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El Perdón de Balbina


Aun cuando no deja de asombrar, por provenir de quien proviene, las declaraciones de la ex-candidata presidencial Balbina Herrera parecen abrir un nuevo espacio en el tratamiento de la polarización política y social a que se vio sometida la sociedad panameña a finales de los años ochenta. En los últimos veinte años el tema fue abordado discretamente, y sólo Ricardo Arias Calderón dijo con franqueza que “el país no puede seguir siendo prisionero de su pasado”. Los panameños tienen que reencontrarse. Pero tal condición pasaba y pasa por un tratamiento igualmente franco de las dos situaciones cruciales que produjeron la polarización: los crímenes y desapariciones de los 21 años de dictadura, y los muertos anónimos de la invasión de 1989. Nada fácil para los sectores comprometidos en esta realidad. Y es que no puede haber perdón sin justicia, sin esclarecimiento, sin acto de contrición. En los últimos 20 años las aproximaciones a ambos casos sólo se refirieron a días de reflexión, y al “nunca más”, mientras tanto los muertos han seguido latiendo debajo de la tierra en busca de la paz que solo puede darle una sociedad reconciliada. Si Balbina habla en serio, se le podría tomar la palabra, porque la sociedad panameña no puede seguir negando su propia tragedia o jugando a la máscara que ríe, pero esconde los viejos rencores, las viejas revanchas. Los viejos condimentos que amamantan la polarización.

101 años de Panamá América

 
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