerca su límpida y excepcional trayectoria.
Catedrático universitario por décadas, donde ha conjugado la teoría con la práctica, llevando a diversas regiones del país a prospectos profesionales que han tenido la oportunidad de percibir una realidad que no es fácil comprender desde el aula y las ciudades terminales.
Científico e investigador de elevados quilates con los que ha dado ejemplo de perseverancia y dedicación, pero, especialmente, haciendo valiosos aportes para la solución de problemas nacionales y dejando muy en alto el nombre de nuestro país a nivel internacional.
Ciudadano probo, equilibrado y con una clara visión de los problemas de la Patria, que han merecido su atención en innumerables artículos, paneles, ensayos y obras a las que otros panameños podemos tener acceso en el momento que estimemos oportuno.
Padre y esposo ejemplar, elevando a sitial preponderante la célula básica de nuestra sociedad, convirtiéndola en paradigma para generaciones ávidas de prácticas y vivencias que contribuyan al robustecimiento de nuestros valores.
Producto pródigo y fecundo de nuestra universidad nacional, doctorado en la prestigiosa universidad de Estrasburgo, Francia y un segundo Doctorado en la Universidad Laval, Quebec, Canadá.
Intelectual destacado y con el mérito de un político con principios e ideología indubitable, que le permite autoridad moral para conducir el proceso de forja y formación del panameño con la altivez y fundamentos que las circunstancias demandan.
Distinguen al Dr. Alberto McKay, la sencillez y caballerosidad poco comunes en quienes llegan a la cima de sus metas; una facilidad de comunicación clara y serena; la reciedumbre para conducir con estilo respetuoso y sobre todo, con la capacidad y disposición para la consulta oportuna y la sobria exposición de sus puntos de vista.
A principio de los años setenta tuvimos el honor y el privilegio de ser discípulo universitario de tan meritorio catedrático; en el aula las expectativas del estudiantado se cumplieron; más allá, las corrientes de pensamiento y las virtudes personales del Dr. McKay, fueron respetadas, reconocidas e inspiradoras, convirtiéndose, para muchos de sus alumnos, en una especie de orientador, lo que en alguna forma habrá sido determinante en la vida profesional y ciudadana de muchos egresados.
Por ello, quienes lo hemos tratado en el ámbito personal y profesional; quienes hemos seguido con atención su activa participación en la búsqueda de mejores días para nuestro país, estamos convencidos de que el Ministerio de Educación será elevado a la posición que bien merece si este preclaro ciudadano y profesional llega a ser designado Ministro del ramo.
Que el Ministerio de Educación no se convierta en un instrumento para resarcir gastos de campañas de excandidatos perdedores, sino en la piedra angular para dirigir el sistema por los senderos de la armonía, la objetividad, la mesura y la madurez, en una coyuntura donde el sectarismo y la estridencia de mal gusto no deben tener cabida.
La particular misión de la Educación exige un rector con el perfil indicado, consciente del gran aporte que hay que hacer para que todos los sectores de la comunidad nacional asuman el papel que corresponde en la verdadera modernización del sistema, con la amplitud y capacidad de convocatoria y, fundamentalmente, con la trayectoria que inspire confianza y voluntad de participación.
En ese orden, nos parece el Dr. Alberto Arturo McKay un candidato acertado, conveniente y promisorio, ya que cuenta con el respeto nacional y voces de aliento desde las bases de los educadores de primaria, media y universitaria, así como de importantes sectores que han seguido de cerca su límpida y excepcional trayectoria.
Catedrático universitario por décadas, donde ha conjugado la teoría con la práctica, llevando a diversas regiones del país a prospectos profesionales que han tenido la oportunidad de percibir una realidad que no es fácil comprender desde el aula y las ciudades terminales.
Científico e investigador de elevados quilates con los que ha dado ejemplo de perseverancia y dedicación, pero, especialmente, haciendo valiosos aportes para la solución de problemas nacionales y dejando muy en alto el nombre de nuestro país a nivel internacional.
Ciudadano probo, equilibrado y con una clara visión de los problemas de la Patria, que han merecido su atención en innumerables artículos, paneles, ensayos y obras a las que otros panameños podemos tener acceso en el momento que estimemos oportuno.
Padre y esposo ejemplar, elevando a sitial preponderante la célula básica de nuestra sociedad, convirtiéndola en paradigma para generaciones ávidas de prácticas y vivencias que contribuyan al robustecimiento de nuestros valores.
Producto pródigo y fecundo de nuestra universidad nacional, doctorado en la prestigiosa universidad de Estrasburgo, Francia y un segundo Doctorado en la Universidad Laval, Quebec, Canadá.
Intelectual destacado y con el mérito de un político con principios e ideología indubitable, que le permite autoridad moral para conducir el proceso de forja y formación del panameño con la altivez y fundamentos que las circunstancias demandan.
Distinguen al Dr. Alberto McKay, la sencillez y caballerosidad poco comunes en quienes llegan a la cima de sus metas; una facilidad de comunicación clara y serena; la reciedumbre para conducir con estilo respetuoso y sobre todo, con la capacidad y disposición para la consulta oportuna y la sobria exposición de sus puntos de vista.
A principio de los años setenta tuvimos el honor y el privilegio de ser discípulo universitario de tan meritorio catedrático; en el aula las expectativas del estudiantado se cumplieron; más allá, las corrientes de pensamiento y las virtudes personales del Dr. McKay, fueron respetadas, reconocidas e inspiradoras, convirtiéndose, para muchos de sus alumnos, en una especie de orientador, lo que en alguna forma habrá sido determinante en la vida profesional y ciudadana de muchos egresados.
Por ello, quienes lo hemos tratado en el ámbito personal y profesional; quienes hemos seguido con atención su activa participación en la búsqueda de mejores días para nuestro país, estamos convencidos de que el Ministerio de Educación será elevado a la posición que bien merece si este preclaro ciudadano y profesional llega a ser designado Ministro del ramo.