El Papa y los medios
En un discurso pronunciado recientemente ante ejecutivos de medios de comunicación italianos, el Papa Juan Pablo II condenó la violencia e imágenes distorsionadas del ser humano y de la familia en los medio de comunicación y les instó a que "actúen responsablemente". Hizo además un llamado al "establecimiento de normas claras que garanticen el pluralismo", de modo que no sean utilizados indiscriminadamente por unos pocos poderosos. Dijo: "La falta de control y vigilancia no son garantía de libertad como muchos quieren hacernos creer, en vez de ello, termina por favorecer el uso indiscriminado de instrumentos poderosos, que si son mal utilizados, producen efectos devastadores en la conciencia de la gente y en la vida social; al tiempo que abogó por "normas claras y justas para garantizar el pluralismo, la libertad y la participación, así como respeto para los usuarios"; instando finalmente a los dueños a "que reconozcan el poder de los medios y lo usen responsablemente, recordando siempre la importancia que la Iglesia da a la dignidad de las personas".
Hace una semana, concluyó en San José, Costa Rica, el Tercer Curso Interamericano "Derechos Humanos - Sociedad Civil", organizado por el Instituto Interamericano de Derechos Humanos para gente vinculada a los medios de comunicación social y promotores de derechos humanos de todo el continente. Uno de los detalles más reveladores fue que la Iglesia y los medios de comunicación monopolizan, en ese orden, la credibilidad ciudadana en este hemisferio, correspondiendo a los partidos y a los órganos del Estado repartirse los últimos lugares.
El Papa Juan Pablo II puede tener razón en mucha medida. Quienes sí no la tienen en lo absoluto son los políticos, los gobiernos y los poderes legislativos que, careciendo de autoridad moral para censurar o fiscalizar de nadie, pretenden que el Estado asuma el papel de controlador del ejercicio de la libertad de expresión.
Una práctica responsable de la libertad de expresión sólo debe provenir válidamente de los propios medios, quienes en constante y abierta comunicación con los sectores y organizaciones representativas de la sociedad civil, pueden establecer parámetros de conducta deseables; pero no el gobierno, ni siquiera la Iglesia, que arrastra aún bajo sus hombros el peso lacerante de la Santa Inquisición y sus crímenes imperdonados e imperdonables. El pluralismo debe ser resultado natural de la diversidad de medios y no de la imposición regulatoria alguna. Cada medio ha de ser libre de abrazar las corrientes que quiera, y cada corriente ha de serlo para fundar los medios que desee.
Y en cuanto al Estado, es inadmisible que pretende hacer frente a los medio el papel de juez y parte. Mal puede fiscalizar a los medios quien por administrar los bienes y tesoros públicos y controlar las fuerzas armadas, el poder legislativo y monopolizar la función de juzgar, debe sujetarse al riguroso escrutinio y fiscalización de los ciudadanos y los medios.
Hace una semana, concluyó en San José, Costa Rica, el Tercer Curso Interamericano "Derechos Humanos - Sociedad Civil", organizado por el Instituto Interamericano de Derechos Humanos para gente vinculada a los medios de comunicación social y promotores de derechos humanos de todo el continente. Uno de los detalles más reveladores fue que la Iglesia y los medios de comunicación monopolizan, en ese orden, la credibilidad ciudadana en este hemisferio, correspondiendo a los partidos y a los órganos del Estado repartirse los últimos lugares.
El Papa Juan Pablo II puede tener razón en mucha medida. Quienes sí no la tienen en lo absoluto son los políticos, los gobiernos y los poderes legislativos que, careciendo de autoridad moral para censurar o fiscalizar de nadie, pretenden que el Estado asuma el papel de controlador del ejercicio de la libertad de expresión.
Una práctica responsable de la libertad de expresión sólo debe provenir válidamente de los propios medios, quienes en constante y abierta comunicación con los sectores y organizaciones representativas de la sociedad civil, pueden establecer parámetros de conducta deseables; pero no el gobierno, ni siquiera la Iglesia, que arrastra aún bajo sus hombros el peso lacerante de la Santa Inquisición y sus crímenes imperdonados e imperdonables. El pluralismo debe ser resultado natural de la diversidad de medios y no de la imposición regulatoria alguna. Cada medio ha de ser libre de abrazar las corrientes que quiera, y cada corriente ha de serlo para fundar los medios que desee.
Y en cuanto al Estado, es inadmisible que pretende hacer frente a los medio el papel de juez y parte. Mal puede fiscalizar a los medios quien por administrar los bienes y tesoros públicos y controlar las fuerzas armadas, el poder legislativo y monopolizar la función de juzgar, debe sujetarse al riguroso escrutinio y fiscalización de los ciudadanos y los medios.