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El paso de los amigos…


…Que al final, resulta ser el de uno también. El sábado me encontraba en Atalaya, como vengo haciéndolo desde hace más de 10 años, cuando me informaron sobre la muerte trágica de Tomás Gabriel Altamirano Mantovani. Estaba en ese momento frente al Cristo y pensé, cuan cierta e inesperada en la vida es la muerte, independientemente de quiénes seamos.

Llegué a mi casa de playa esa noche con semejante impresión metida en mi cabeza. Cené junto a mis hijos y conversamos del tema, haciendo énfasis, como padre, en la preparación que teóricamente debemos tener todos sobre tan seguro suceso. No puedo catalogarme como un íntimo amigo suyo, pero sí como un amigo, con muchas cosas en común. La más importante, compartir hijos de la misma edad que ambos vimos crecer juntos debido a la amistad que los une desde muy pequeños y que hoy, ya adolescentes, cultivan a diario. Además, la que me une a su padre Fito, y con su suegro Miguel Brostella, copartidario y amigo, también. Justo hacía un mes conversamos en mi oficina sobre su candidatura y la importancia de sólidos consensos entre las fuerzas políticas para enfrentar grandes retos y oportunidades del país. Ambos compartíamos, además, los incomprendidos y cuestionados avatares de la política.

"La muerte es una ley, no un castigo", dijo Séneca. Pero para los que quedamos a la espera del turno, es natural que se piense ambivalentemente al respecto. Personalmente, como saben, la he visto cerca dos veces el año pasado y he visto partir muchos amigos en los últimos tiempos. Todo eso, en sí, me ha hecho variar mucho mi personal filosofía de vida, entendiendo, aún no completamente, que todo es hoy; mañana... quién sabe. Sin embargo, resulta imposible no hacer planes para el futuro, a sabiendas de lo incierto que pueden resultar.

El domingo en una gira política le comentaba a Aníbal Galindo que lo sucedido a Tomás Gabriel es otro de los imponderables a los que nos exponemos por andar trabajando, de manera seria -agrego- a través de la actividad política. Cuántos kilómetros de carretera hacemos por semana enfrentando en ocasiones peripecias de todo orden, sin pensar jamás que algo nos va a suceder. Cuántas horas dejamos de ver y estar con aquellos que uno quiere para siempre, por estar dedicados al partido, candidatos y compromisos de la política, recibiendo como retribución, además del seguro cansancio, muchas veces, la incomprensión propia de quienes cuestionan sin miramientos ni experiencias de ningún tipo desde cualquier púlpito esta actividad.

Hoy el amigo Tomás Gabriel ya no está y atrás quedaron su familia, sus desvelos por Chepo, problemas sin resolver, que ahora serán de otro. El Cardenal Nicholas Wiseman (escritor inglés) lanzó una pregunta: "¿Y en qué mejor ocasión podría sorprendernos la muerte que cumpliendo con nuestro deber?". Creo que aplica al caso que con tristeza comento. Hay un sentido de responsabilidad que obliga al trabajo serio y, en eso, se le terminó la vida.

A su memoria, mi imperecedero respeto.

101 años de Panamá América

 
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