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El Presidente Abel Pacheco y Panamá


Panamá se puede jactar que tendrá tres nacionales suyos como mandatarios en el área centroamericana. Además del suyo, Mireya Moscoso Rodríguez, tanto el Presidente de Honduras, Ricardo Maduro, como el Presidente Electo de Costa Rica, Abel Pacheco de la Espriella, pueden optar por la nacionalidad panameña. El primero, por haber nacido en la república panameña, y el segundo, por ser hijo de madre panameña. Ojalá que este singular hecho sirva para ayudar a concretar ese anhelo de unir a los pueblos centroamericanos, sirviendo nuestro querido país de punto de enlace de dicha unión.
Panamá y Costa Rica han estado unidos mucho más de lo que algunos hechos históricos lo puedan confirmar. La amistad que se dispensaron el doctor Rafael Calderón Guardia con el doctor Arnulfo Arias Madrid, difícilmente la podrán revivir otros mandatarios.
Nuestras fronteras se confunden, y con marcadas excepciones por aquello de las cortesías a los ticos que compran en las tiendas en Paso Canoa, pocos incidentes se han presentado entre ambos países. Los ticos y los panameños siempre nos hemos considerado hermanos; prueba de ello se da en los cafetales ticos, en donde hasta mejor trato se dispensa a los indígenas panameños que aquel que le brindan quienes iguales actividades realizan desde el lado de su país, hasta se sienten mejor atendidos por los centros de salud de Costa Rica.
Es mucho lo que podríamos lograr de avanzar con medidas como las que se proponen entre ambos países en este momento, como lo es la construcción conjunta del puente sobre el Río Sixaola, con lo cual se facilitaría el tránsito por la vertiente atlántica entre Panamá y Costa Rica y la eliminación del pasaporte entre ambas naciones, con lo cual estimularíamos el turismo interno entre nuestros nacionales. Y, por supuesto, con la firma de un Tratado de Libre Comercio, el cual no se podrá concretar con el actual gobierno tico. Pero es mucho más lo que se puede hacer.
Nadie duda que ha sido Costa Rica quien en el área centroamericana ha llevado la vanguardia en materia de turismo y de agroindustria, llevándole en ese campo una gran delantera a nuestro país. Si bien bajo el actual gobierno panameño la situación del turismo ha mejorado sustancialmente, es mucho lo que podríamos aprender de nuestros vecinos ticos. Por otro lado, ha sido reconocido a nivel internacional el desarrollo portuario que ha experimentado Panamá, sobretodo en el área de Colón, en el Océano Atlántico, en donde en un solo puerto, Manzanillo, se desarrolla el mayor movimiento continental de contenedores de toda esa vertiente. Esas dos experiencias podrían ser muy útiles mediante el intercambio entre ambos países. Panamá está en proceso de impulsar la actividad turística, quién más para ayudarla que la vecina tica. Costa Rica está urgida de desarrollar sus puertos, tanto en el Pacífico como en el Caribe, quién más que Panamá para ayudarla en ese necesario proceso de desarrollo. Las cifras que hoy en día refleja la balanza comercial entre ambos países podrían incrementarse de tal forma si se incrementa la unidad política, social y económica entre ticos y panameños.
Con buen tino ha sido Costa Rica el único país del área que no se ha unido a esa especie de mamotreto jurídico que llaman Parlamento Centroamericano, al que sin razón pertenece la República de Panamá. Un bueno comienzo para hablar de integración, sería aquel en que tanto Costa Rica y Panamá se percaten de que unidos en diferentes frentes podrán enfrentar el flagelo de la pobreza. Quizás se podría hablar hasta de un parlamento tico-panameño, compuesto por representantes de las Asambleas Legislativas de ambos países, como inicio de esa unidad en la acción que planteamos y que, ojalá, con la imaginación de mandatarios como Abel Pacheco de la Espriella, hijo de madre panameña, este esfuerzo pueda cristalizarse para bienestar de nuestras dos naciones.
Ojalá que no desaprovechemos esta nueva oportunidad que la historia de nuestros pueblos nos vuelve a plantear.
Los gestores panameños del Convenio Alemán Zubieta - Becker no sólo transgredieron la Constitución y la ley, también incursionaron sin recato y sin personería en el campo sensible de lo político, de la soberanía, y, como si fuera poco, ignoraron el valor que tiene la lengua patria en el ámbito de la nación.

Para el director de la Escuela de Sociología de la Universidad de Panamá (UP), Marco A. Gandásegui, no hay muchos estudios sobre el tema del homosexualismo y lesbianismo en Panamá, aunque abundan en el ámbito internacional, especialmente en Estados Unidos y los países europeos.
Explicó que en las sociedades tradicionales todos los valores que rodean la figura del homosexual son negativos, se le relaciona con lo perverso y lo satánico.
Mientras que en la sociedad moderna, donde desaparece como módulo o forma dominante la familia campesina y es reemplazada por una familia nuclear, el hombre y la mujer pueden incluso desarrollar ambos el mismo trabajo económico.
"El homosexual en esta sociedad moderna puede ir a trabajar a una oficina, regresar a su casa, cocinar y hacer de todo, igual que la mujer, sin tener una pareja del otro sexo", dijo Gandásegui, al indicar que entonces, poco a poco van desapareciendo los valores ideológicos de que es malo, satánico y perverso.
"Pareciera que ya no es un tabú ser homosexual", expresó Gandásegui, aunque considerara, no obstante, que muchos de ellos son "vulnerables" ya que por temor a que lo señalen por su preferencia sexual, pueden ser objeto de chantajes.

Existe un programa de sexología en la Caja de Seguro Social (CSS), y dentro de este programa, que se inició hace unos 30 años, se han atendido personas con diversos tipos de trastornos de identidad sexual, siendo un grupo grande de atención el de homosexuales, informó el psicólogo clínico de la entidad, Alejandro Cantón.
Según Cantón, la persona que siente atracción hacia su mismo sexo, ya sea que nació con eso o que en algún momento lo desarrolló, no puede desaparecerlo, de forma que en el programa de la CSS, "no estamos hablando de curar homosexuales".
Se trata, subrayó Cantón, de que la persona decida cómo va a vivir respecto a su identidad sexual.
Añadió que hay dos alternativas de tratamiento: la terapia individual, cuando la persona está deprimida o tiene conflictos particulares asociados o no a la homosexualidad; y la terapia de grupo, que es permanente, y donde las personas pueden entrar y salir en la medida que ven mejorados algunos aspectos de su condición.
Cantón declaró que hay estudios que sostienen que en el homosexualismo y el lesbianismo pareciera que existe algo genético. "El problema es que no siempre se han podido replicar, o sea, no se han podido reproducir y dar los mismos resultados en las investigaciones", dijo Cantón.
También pudiese ser una combinación de la genética y la crianza. "Sí estoy convencido de que el que siente la atracción siempre la va a tener, esto no tiene que ver nada con la alimentación, ni es problema hormonal", sentenció.
Además hay investigaciones a nivel del hipotálamo donde se han encontrado diferencias entre homosexuales y no homosexuales, lo mismo que en el cromosómico, donde se han notado cambios también. "Hay una teoría que tiene que ver con la estructura de la familia. Se habla de tener un padre ausente o muy débil y una madre dominante. Eso puede condicionar hacia una actitud homosexual o lesbiana", manifestó Cantón.
En el programa de la CSS, han asistido muy pocas lesbianas, en comparación con los varones que son de todas las profesiones y edades.
Las sesiones de terapia tienen una duración de 1 hora y media, lo que es permanente. La persona que ingresa puede participar el resto de su vida, si quiere. Después que se entra al programa, puede hacerlo cuando quiera. Hay personas que tienen 20 años de asistir. Otros asisten un año y regresan 10 años después.
"El marco filosófico de la terapia es que la persona deje de verse como el homosexual fulano. Que empiece a verse como fulano, que es homosexual. Hay de todos los lugares de Panamá, niveles económicos y profesionales", puntualizó Cantón.
Este psicólogo clínico informó que el trasvestismo está catalogado por la ciencia médica como una enfermedad, mas no el homosexualismo. "Quiere decir que no todos los trasvestis son homosexuales, ni todos los homosexuales son trasvestis".
Tampoco cree en el bisexualismo. Acotó que el bisexual es un homosexual que ha aprendido a tener relaciones sexuales con el sexo opuesto.
En su opinión, lo que califica a un homosexual no es cuánto sexo tiene con alguno de su mismo sexo, sino la capacidad de "enamorarse" de otro de su mismo sexo.
"Hay personas que jamás han tenido sexo con nadie de su mismo sexo, pero son homosexuales", explicó Cantón.

101 años de Panamá América

 
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