El por qué de la globalización
En una sociedad globalizadamente consumista, el que pega primero, pega dos veces. Este es el caso de la OPA (Oferta Pública de Acciones) por las Acciones de Capitales Nacionales (Cervecería Nacional) por parte del Grupo Bavaria. Como señala Alvaro Thomas en su artículo en Capital, ofertas como éstas, son un ejemplo real de la globalización en nuestro país. Pero sin adentrarnos en los intereses de los diferentes grupos de accionistas, lo cierto es que el uso del dólar americano como moneda de curso legal en nuestro país, nos posiciona en un sitial ventajoso a la hora de entrar en un proceso en donde el resto del mundo ya está inmerso: La globalización llegó y vino para quedarse.
Al igual que la Revolución Industrial del siglo 19, que cambió radicalmente el sistema de vida de los pueblos desarrollados y del de los explotados, así mismo la globalización está generando cambios radicales en la economía mundial, que afectan profundamente las reglas bajo las cuales estamos acostumbrados a vivir. Aquellos sectores como el primario, a los que no se les dio tiempo para la reconversión de actividades, sin lugar a duda, serán lamentablemente los más afectados, pero inexorablemente navegamos ya por la ruta impuesta, y no se puede ir contra la corriente oponiéndose al destino ya escrito; de lo contrario las consecuencias negativas que le causaremos al país las veremos muy pronto.
Gobiernos tradicionalmente paternalistas han abogado por lo contrario: el proteccionismo, cuidando el mercado interno en sus países con medidas arancelarias e incentivos fiscales hechos a la medida para mantener a flote industrias o sectores económicos, que de otra forma se precipitarían al desastre. Durante el gobierno de Omar Torrijos, (un gobierno por definición paternalista), buscando una alianza con los trabajadores, adopta un código de Trabajo en detrimento del empresario panameño, y en su ambición de ganar electorado, adquieren empresas privadas y crean otras tratando de romper estructuras económicas.
Pero son hábitos o políticas predecibles, porque es natural proteger lo propio, pero en mi concepto sólo se debe dar el proteccionismo si puede coexistir con alta calidad y eficiencia. Mas no podemos culpar de estas políticas sólo a Torrijos o nuestros vecinos tercermundistas. Potencias de primer orden, como es el caso de los Estados Unidos, han también adoptado esta fórmula para subsidiar su sector agropecuario, por las razones que sean, el proteger sus mercados y producciones, o por seguridad geopolítica. Pero los campeones del proteccionismo son, por excelencia, los países pobres que no han podido o que no han sabido afrontar los retos de la modernización.
En estos casos, lo normal es mantener la política de cerrar los mercados con trabas arancelarias y trabas cualitativas como pudieran ser excesivos registros biosanitarios, fitosanitarios, etiquetado especiales, etcétera, etcétera, que terminan por encarecer en el mercado local el precio del producto extranjero. Esto hace a estos países menos eficientes, ya que al reducir la competencia foránea, la industria local no siente la imperiosa necesidad de mejorar sus productos y el resultado, a falta de competencia, no es eficiente y se convierte en mediocre, o simplemente en un producto disponible, sí, pero "pasable".
Los detractores de la globalización dicen que los grandes mercados la utilizan para mantener dependientes a otros mercados. Pero retratando el caso específico de Panamá, desde hace ya casi cien años estamos utilizando una moneda internacional, y es ahora cuando otros países están buscando dolarizarse, además solo alrededor del 15 por ciento del producto interno bruto del país se percibe del sector agropecuario, otro 10 por ciento de industrias secundarias, pero, el grueso, un fuerte y pujante 78 por ciento se origina en el sector de servicios.
Panamá, tradicionalmente, ha impulsado una economía de servicios, descuidando la educación y entrenamiento en el sector manufacturero, rezagados como estamos en este sector, y posiblemente el factor de legislación laboral tenga mucho que ver. Nuestro gobierno debe emprender campañas tendientes a concienciar a nuestros líderes sindicales sobre los cambios y nuevos conceptos de legislación laboral, patrocinando, además, viajes de orientación y educación a otras latitudes donde cambios de actitud y actividad en las viejas trincheras, han dado resultados positivos en cuanto al mejoramiento de la calidad de vida, así como también en el aumento de la población laboral.
A nuestro gobierno y a nuestros legisladores les insto a adecuar nuestras legislaciones a la época que nos toca vivir, la era de la globalización. La globalización, como la Biblia, (el libro antiguo que aún subsiste con sus creencias, se explica e interpreta de acuerdo a su época), debe ser explicada y entendida dentro de un contexto específico, pertinentes a una época y tiempo. Esta analogía es la misma que deberá utilizarse para explicar este concepto tan satanizado en nuestro medio, poniéndolo en el contexto que vivimos, o mejor, ponernos nosotros, y nuestras legislaciones, en su contexto. Un solo ejemplo basta. Se proyecta una zona económica especial para Howard, necesitamos mecánicos de aviación por docenas, al igual que en otras disciplinas, especialmente aquéllos de tipo manufacturero, y tenemos que promocionar las ventajas de este aeropuerto, mientras tanto las leyes que regulan la aviación nacional datan de 1963. Tenemos que educar para el mañana y tenemos que adecuar nuestras leyes al día de hoy.
*El autor es actual Administrador General de la ARI
Al igual que la Revolución Industrial del siglo 19, que cambió radicalmente el sistema de vida de los pueblos desarrollados y del de los explotados, así mismo la globalización está generando cambios radicales en la economía mundial, que afectan profundamente las reglas bajo las cuales estamos acostumbrados a vivir. Aquellos sectores como el primario, a los que no se les dio tiempo para la reconversión de actividades, sin lugar a duda, serán lamentablemente los más afectados, pero inexorablemente navegamos ya por la ruta impuesta, y no se puede ir contra la corriente oponiéndose al destino ya escrito; de lo contrario las consecuencias negativas que le causaremos al país las veremos muy pronto.
Gobiernos tradicionalmente paternalistas han abogado por lo contrario: el proteccionismo, cuidando el mercado interno en sus países con medidas arancelarias e incentivos fiscales hechos a la medida para mantener a flote industrias o sectores económicos, que de otra forma se precipitarían al desastre. Durante el gobierno de Omar Torrijos, (un gobierno por definición paternalista), buscando una alianza con los trabajadores, adopta un código de Trabajo en detrimento del empresario panameño, y en su ambición de ganar electorado, adquieren empresas privadas y crean otras tratando de romper estructuras económicas.
Pero son hábitos o políticas predecibles, porque es natural proteger lo propio, pero en mi concepto sólo se debe dar el proteccionismo si puede coexistir con alta calidad y eficiencia. Mas no podemos culpar de estas políticas sólo a Torrijos o nuestros vecinos tercermundistas. Potencias de primer orden, como es el caso de los Estados Unidos, han también adoptado esta fórmula para subsidiar su sector agropecuario, por las razones que sean, el proteger sus mercados y producciones, o por seguridad geopolítica. Pero los campeones del proteccionismo son, por excelencia, los países pobres que no han podido o que no han sabido afrontar los retos de la modernización.
En estos casos, lo normal es mantener la política de cerrar los mercados con trabas arancelarias y trabas cualitativas como pudieran ser excesivos registros biosanitarios, fitosanitarios, etiquetado especiales, etcétera, etcétera, que terminan por encarecer en el mercado local el precio del producto extranjero. Esto hace a estos países menos eficientes, ya que al reducir la competencia foránea, la industria local no siente la imperiosa necesidad de mejorar sus productos y el resultado, a falta de competencia, no es eficiente y se convierte en mediocre, o simplemente en un producto disponible, sí, pero "pasable".
Los detractores de la globalización dicen que los grandes mercados la utilizan para mantener dependientes a otros mercados. Pero retratando el caso específico de Panamá, desde hace ya casi cien años estamos utilizando una moneda internacional, y es ahora cuando otros países están buscando dolarizarse, además solo alrededor del 15 por ciento del producto interno bruto del país se percibe del sector agropecuario, otro 10 por ciento de industrias secundarias, pero, el grueso, un fuerte y pujante 78 por ciento se origina en el sector de servicios.
Panamá, tradicionalmente, ha impulsado una economía de servicios, descuidando la educación y entrenamiento en el sector manufacturero, rezagados como estamos en este sector, y posiblemente el factor de legislación laboral tenga mucho que ver. Nuestro gobierno debe emprender campañas tendientes a concienciar a nuestros líderes sindicales sobre los cambios y nuevos conceptos de legislación laboral, patrocinando, además, viajes de orientación y educación a otras latitudes donde cambios de actitud y actividad en las viejas trincheras, han dado resultados positivos en cuanto al mejoramiento de la calidad de vida, así como también en el aumento de la población laboral.
A nuestro gobierno y a nuestros legisladores les insto a adecuar nuestras legislaciones a la época que nos toca vivir, la era de la globalización. La globalización, como la Biblia, (el libro antiguo que aún subsiste con sus creencias, se explica e interpreta de acuerdo a su época), debe ser explicada y entendida dentro de un contexto específico, pertinentes a una época y tiempo. Esta analogía es la misma que deberá utilizarse para explicar este concepto tan satanizado en nuestro medio, poniéndolo en el contexto que vivimos, o mejor, ponernos nosotros, y nuestras legislaciones, en su contexto. Un solo ejemplo basta. Se proyecta una zona económica especial para Howard, necesitamos mecánicos de aviación por docenas, al igual que en otras disciplinas, especialmente aquéllos de tipo manufacturero, y tenemos que promocionar las ventajas de este aeropuerto, mientras tanto las leyes que regulan la aviación nacional datan de 1963. Tenemos que educar para el mañana y tenemos que adecuar nuestras leyes al día de hoy.
*El autor es actual Administrador General de la ARI