El Plan Colombia y conflictos de competencia
Verdadero estupor ha causado la acerba y nada cortés crítica que ha lanzado el sub-secretario de Estado, Thomas Pickering contra el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso por haber convocado, en relación con el Plan Colombia, una conferencia de los países vecinos sin incluir a Colombia.
Es sabido que la autoría del Plan Colombia corresponde al Gobierno de Colombia; pero que la administración del uso para fines militares de la porción del aporte de 1,300 millones de dólares que hacen los Estados Unidos a dicho plan, la ejerce el gobierno norteamericano.
A este respecto, a fines del mes de agosto de este año, los medios de información del país del norte aseguraron que el Plan Colombia, es la más ambiciosa irrupción del Pentágono en las Américas, que según se anunciara estaría a cargo del brigadier general Keith M. Huber, director de Operaciones del Comando Sur, quien actuaría en coordinación con la Embajada nortemericana en Bogotá, pero respondería y estaría sujeto directamente a la autoridad del Comandante en Jefe del Comando Sur en Miami y del Pentágono en Washington.
El conflicto de competencias que ha producido en Washington el Plan Colombia entre el Departamento de Estado y el Pentágono, o sea el Departamento de Defensa, permitió que la semana pasada se diera a conocer que el representante Ben Gilman, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, criticara abiertamente el Plan Colombia en una nota que envió el 14 de noviembre al general Barry McCaffrey, director de la Oficina de Control de Narcóticos de la Casa Blanca, en la cual le expresó, además, que de su parte no tenía claro quién estaba a cargo de la asistencia militar en el Plan Colombia, esto es si era el Departamento de Estado o si era el Departamento de Defensa.
Sorpresivamente, los Diarios norteamericanos dieron a la publicidad el sábado pasado, que el Comando Sur ha suspendido la asignación del general Huber para que vigile el uso de la porción militar de los 1,300 millones de dólares, que los Estados Unidos ha destinado para la ejecución del Plan Colombia. Por su parte la embajadora Anne W. Patterson, no ha estado accesible en Bogotá para discutir la misión del general Huber, pero el vocero de la Embajada Norteamericana declinó aclarar la posición de la Embajadora y declaró que "no hay en la actualidad ningún plan para asignar al General Huber a Colombia".
Resulta evidentemente incomprensible la actitud hostil asumida por el sub-secretario de Estado, Thomas Pickering frente a la reunión en Panamá, de los países vecinos de Colombia. Su reacción fue muy distinta ante la crítica hecha por el congresista Gilman sobre el conflicto de competencias entre el Departamento de Estado y el Pentágono en relación con el Plan Colombia.
Sin duda su conocimiento del dialecto Swahili lo indujo a aplicar en el caso del Pentágono y el Departamento de Estado el proverbio que aplican los bantú originarios de Tanzania, al decir que "Cuando los elefantes pelean sufre la hierba y cuando los elefantes hacen el amor, también sufre la hierba."
El embajador Pickering es un alto funcionario versado en la práctica diplomática, por su larga y meritoria trayectoria en el servicio exterior. Fue Embajador Permanente de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas y el presidente Ronald Reagan le otorgó en 1986 el Premio Presidencial por servicios distinguidos.
No obstante, su sobresaliente carrera diplomática ha incurrido en posturas poco diplomáticas, que se alejan de principios tan elementales como los que consagran el respeto al derecho soberano que tienen los países latinoamericanos para ejercer su propia política internacional. No estuvo acertado el embajador Pickering, al asumir virtualmente la vocería de Colombia cuando manifestó, según despacho de Washington publicado en El Panamá América el miércoles pasado, que "Reuniones sobre Colombia sin la participación de Colombia han creado bastante malestar en el hemisferio."
Refiriéndose a la reunión de los ministros de Defensa de los países vecinos de Colombia, convocada por el gobierno panameño, el sub-secretario de Estado Pickering, según otro despacho procedente de Washington, publicado en el Diario La Prensa, criticó que tal reunión sería "incorrecta e ineficaz". El lenguage ostensiblemente rudo empleado por el prominente diplomático americano no es ni apropiado, ni respetuoso, ni consecuente.
Términos tan abruptos parecen reminiscencias de la guerra fría, no sólo porque desentonan en boca de tan alto personero de la nación del norte, sino porque resultan notoriamente contradictorios. Decir como dice Pickering a los países vecinos de Colombia, en nombre de los Estados Unidos, que "Estamos pensando en un programa regional que se compare a nuestra ayuda al Plan Colombia...", es poner en evidencia que el Plan Colombia es un Plan bilateral de Colombia y los Estados Unidos, y que en contraste con esa bilateralidad se está proponiendo un Plan Regional multilateral, que pareciera significar, como para "dorar la píldora" un Plan de Ayuda de igual magnitud financiera que la asignada al Plan Colombia.
La reunión que se celebrará en Panamá el 12 de enero de 2001, tendría, según informaciones aparecidas en la prensa local, el siguiente orden del día: 1. La situación fronteriza en cada uno de los países limítrofes con Colombia, 2. Proyecciones de la puesta en marcha del Plan Colombia según los países limítrofes, 3. Establecimiento de un procedimiento de consulta permanente. Se trata, en mi opinión, de una reunión pertinente, con una agenda sustantiva cuyos temas son de actualidad e importancia notoria.
Los 5 países vecinos de Colombia, viven la angustia de tener que distraer recursos que deberían normalmente ser orientados a necesidades urgentes, para evitar los efectos potencialmente desastrosos, en sus poblaciones y en sus recursos naturales, de un Plan que tiene una faceta sombría de destrucción y de muerte.
Las declaraciones del señor Pickering, no son consecuentes con el derecho que tienen estos 5 países de definir cursos de acción, de concertarse en un esfuerzo multilateral que, lejos de afectar negativamente a Colombia, intenta ahorrarle al resto de la región, desconsuelo, tristeza, amargura y frustración.
No puedo concluir mis comentarios sin mencionar a Pamela Harriman, quien falleció en 1997 en París, mientras se desempeñaba como Embajadora de los Estados Unidos ante el gobierno francés. Su belleza y su espíritu chispeante han merecido reseñas y hasta una biografía. Ex nuera de Winston Churchill, viuda de Averell Harriman, frecuentó toda su vida a las grandes personalidades del siglo XX.
Hay testimonios de que el presidente Clinton y el senador Jesse Helms, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos, la admiraban y le tenían afecto. Ella brilló en los salones con luz propia. Ella acuñó la frase: "Nada es más exótico que la política interior de los extranjeros."
La frase, luminosa y ambigua al mismo tiempo, tiene una cierta filiación con la famosa frase que distingue a la doctrina Monroe: "América para los americanos". Para eminentes latinoamericanos "el monroismo encierra una perversión radical, al tratar el bien común como si fuera propio." El doctor Harmodio Arias en su obra clásica sobre el Canal de Panamá, demostró que la Doctrina Monroe no es parte del Derecho Internacional y que es "simplemente la expresión de una política nacional de los Estados Unidos, que en realidad tenían la intensión de aumentar su poderío."
A lo largo del siglo XIX y del siglo XX, hemos visto que la perspectiva desde la cual los Estados Unidos han enmarcado las más de las veces sus relaciones con el resto del hemisferio, presentó aspectos de unilateralidad y muchas veces demostró que a al país estadounidense le resulta exótico que los intereses propios de las naciones latinoamericanas lleven a éstas a trazar políticas interiores -y exteriores- propias e independientes.
Es sabido que la autoría del Plan Colombia corresponde al Gobierno de Colombia; pero que la administración del uso para fines militares de la porción del aporte de 1,300 millones de dólares que hacen los Estados Unidos a dicho plan, la ejerce el gobierno norteamericano.
A este respecto, a fines del mes de agosto de este año, los medios de información del país del norte aseguraron que el Plan Colombia, es la más ambiciosa irrupción del Pentágono en las Américas, que según se anunciara estaría a cargo del brigadier general Keith M. Huber, director de Operaciones del Comando Sur, quien actuaría en coordinación con la Embajada nortemericana en Bogotá, pero respondería y estaría sujeto directamente a la autoridad del Comandante en Jefe del Comando Sur en Miami y del Pentágono en Washington.
El conflicto de competencias que ha producido en Washington el Plan Colombia entre el Departamento de Estado y el Pentágono, o sea el Departamento de Defensa, permitió que la semana pasada se diera a conocer que el representante Ben Gilman, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, criticara abiertamente el Plan Colombia en una nota que envió el 14 de noviembre al general Barry McCaffrey, director de la Oficina de Control de Narcóticos de la Casa Blanca, en la cual le expresó, además, que de su parte no tenía claro quién estaba a cargo de la asistencia militar en el Plan Colombia, esto es si era el Departamento de Estado o si era el Departamento de Defensa.
Sorpresivamente, los Diarios norteamericanos dieron a la publicidad el sábado pasado, que el Comando Sur ha suspendido la asignación del general Huber para que vigile el uso de la porción militar de los 1,300 millones de dólares, que los Estados Unidos ha destinado para la ejecución del Plan Colombia. Por su parte la embajadora Anne W. Patterson, no ha estado accesible en Bogotá para discutir la misión del general Huber, pero el vocero de la Embajada Norteamericana declinó aclarar la posición de la Embajadora y declaró que "no hay en la actualidad ningún plan para asignar al General Huber a Colombia".
Resulta evidentemente incomprensible la actitud hostil asumida por el sub-secretario de Estado, Thomas Pickering frente a la reunión en Panamá, de los países vecinos de Colombia. Su reacción fue muy distinta ante la crítica hecha por el congresista Gilman sobre el conflicto de competencias entre el Departamento de Estado y el Pentágono en relación con el Plan Colombia.
Sin duda su conocimiento del dialecto Swahili lo indujo a aplicar en el caso del Pentágono y el Departamento de Estado el proverbio que aplican los bantú originarios de Tanzania, al decir que "Cuando los elefantes pelean sufre la hierba y cuando los elefantes hacen el amor, también sufre la hierba."
El embajador Pickering es un alto funcionario versado en la práctica diplomática, por su larga y meritoria trayectoria en el servicio exterior. Fue Embajador Permanente de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas y el presidente Ronald Reagan le otorgó en 1986 el Premio Presidencial por servicios distinguidos.
No obstante, su sobresaliente carrera diplomática ha incurrido en posturas poco diplomáticas, que se alejan de principios tan elementales como los que consagran el respeto al derecho soberano que tienen los países latinoamericanos para ejercer su propia política internacional. No estuvo acertado el embajador Pickering, al asumir virtualmente la vocería de Colombia cuando manifestó, según despacho de Washington publicado en El Panamá América el miércoles pasado, que "Reuniones sobre Colombia sin la participación de Colombia han creado bastante malestar en el hemisferio."
Refiriéndose a la reunión de los ministros de Defensa de los países vecinos de Colombia, convocada por el gobierno panameño, el sub-secretario de Estado Pickering, según otro despacho procedente de Washington, publicado en el Diario La Prensa, criticó que tal reunión sería "incorrecta e ineficaz". El lenguage ostensiblemente rudo empleado por el prominente diplomático americano no es ni apropiado, ni respetuoso, ni consecuente.
Términos tan abruptos parecen reminiscencias de la guerra fría, no sólo porque desentonan en boca de tan alto personero de la nación del norte, sino porque resultan notoriamente contradictorios. Decir como dice Pickering a los países vecinos de Colombia, en nombre de los Estados Unidos, que "Estamos pensando en un programa regional que se compare a nuestra ayuda al Plan Colombia...", es poner en evidencia que el Plan Colombia es un Plan bilateral de Colombia y los Estados Unidos, y que en contraste con esa bilateralidad se está proponiendo un Plan Regional multilateral, que pareciera significar, como para "dorar la píldora" un Plan de Ayuda de igual magnitud financiera que la asignada al Plan Colombia.
La reunión que se celebrará en Panamá el 12 de enero de 2001, tendría, según informaciones aparecidas en la prensa local, el siguiente orden del día: 1. La situación fronteriza en cada uno de los países limítrofes con Colombia, 2. Proyecciones de la puesta en marcha del Plan Colombia según los países limítrofes, 3. Establecimiento de un procedimiento de consulta permanente. Se trata, en mi opinión, de una reunión pertinente, con una agenda sustantiva cuyos temas son de actualidad e importancia notoria.
Los 5 países vecinos de Colombia, viven la angustia de tener que distraer recursos que deberían normalmente ser orientados a necesidades urgentes, para evitar los efectos potencialmente desastrosos, en sus poblaciones y en sus recursos naturales, de un Plan que tiene una faceta sombría de destrucción y de muerte.
Las declaraciones del señor Pickering, no son consecuentes con el derecho que tienen estos 5 países de definir cursos de acción, de concertarse en un esfuerzo multilateral que, lejos de afectar negativamente a Colombia, intenta ahorrarle al resto de la región, desconsuelo, tristeza, amargura y frustración.
No puedo concluir mis comentarios sin mencionar a Pamela Harriman, quien falleció en 1997 en París, mientras se desempeñaba como Embajadora de los Estados Unidos ante el gobierno francés. Su belleza y su espíritu chispeante han merecido reseñas y hasta una biografía. Ex nuera de Winston Churchill, viuda de Averell Harriman, frecuentó toda su vida a las grandes personalidades del siglo XX.
Hay testimonios de que el presidente Clinton y el senador Jesse Helms, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos, la admiraban y le tenían afecto. Ella brilló en los salones con luz propia. Ella acuñó la frase: "Nada es más exótico que la política interior de los extranjeros."
La frase, luminosa y ambigua al mismo tiempo, tiene una cierta filiación con la famosa frase que distingue a la doctrina Monroe: "América para los americanos". Para eminentes latinoamericanos "el monroismo encierra una perversión radical, al tratar el bien común como si fuera propio." El doctor Harmodio Arias en su obra clásica sobre el Canal de Panamá, demostró que la Doctrina Monroe no es parte del Derecho Internacional y que es "simplemente la expresión de una política nacional de los Estados Unidos, que en realidad tenían la intensión de aumentar su poderío."
A lo largo del siglo XIX y del siglo XX, hemos visto que la perspectiva desde la cual los Estados Unidos han enmarcado las más de las veces sus relaciones con el resto del hemisferio, presentó aspectos de unilateralidad y muchas veces demostró que a al país estadounidense le resulta exótico que los intereses propios de las naciones latinoamericanas lleven a éstas a trazar políticas interiores -y exteriores- propias e independientes.