El peso de Álvaro Uribe
Seguir de cerca situaciones como las de Colombia evita sorpresas. Sorprendidos deben estar quienes siguieron de cerca esta especie de inflación artificial que crearon algunos publicistas en torno al ex alcalde de Bogotá, Antanas Mockus, y sus posibilidades presidenciales frente al oficialista Juan Manuel Santos. Es posible que Santos no posea, per sé, el carisma y la simpatía que le hubieran permitido ganar las presidenciales de Colombia en la primera vuelta, pero poseía, por encima de Mockus, la enorme ventaja de ser el heredero de Álvaro Uribe Vélez. Al margen de la tendencia política que represente, Álvaro Uribe Vélez posee el mérito de haberle devuelto su país a los colombianos, de haber extendido el Estado hasta lugares a los que nunca había llegado, de implementar un estilo de gobierno que no habían visto los colombianos en años, y sobre todo, de haber impuesto una seguridad democrática que los colombianos no quieren perder. Mockus olía y huele a aventura, Santos a certeza, precisamente por proceder de las filas de un gobierno que en ocho años no defraudó al colombiano común. Que pudo incurrir en incidentes como los de la frontera con Ecuador o en haber tratado de demeritar, al inicio, el caso conocido como los “falsos positivos” pero que al tiempo demostró estar dispuesto a tomar todos los riesgos con tal de defender lo conquistado. Por eso votó el colombiano común, por eso perdió Mockus y por eso, con mucha seguridad, Juan Manuel Santos parece bien encaminado a ser el próximo presidente de Colombia. Si Uribe Vélez hubiera corrido por tercera vez, su victoria hubiera sido aplastante.