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El pobre Vicente Magallón


Vicente Magallón a sus 82 años nunca espero que la vida le diera un duro revés: ser desalojado de la casa que le había servido de techo por más de 40 años junto con sus tres hijas y esposa, en el sector de Villa Las Acacias, en el corregimiento de Juan Díaz.
Magallón, oriundo de Penonomé, se instaló hace 40 años en unos terrenos próximos a la empresa Panamá plywood, propiedad de un norteamericano, que le permitió vivir allí.
"El norteamericano me hizo la casa de madera, me puso electricidad y me entregó las llaves de la residencia para que formara mi hogar", recordó el anciano con nostalgia.
Precisó que una vez instalado sembró yuca, ñame y árboles frutales en los terrenos que le servían de cosecha para alimentar a su familiar y mitigar un poco la pobreza en la que vivían.
Magallón recuerda que el extranjero le entregó también una carta donde certificaba que él era el dueño de la vivienda y en la misma nota comentó que iba a iniciar los trámites para otorgarle el título de propiedad.
Pero, al norteamericano lo sorprendió la muerte y nunca pudo formalizar el título de propiedad del terreno a favor del humilde panameño.
Magallón comentó que los años corrieron y siguió viviendo de forma tranquila en esos terrenos donde vio crecer a sus tres hijas, Luisa, Elvia y Estelvina, está última estudiante de periodismo.
No obstante, el hombre recordó que en una ocasión llegó una ecuatoriana de nombre Diana Bermúdez, quien le dijo que le iba a ser un préstamo para que reparara su vivienda.
Para sorpresa de Vicente Magallón, el 20 de abril de 1992, unos abogados, en representación de un banco procedieron a desalojarlos y a derrumbarle la vieja vivienda.
"Pasé esa noche junto con mi esposa y tres hijas debajo de un palo de mango para esguarecernos del sereno", dijo el viejo.
Después, Magallón comprendió que había sido objeto de una "jugada sucia" por la ecuatoriana, quien a los pocos años del hecho murió víctima de un accidente.
Vicente no se dio por convencido y levantó otra casa en los mismos terrenos, que comprenden nueve hectáreas.
A pesar de seguir viviendo en el área, el proceso legal para desalojar a la familia Magallón no cesó.
En mayo pasado, una nueva dueña apareció reclamando los terrenos y dio un plazo a la familia para que abandonaran el lugar.
"Un abogado de nombre Alberto Mendoza, fuera de horas regulares y sin la presencia de la corregidora, junto con cuatro hombres más, se presentó a nuestra vivienda y con arma en mano nos amenazaron a nosotras y al viejo para que se resistieran o de lo contrario recibiríamos un tiro", comentó Estelvina Magallón, la mayor de las hijas del abuelo Vicente.
Estelvina denunció que eso no fue un desalojo sino un asalto contra su familia porque no sólo se conformaron con derrumbar la casa sino que destruyeron todos los árboles frutales y las matas de plátano, "como para que no pudiéramos comer más" añadió.
La mayor de las hermanas Magallón manifestó que los hombres¨que destruyeron la casa, se llevaron comida y una suma de dinero que había sido recogida por la iglesia católica y la comunidad para ayudarlos debido a la difícil situación económica que enfrentan.
La medida fue adoptada a pesar de un amparo de garantía y de un recurso de prescripción adquisitiva interpuestos ante las autoridades competentes a favor de la familia Magallón.
La familia Magallón vive ahora en una carpa, que le sirve de techo y donde la tierra es su único piso, pero donde el sereno de la noche los hace presa de éste porque no hay paredes que los albergue. Cocinan en un fogón donde ponen enormes pailas negras por el carbón que les sirve de combustible.
Vicente Magallón, recientemente operado del corazón, solicitó ayuda al Gobierno de turno, ante la situación que vive ya que lo único que quiere antes de morir es un pedazo de terreno, en cualquier lado, que le sirva de techo para su familia.

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