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El PDC, la Bancada Popular y la próxima Asamblea Legislativa


Cuando el PDC apoyó la candidatura del Ing. Alberto Vallarino, explicó que lo hacía porque lo consideraba el mejor candidato y porque compartía su proyecto de crear una nueva fuerza que superara la tendencia hacia un bipartidismo empobrecedor. Por ello, asoció su apoyo al esfuerzo por crear un Partido Popular, de centro reformista, que transcendiera las viejas divisiones y forjara una unidad de nuevo cuño de cara al futuro. Se nos achacó que así favorecíamos el triunfo del PRD. Ello no nos desvió de nuestro curso y los resultados electorales nos dieron la razón. El 17% de los votos de Alberto Vallarino no impidió que ganara Mireya Moscoso. Pero, de hecho el PRD y el Partido Arnulfista juntos no sacaron más del 60% de los votos y un proyecto diferente le quedó planteado al país.
Por lo demás, el PDC captó más de 140,000 votos, el 60% de los votos de Vallarino, fue el único partido de su alianza que sobrevivió y eligió a cinco de sus candidatos a Legislador, convirtiéndose así en el tercer partido nacional. Ello lo colocó en condiciones de trabajar por el Partido Popular. Ya se han integrado a los organismos directivos del PDC varios dirigentes principales de la Alianza Acción Opositora. Se ha configurado un Comité Coordinador para impulsar el nuevo partido. Además, se formó una Bancada Legislativa Popular que tiene por Coordinador al Legislador José Luis Varela, de Subcoordinadora a la Legisladora electa Teresita Yániz de Arias y de miembros a los Legisladores Rubén Arosemena Valdés, Presidente del PDC, al Legislador Enrique Garrido y al Legislador Carlos Santana. Cuando muchos pensaban que los Legisladores Demócratas Cristianos y los "Saltamontes" actuarían por separado, éstos se han integrado y actúan de conjunto. Por su parte, el Ing. Vallarino ha comenzado a activarse nuevamente. El público lo vitoreó en la inauguración del nuevo estadio, al mismo tiempo que abucheaba a Pérez Balladares.
La actuación de la Bancada Popular en relación con la conformación de la directiva de la nueva Asamblea ha sido sumamente importante. 36 Legisladores constituyen la mayoría. El PRD tiene 34 Legisladores y cuenta además con el voto del Legislador de Solidaridad Laurentino Cortizo. La Presidente Mireya Moscoso tiene 24 Legisladores y contaría además con los tres Legisladores del Partido Liberal Nacional, que se ha integrado a su Gobierno, y con el Legislador Carreño, postulado por Renovación Civilista.
Hasta el domingo pasado, sólo el PRD estaba activo en configurar una mayoría legislativa, mientras la Presidenta electa permanecía inactiva. En estas circunstancias, la Bancada Popular inició conversaciones primero con Solidaridad y el Liberal Nacional (antes de su integración al nuevo oficialismo) para formar un bloque que fuera fiel de la balanza. Su propósito era evitar una confrontación estéril y desgastadora entre el Arnulfismo en el Ejecutivo y el PRD en la Asamblea, que condujera a la ingobernabilidad. El país a juicio de los Populares requiere que se acometa la solución de los problemas de Estado en el orden económico y en la transición del Canal, para lo cual se necesita un nuevo equilibrio entre el Ejecutivo y el Legislativo, evitando tanto la parálisis del primero como la subordinación del segundo.
Este propósito llevó a la Bancada Popular a tomar contacto con el PRD y a explorar un acuerdo legislativo que abarcara un programa mínimo de Leyes por aprobar y directivas compartidas de la Asamblea y de sus Comisiones. La Bancada busca la gobernabilidad y también no quedar en condiciones de marginación e ineficacia dentro de la Asamblea. Desea por su participación mejorar el rendimiento y la imagen del "rgano Legislativo como requisito para consolidar nuestra democracia.
Pero el PRD no ha sabido negociar. No ha demostrado hasta ahora que aprecia lo que la Bancada Popular representa en votos presidenciales y en número de Legisladores ni lo que representaría de positivo para el país que adversarios acérrimos establecieran un acuerdo legislativo, aunque evidentemente no se trate de una alianza política. El PRD se entendió con Legisladores de Solidaridad para luego presentarle a la Bancada Popular una especie de ultimátum: acepten lo que queda o no tendrán nada. Este fue un grave error que el PRD no ha corregido. Confundió el coraje democrático de la Bancada al considerar la posibilidad de un acuerdo con el PRD, en razón de su proyecto fundamental de superar el bipartidismo y de contribuir a una nueva unidad del país por encima de las divisiones tradicionales, con una simple maniobra política. Además, tampoco le prestó la debida atención a las exigencias programáticas de la Bancada Popular, que incluyen la posibilidad de modificar varias leyes aprobadas en los últimos tiempos. Ello condujo a que no se avanzara en la negociación.
En este contexto, se produjo la gestión de la Presidenta electa por favorecer otra mayoría Legislativa. Conversó con tres de los cuatro Legisladores de Solidaridad y por primera vez estuvo dispuesta a conversar con altos dirigentes del PDC y de la Bancada Popular. Se les reconoció así a ambos grupos su importante papel de fiel de la balanza legislativa, aceptando que ocuparan la Presidencia de la Asamblea durante dos años cada uno, que ocuparan una Vicepresidencia en los otros años, que presidieran importantes comisiones y tuvieran una Subsecretaría de la Asamblea cada uno. Todo ello sin un compromiso de aprobar automáticamente los proyectos de Ley que presente el Ejecutivo, pues la Bancada Popular se mantiene en una postura de oposición independiente y evaluará en toda libertad los proyectos y las acciones del Ejecutivo para decidir sin los apoya o no según piense que le convienen o no al país.
El entendimiento con los Legisladores del nuevo Gobierno no constituye una alianza política gubernamental. Ni el PDC ni la Bancada Popular se integrarían a la Alianza Nuevo Panamá, ni tampoco participarían en el Gobierno de la Presidenta Mireya Moscoso. Se limitarían a organizar la nueva Asamblea conjuntamente, como hacen en muchos países el Gobierno y la oposición. Y a darle a la Presidenta la oportunidad de someter sus proyectos a una discusión seria y responsable de la Asamblea. Si el entendimiento cuajara, sería beneficioso para nuestro pueblo: tendríamos un nuevo equilibrio entre los Poderes del Estado y velaríamos, tanto el Gobierno como la oposición independiente, desde una directiva compartida de la Asamblea por la gobernabilidad de nuestra democracia.
De prevalecer este acuerdo legislativo, el PRD sufriría un serio retroceso político. No participaría en la directiva de la Asamblea ni tendría responsabilidad por su presupuesto o por el nombramiento del personal legislativo; además, tendría menos oportunidades de escoger al Contralor y de pasar sus proyectos de Ley. Por eso hay que esperar a que el PRD haga todo lo posible por ganarse el voto de por lo menos uno de los Legisladores que se le han alejado. Podría incluso recapacitar sobre su método de negociación.
Sólo cuando los 71 Legisladores voten por su directiva el miércoles 1 de septiembre se sabrá cuál de las dos posibles mayorías ha ganado. Pero en todo caso, el PDC y la Bancada Popular han asumido un papel del primer orden, en la medida en que han demostrado su capacidad de considerar todas las opciones dentro de nuestra democracia.

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