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El pecado Deshumaniza


Dios creó al hombre y a la mujer para que fueran felices, y al comienzo lo eran, no se habían contaminado. Luego pasó lo que relata el libro del Génesis sobre Adán, Eva y la serpiente, etc., de todos sabido.
En ese momento comenzó la desgracia para la raza humana. Se acabaron las contemplaciones de Dios hacia la creación, a pesar de habernos prometido un Salvador, el Mesías. El hombre tenía que agachar el lomo y conseguir su sustento con el sudor de su frente y arrancarle a la tierra que no siempre le daría el alimento deseado. Ya nada sería fácil, había pecado, y empezaba a sufrir las consecuencias de su culpa.
Después de ese pecado original, todos nacemos con una marcada tendencia al mal, que a medida que avanza y evoluciona el mundo, la cosa va en aumento. Si hacemos un análisis de la conducta del hombre, veremos con dolor cómo el pecado lo ha deshumanizado.
Somos capaces de cometer los actos más abominables que mente humana puede concebir, desde un simple robo hasta destrozar a una indefensa criatura y sacarla pedazo a pedazo del vientre de su "madre", interrumpiendo un embarazo, y así como no le tiembla el pulso al médico que comete semejante crimen, tampoco lo piensa dos veces el asesino de masas llamado terrorista.
Los adúlteros, homosexuales, lesbianas, brujos, espiritistas, etc., todos deshumanizados rindiendo culto al príncipe de la mentira y la maldad, el demonio, enemigo eterno de Dios. Así vemos en el Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma, en la parábola del hijo pródigo. Cómo este muchacho, sin consideración a su padre, le pide su parte de la herencia, no para poner un negocio y hacerlo producir; la lectura dice que "derrochó su fortuna viviendo pedidamente..." Todos entendemos qué es vivir perdidamente, borracheras, prostitutas, gula; en fin, desorden moral.
Afortunadamente, el hombre hecho a imagen y semejanza de Dios, tiene ese soplo de vida divina en su interior y dice la Escritura que este hijo recapacitó, escuchó la voz de su conciencia, reconoce su pecado, se arrepiente y decide volver a su padre y pedirle perdón, y éste hace fiesta por haberlo recuperado con vida. Así mismo, nuestro Padre Celestial, a pesar de nuestras grandes faltas y de toda nuestra miseria, si nos arrepentimos y reconciliamos con El pidiendo perdón, también hará una gran fiesta en el cielo por nuestra conversión.

101 años de Panamá América

 
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