El problema de Chipre
El problema de Chipre, aunque simple en su esencia, se ha visto no obstante, complicado y de tal manera magnificado por la intervención extranjera, hasta haberlo convertido en un conflicto de enormes dimensiones que amenaza la paz de esta crítica región del Medio Oriente y de casi todo el mundo.
Además, el problema de Chipre sigue apareciendo ya por demasiado tiempo en el primer plano de la atención mundial, ocupando con frecuencia los distintos foros internacionales y la Organización de las Naciones Unidas, sin casi tregua alguna durante los últimos treinta años, período durante el cual la organización mundial ha estado involucrada activamente en las operaciones de paz y en los esfuerzos mediadores desatados para solucionarlo; desafortunadamente, los cauces de que se dispone en este fin se han demostrado hasta ahora insuficientes para enfrentar eficazmente el problema y restaurar la paz y el orden en esta pequeña pero tan atormentada isla, cuyo único anhelo es el bienestar y progreso de su pueblo.
El fracaso al respecto se ha debido a la imposibilidad de convencer a Turquía - principal responsable de la empeorada situación que permanentemente viene presentando al conflicto- de la imperante necesidad de atacar las resoluciones de las Naciones Unidas. De otra parte, las grandes potencias no han ejercido suficiente presión sobre Turquía para que entre en razón y ponga fin a la agresiva política dirigida contra un pequeño país.
La invasión de Turquía a Chipre, desatada en julio y agosto de 1974 - que prosiguiera al ilegalmente concebido y abortado golpe de Estado asestado contra el presidente Makarios - y la consiguiente ocupación del 37 por ciento del territorio de la República, que trajo como resultado el desplazamiento de cerca de 200,000 greco- chipriotas y la destrucción de las perspectivas de envidiable prosperidad y desarrollo que presentaba el país, constituye un llamado de advertencia a la humanidad de que no puede ni debe permitir que el problema de Chipre continúe ya por más tiempo sin solución.
La mayoría de los países del mundo, a través de la Organización de las Naciones Unidas, ha tomado ya una clara posición al respecto, exigiendo el cumplimiento de las resoluciones de la ONU y en el contexto del Consejo de Seguridad y de los debates de la Asamblea General, han resuelto que debe cesar la intervención y la presencia militar extranjera en Chipre y que hay que dejar a ese país resolver por sí sólo sus problemas. Sin embargo, Turquía haciendo caso omiso de estas demandas, ignoró y sigue pasando por alto resoluciones y principios.
Y aún más, desafiando todos los principios internacionalmente aceptados, y en flagrante violación de toda concepción sobre los derechos humanos, las autoridades turcas, durante todos estos años, han venido expulsando sistemáticamente a la población autóctona greco- chipriota que, desde 1974, permaneció en la región bajo ocupación militar turca, a la par que estableció allí población turca trasladada desde las más remotas regiones de Turquía, con el fin de alterar la estructura demográfica de la isla, como un primer paso hacia la división y su ulterior anexión.
En Chipre, pues, existe un problema de carácter internacional sumamente grave de agresión y ocupación, el cual requiere la acción de la comunidad internacional para que pueda ser resuelto pacíficamente.
Además, el problema de Chipre sigue apareciendo ya por demasiado tiempo en el primer plano de la atención mundial, ocupando con frecuencia los distintos foros internacionales y la Organización de las Naciones Unidas, sin casi tregua alguna durante los últimos treinta años, período durante el cual la organización mundial ha estado involucrada activamente en las operaciones de paz y en los esfuerzos mediadores desatados para solucionarlo; desafortunadamente, los cauces de que se dispone en este fin se han demostrado hasta ahora insuficientes para enfrentar eficazmente el problema y restaurar la paz y el orden en esta pequeña pero tan atormentada isla, cuyo único anhelo es el bienestar y progreso de su pueblo.
El fracaso al respecto se ha debido a la imposibilidad de convencer a Turquía - principal responsable de la empeorada situación que permanentemente viene presentando al conflicto- de la imperante necesidad de atacar las resoluciones de las Naciones Unidas. De otra parte, las grandes potencias no han ejercido suficiente presión sobre Turquía para que entre en razón y ponga fin a la agresiva política dirigida contra un pequeño país.
La invasión de Turquía a Chipre, desatada en julio y agosto de 1974 - que prosiguiera al ilegalmente concebido y abortado golpe de Estado asestado contra el presidente Makarios - y la consiguiente ocupación del 37 por ciento del territorio de la República, que trajo como resultado el desplazamiento de cerca de 200,000 greco- chipriotas y la destrucción de las perspectivas de envidiable prosperidad y desarrollo que presentaba el país, constituye un llamado de advertencia a la humanidad de que no puede ni debe permitir que el problema de Chipre continúe ya por más tiempo sin solución.
La mayoría de los países del mundo, a través de la Organización de las Naciones Unidas, ha tomado ya una clara posición al respecto, exigiendo el cumplimiento de las resoluciones de la ONU y en el contexto del Consejo de Seguridad y de los debates de la Asamblea General, han resuelto que debe cesar la intervención y la presencia militar extranjera en Chipre y que hay que dejar a ese país resolver por sí sólo sus problemas. Sin embargo, Turquía haciendo caso omiso de estas demandas, ignoró y sigue pasando por alto resoluciones y principios.
Y aún más, desafiando todos los principios internacionalmente aceptados, y en flagrante violación de toda concepción sobre los derechos humanos, las autoridades turcas, durante todos estos años, han venido expulsando sistemáticamente a la población autóctona greco- chipriota que, desde 1974, permaneció en la región bajo ocupación militar turca, a la par que estableció allí población turca trasladada desde las más remotas regiones de Turquía, con el fin de alterar la estructura demográfica de la isla, como un primer paso hacia la división y su ulterior anexión.
En Chipre, pues, existe un problema de carácter internacional sumamente grave de agresión y ocupación, el cual requiere la acción de la comunidad internacional para que pueda ser resuelto pacíficamente.