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El poder se va y no regresa


En el decurso de este último año del desgobierno de la señora Moscoso -a sólo 15 meses de las elecciones nacionales del 2004- ya se dan toda clase de especulaciones cabalísticas. No cabe duda de que es un año mágico y de incertidumbre, de acontecimientos esperados, al tener que decidir los partidos políticos (PRD y PA con sus respectivos aliados) sobre sus posibles candidatos a la Presidencia de la República y el debilitamiento del poder de la actual presidenta: la aparición de hechos espectaculares se convierte en requerimiento básico para fortalecer la estructura política; es necesario, como al principio de un período de gobierno, mostrar objetivamente el poder de la figura presidencial, de no hacerlo, habría un desequilibrio de las fuerzas que sustentan al sistema y el peligro de otorgar concesiones o de perder posiciones fundamentales que lo apuntalen.
Siempre sucede lo mismo: el último año de un determinado gobierno "democrático" (al aproximarse las elecciones siguientes), son muy parecidos los factores que determinan su administración; su similitud es repetitiva, que apunta a ser, como conducta social, norma de acción o ley no escrita. Es irremediable, ¡el poder se va, y no regresa! La Presidenta en ejercicio lo sabe, lo siente y se aferra, a veces desesperada, compulsivamente a desarrollar una actividad que pretende hacer todo lo que no se ha hecho en un solo tiempo, pero ya es tarde, la oportunidad se presentó y se fue (es el caso del gobierno de la señora Moscoso).
En este último año de gobierno -sobre todo de un gobierno desprestigiado y corrupto como el actual- se acentúan las contradicciones del sistema, afloran con mayor facilidad las diferencias y pugnas entre los grupos de presión que buscan, sin asomo de pulcritud y recato político, compromisos que los liguen al precandidato de su preferencia; la administración pública, en su conjunto, sufre un impacto negativo que limita aún más la acción gubernamental, a la realización de actividades mínimas.
Se detiene o interrumpe todo el proceso productivo, las fuerzas del mercado no confluyen para dejar su dinámica; aparece en el contexto la palabra desconfianza, como sinónimo de incertidumbre, intranquilidad y ausencia de dimensión política en el cambio. Hay desconcierto, cada grupo, cada ciudadano, "echa agua a su molino". Naturalmente el ser social concebido como sociedad civil participativa, como organización de presencia y de opinión en este proceso, juega un rol que es directa y proporcionalmente dependiente del nivel de desarrollo democrático.
Por todo lo dicho, luego que se dé a conocer el plan electoral de todos y cada uno de los partidos políticos o de las supuestas "alianzas", resultará del todo pertinente recordar que antes de perderse en estrategias esquematizadoras para vencer en la contienda electoral, los partidos o las "alianzas" tienen que convencer, a sus partidarios y a la comunidad en general, en cuanto a que es verdaderamente un partido (o una alianza de partidos) y no una mera agencia electoral atenta no a decisiones políticas derivadas del ejercicio democrático y sí a prácticas antidemocráticas y rayanas en el autoritarismo. Para los partidos de "Unión por Panamá", aún en el poder, lo importante sería asegurar la continuación de "su" proyecto político (corrupción y nepotismo), pero, ¿cómo y con quién hacerlo? Trascender más allá de la responsabilidad temporal para vincular y asegurar lo propuesto políticamente es tarea de solución difícil. La ética y los juicios de valor (si posee estas virtudes) se adhieren íntimamente a la conciencia individual de la presidenta e influyen sustancialmente en el proceso de selección del sucesor. La tentación es muy grande, conformarse con lo realizado, es tanto como ignorar que el "poder es el poder", que se ejerce o se pierde, que se usa o no; indispensablemente es comprender que no es posible penetrar en la realidad especulativa de la presidenta de turno. La única forma de conocer, aunque un poco tarde, esa intensidad, es evaluando objetivamente los resultados de su gestión, y su influencia en el siguiente.
La presidenta Moscoso, y los partidos aliados de su gobierno, saben lo que han hecho -de bueno y de malo- y, por supuesto, sabrán a qué atenerse si es que todavía creen que el resultado de la evaluación de su gestión gubernamental (del 1 de septiembre de 1999 a la fecha), les concede suficiente crédito y simpatía como para mantenerse en el poder, después de pasar el concurso democrático (las elecciones populares de mayo del 2004), en el que el único juez será el soberano pueblo panameño. ¿Cree usted conciudadano y conciudadana que será esto posible?.
Presidenta Moscoso: ¡Los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!

101 años de Panamá América

 
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