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El patético marco de referencia


La conformación de alianzas para las elecciones de mayo conlleva pedidos de que las campañas se abstengan de referirse a hechos históricos de vieja data, por ejemplo, el golpe de Estado de 11/10/1968. Discrepamos. Los jóvenes deben saber que después de este golpe existió una narcodictadura que implicaba tanto a Omar como a Piña. Tanto los juega-vivo del PRD, como los de oposición, ahora se quieren curar en salud, exigiendo que esto no se haga. Sal quieren esos huevos.

Lo mismo es aplicable a los dimes y diretes de bajo nivel, tanto de parte de perredistas como de oposicionistas, en la ejecución de su actual campaña electoral. Es imperdonable que no se refresque la memoria de los ciudadanos y se deje de informar objetivamente sobre los asesinatos, torturas y vejámenes en general cometidos durante la narcodictadura. Lo mismo aplica a cualesquier delitos cometidos por oposicionistas de hoy. Este marco de referencia es historia y no es desechable, ya que ello implicaría una ventaja para los culpables de innumerables fechorías.

No se puede ocultar que hubo el cambiazo BH09-Navarro, así como el Martinelli-Varela. Adicionalmente, el tercer candidato en discordia sin duda tratará de sacar ventaja del hecho de que no fue tomado en cuenta por sus colegas opositores. Este último luchará por obtener el triunfo en la esperanza de lograr un respaldo masivo y más, similar a su desempeño en 2004. El papel de esta tercera fuerza será ridículo y que podría dar al traste con la expulsión democrática del brazo político de la narcodictadura.

Toca a los ciudadanos independientes y a los que están indecisos, a pesar de pertenecer a una de las facciones en pugna, analizar todos los hechos y argumentos, así como las propuestas de gobierno que se presenten.

La gran mayoría ciudadana siente que una Constituyente es necesarísima pero siente gran trepidación, tembladera, por que los miembros escogidos para redactar esa constituyente estén contaminados, sin remedio, por la corrupción rampante que se ha enseñoreado en Panamá por demasiado tiempo, por más de cuatro décadas. A pesar de esto, nos vemos forzados a ceñirnos a un sistema político al cual se aferran los partidos políticos y, ciudadanos en general, el cual nutre ampliamente la anhelada, prometida e incumplida, "cero corrupción". El único remedio parece ser una revolución, que bien podría terminar con el prefijo "narco" u otros falsos líderes que pululan y se extienden como la verdolaga.

Existe poquísima justicia y demasiada impunidad. Las actuaciones de los funcionarios del órgano judicial siguen dejando mucho que desear y adicionalmente, los del Tribunal Electoral. La gran mayoría de esos funcionarios han sido nominados, vale decir seleccionados, por representantes de la corrupción a la que hemos aludido muchas veces.

A pesar del alto grado de negatividad señalado, iré a las urnas en busca del grupo que prevalezca en nuestra débil democracia que reúna los atributos patrióticos, por no denominarlos mágicos, que ponga coto a tanto narcisismo y sinvergüencería que debe causar que ilustres panameños como Ricardo J. Alfaro, Harmodio Arias, Ernesto De la Guardia, Hijo, Roberto F. Chiari, y otros, se revuelquen en sus tumbas cuando tantos panameños nos olvidamos de nuestro querido terruño para satisfacer nuestros deseos muy personales. Por supuesto que votaré por el grupo que entierre con votos a los seguidores de una narcodictadura que, por lo visto, muchos abogan por su olvido, quizás hasta por que se pregone su inexistencia. ¡Panamá es inmortal!

101 años de Panamá América

 
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