El Premio Nobel de Obama
La polémica está servida y oscila entre la intención y los hechos. Unos dicen que “Obama no ha hecho nada para merecerlo”, y otros que “son suficientes sus enunciados a favor de la paz”. Los estudiosos del tema saben perfectamente que la Academia Sueca no siempre premia intenciones sino hechos. ¿Entonces dónde encaja el Nobel otorgado a Obama? Para quienes siguen de cerca los escabrosos temas internacionales la propia elección de Obama en Estados Unidos fue expresión de la gran confrontación del siglo XXI entre dos concepciones: una que cree firmemente en la solución militar para definir hegemonías mundiales, y aquella que cree en la multilateralidad y el consenso como camino para evitar más desangramiento en el planeta. Por lo dicho en El Cairo y más recientemente en Naciones Unidas, Obama parece ser partidario de esta última, al término de fortalecerla con sus declaraciones, porque si se admite como válido e innegable el liderazgo mundial de Washington, una sola declaración procedente de la Casa Blanca establece contextos, fortalece posiciones, define rumbos. Así que lo que proponga Obama no se puede interpretar tan sólo como una idea, sino como una conducta a asumir. No se puede ser líder para una cosa y para otras no. El peso de su voz, a favor o en contra, es de por si un hecho, sobre todo en un planeta donde tendencias guerreristas apuestan hoy por armas nucleares en Irán o en Corea del Norte. Abogar por la paz, desde su nivel es pues, un hecho de consecuencias sólidas.