El poder del juego y su comunicación
Actualmente el mundo está inmerso y totalmente interesado en los juegos y los resultados que se logren en las contiendas deportivas que se llevan a cabo en Sudáfrica.
Con un gran número de países participantes, comunicándose en lenguas diferentes parecería difícil y extraño conseguir el entendimiento, sin embargo, no es así. Y es que la comunicación no es solamente oral. Nos divierte, nos enardece y nos seduce ese lenguaje mímico tan elocuente de árbitros y jugadores.
Grabamos los gestos iracundos del goleador frustrado, la sonrisa franca del jugador combativo que acomete el reto y logra su objetivo; la alegría desbordante de los compañeros de equipo cuando logran su propósito, anotar el gol; la decepción, la ansiedad y la pasión de los jugadores.
Todo esto sin contar con la adhesión incondicional de los espectadores a los equipos de su preferencia que con imágenes visuales, emblemas, colores y vestimenta envían mensajes inequívocos de la pasión por el juego y es que éste, al igual que la comunicación empleada, se convierten en puente de compresión entre todos los países allí congregados y representados.
Cada equipo, cada jugador, cada espectador expresa a través de su lenguaje, su mímica, su personal forma de comunicarse, su propia identidad que lo unifica y lo distingue.
Los jugadores saben que a través de estas justas deportivas también se valora a sus países y se crea una imagen y perfil de cada uno, de acuerdo a su proyección. La imagen fortalecida de los equipos más aguerridos beneficiará en forma positiva al país representado; en la medida en que podría perjudicar la proyección frágil y debilucha de un equipo y mientras el marcador va definiendo el futuro de cada equipo, la comunicación se profundiza, se hace más valiosa, más elocuente, más comprensible.