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El porqué de las cosas


En la filosofía, la ciencia y la metafísica la frase: "Todo efecto tiene su causa", también se puede aplicar a la política. Es la respuesta para explicar lo que está viviendo Latinoamérica con la llegada al poder de los grupos de corte socialista, cuyo principal agitador es, sin duda, el presidente venezolano Hugo Chávez.

Durante décadas las dictaduras militares que dominaron el continente recibieron el salvoconducto del "Norte", pero con el paso de los años la mayoría de los países que vivió bajo el peso de las "botas" recuperó su vida democrática bajo el capitalismo. ¿Pero qué ha pasado? El desatino de nuestros gobernantes para solucionar los principales problemas sociales, que aumentaron con la era de la globalización o interdependencia, es la "causa" de que el "efecto" sea que la llamada izquierda esté escalando -por la vía del voto- y se postre en las sillas presidenciales. Los ejemplos son claros: Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y, recientemente, Guatemala. Colombia ya recibió un aviso en las pasadas elecciones parciales y es conocido que en México estuvo a poco de quedar en manos de la izquierda.

Ya el presidente salvadoreño Elías Antonio Saca expresó que Estados Unidos debe preocuparse más por su vecinos ante la amenaza del comunismo.

No es para menos, un reciclado FMLN parece que está creciendo en popularidad y se le dan buenas posibilidades de triunfar el próximo año en El Salvador. Es por eso que la libertad de comer lo que deseamos y de ir a donde nos plazca debemos cuidarla. Pero este capitalismo salvaje, el cual los políticos no se atreven a regular, nos está asfixiando al punto que ya parece un lujo comprar pan, leche y arroz.

Si nuestros políticos y empresarios no se ponen la mano en el corazón y tratan de definir estrategias populares para reducir la pobreza con mejor distribución de la riqueza, quizás nuestro final sea el mismo. Con qué moral podrán decirnos los "globalizados" que la izquierda es un peligro, si no son capaces de darnos respuestas. De seguro que para el vendedor legumbres, el despachador de gasolina o una recepcionista no existirá remordimiento en darle un voto a una propuesta diferente y que quizás para ellos sea una solución. Ese es el efecto de no pensar en la mayoría, sino en unos pocos.

101 años de Panamá América

 
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