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El Presidente, un año después


En su Informe a la Nación de su primer año de gobierno, el presidente Ricardo Martinelli reiteró una vez más que los intereses del pueblo son primero, que ve a Panamá liderando la región y dijo que será un país diferente afirmando que “estamos trabajando duro por estos cambios”. El discurso presidencial no generó grandes expectativas políticas, pues no logró precisar temas puntuales que marcaran un antes o un después sobre los rumbos nacionales. Sus asesores ajustaron (excesivamente) la retórica del informe a las frases de sus cortos gubernamentales publicitarios. Y en este precario contexto dialéctico Martinelli eludió hacer alusión a lo que muchos sectores le demandan: flexibilizar sus planes presidenciales a una realidad distinta a la época de campaña.

Martinelli centró su informe en las bondades del gobierno, un estilo que resultó en un apretado sumario donde se destacaron el metro que viene, las mochilas escolares, el aumento del salario mínimo, la seguridad pendiente y su correspondiente etcétera.

El punto débil de su informe estuvo en sus omisiones sobre temas que enturbian el ambiente social. Ninguna referencia hubo sobre las críticas a la ortodoxia que manifiesta su estilo excluyente de mandato, la aplicación de leyes que estimulan la resistencia laboral, las imposiciones contra el patrimonio ambiental, temas que inclusive la Iglesia Católica hizo suyos. El informe fue una oportunidad perdida para generar tranquilidad política. No se percataron que el tiempo de los pretextos se acaba y el de las promesas se acorta.

101 años de Panamá América

 
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