El problema del SIACAP
No parecen compatibles las alternativas que, desde diferentes ángulos y perspectivas, se plantean en el debate sobre el ahorro forzoso que pesa sobre los ciudadanos más desprotegidos de nuestra sociedad, esto es, los trabajadores activos o no del Estado. En un mundo en que el capitalismo salvaje sigue haciendo estragos, empobreciendo a las mayorías sociales y enriqueciendo a una minoría de privilegiados, el problema dista de ser sencillo. La natural desconfianza popular sobre las actividades, generalmente turbias, de la especulación financiera, las experiencias de quiebras fraudulentas de administradoras de fondos de pensiones en otros países del continente y de Europa del Este, hacen el problema más complejo.
A ese perturbador clima psicológico, por llamarlo de alguna manera, debe sumarse como dato objetivo los niveles de desempleo, pobreza y marginalidad que alcanzan índices intolerables, para conformar el cuadro dramático en que se desenvuelve la discusión actual sobre el SIACAP. Obviamente, las dificultades no implican que no haya que tomar una decisión, cualesquiera sea el costo político que ello signifique. No olvidemos que la actividad política implica asumir compromisos y también riesgos. El debate se ha transformado por efecto del entorno en un conjunto de argumentos falaces que tienden a confundir y a enrarecer el debate claro con que se debe afrontar una situación socialmente explosiva y peligrosa. Veamos algunos de los argumentos expresados.
Los desempleados que tienen fondos "ahorrados" en el SIACAP y que no cumplen aún la edad de jubilación, solicitan la devolución de sus fondos para resolver problemas de la vida cotidiana. El argumento de que sean previsores y guarden para el futuro choca con su realista argumento, que suscribo totalmente, de que no habrá futuro sino hay presente y lo que está en cuestión hoy día, dramáticamente, es el presente de muchos.
No cabe duda de que el ahorro público y privado es una herramienta posible de desarrollo. Pero también es cierto que el ahorro social debiera provenir, mayoritariamente, de aquellas personas que poseen mayores ingresos y no de aquellos que no satisfacen necesidades vitales. Por eso es una falacia oír a empresarios y banqueros compungirse por el ahorro de los pobres. No, a ellos no les interesa ni el futuro de los pobres ni el empleo ni nada parecido. Lo que les importa es la masa de dinero acumulada con el esfuerzo de la sociedad para especular con ellos, sin arriesgar su propio capital. ¿O es que nadie recuerda que después de la privatización del Fondo Complementario seguían los mismos fondos de pensiones, de acuerdo a un proyecto de modificación de la propia Ley del Seguro Social, durante la administración anterior?. En otras palabras, es la ganancia lo que impulsa a los especuladores. Como diría Voltaire, si ves a un banquero saltar por la ventana, salta detrás que alguna ganancia habrá.
Incorporar a la Caja de Seguro Social (CSS) como comprador de los bonos denominados CERPAN pareció una buena idea, para equilibrar los descuentos que produce el mercado. Pero no nos ilusionemos. Nada puede regular los precios en la bolsa de valores, o en el intercambio bancario que no sea la oferta y la demanda. Aún el Seguro Social no podría pagar un precio mayor que el que determine el mercado. Y lo que es peor, la CSS requiere liquidez para convertir los bonos del CERPAN en dinero constante y sonante, por lo que requiere convertirlos, no cuando venzan sino ahora, para no descapitalizarse.
Por ello insistimos, no parece compatible su pago individual con el mantenimiento del fondo intacto en manos de las administradoras. A menos que la CSS se comprometiera a no tocar los bonos y, aún, dejarlos en manos de las administradoras para que sigan capitalizando.
Una segunda falacia es el argumento empresarial que el Fondo Complementario, ahora SIACAP, es intocable antes de su vencimiento. Al revisar la Ley 8 del 6 de febrero de 1997, su artículo 3 permite utilizarlos como garantía de préstamos hipotecarios que son, por naturaleza, a largo plazo. Lo que vale la pena determinar es qué otra circunstancia podría establecerse que permita la utilización de los bonos sin tocar el propio fondo. A manera de ensayo, podría intentarse que las administradoras compartieran con los dueños de los aportes, partes de la ganancia que obtienen por la especulación con fondos ajenos. Así se le podría entregar una capitalización por su aporte sin tocar el propio fondo. No está de más obligar a las administradoras de fondos de establecer un seguro sobre los mismos que garantice a todo el mundo de cualesquiera fraude financiero que ponga en peligro el ahorro de muchos.
Este es el mismo razonamiento que se utilizó para conservar intacto el llamado fondo fiduciario para el desarrollo. Un principio jurídico elemental dice que donde existe una misma razón debe existir la misma disposición. ¿ Lo entenderán nuestros sabios políticos? El resultado de la nueva modificación introducida en un nuevo debate no parece alterar el fondo de la crítica antes esbozada. Sobre ello volveremos en un futuro.
A ese perturbador clima psicológico, por llamarlo de alguna manera, debe sumarse como dato objetivo los niveles de desempleo, pobreza y marginalidad que alcanzan índices intolerables, para conformar el cuadro dramático en que se desenvuelve la discusión actual sobre el SIACAP. Obviamente, las dificultades no implican que no haya que tomar una decisión, cualesquiera sea el costo político que ello signifique. No olvidemos que la actividad política implica asumir compromisos y también riesgos. El debate se ha transformado por efecto del entorno en un conjunto de argumentos falaces que tienden a confundir y a enrarecer el debate claro con que se debe afrontar una situación socialmente explosiva y peligrosa. Veamos algunos de los argumentos expresados.
Los desempleados que tienen fondos "ahorrados" en el SIACAP y que no cumplen aún la edad de jubilación, solicitan la devolución de sus fondos para resolver problemas de la vida cotidiana. El argumento de que sean previsores y guarden para el futuro choca con su realista argumento, que suscribo totalmente, de que no habrá futuro sino hay presente y lo que está en cuestión hoy día, dramáticamente, es el presente de muchos.
No cabe duda de que el ahorro público y privado es una herramienta posible de desarrollo. Pero también es cierto que el ahorro social debiera provenir, mayoritariamente, de aquellas personas que poseen mayores ingresos y no de aquellos que no satisfacen necesidades vitales. Por eso es una falacia oír a empresarios y banqueros compungirse por el ahorro de los pobres. No, a ellos no les interesa ni el futuro de los pobres ni el empleo ni nada parecido. Lo que les importa es la masa de dinero acumulada con el esfuerzo de la sociedad para especular con ellos, sin arriesgar su propio capital. ¿O es que nadie recuerda que después de la privatización del Fondo Complementario seguían los mismos fondos de pensiones, de acuerdo a un proyecto de modificación de la propia Ley del Seguro Social, durante la administración anterior?. En otras palabras, es la ganancia lo que impulsa a los especuladores. Como diría Voltaire, si ves a un banquero saltar por la ventana, salta detrás que alguna ganancia habrá.
Incorporar a la Caja de Seguro Social (CSS) como comprador de los bonos denominados CERPAN pareció una buena idea, para equilibrar los descuentos que produce el mercado. Pero no nos ilusionemos. Nada puede regular los precios en la bolsa de valores, o en el intercambio bancario que no sea la oferta y la demanda. Aún el Seguro Social no podría pagar un precio mayor que el que determine el mercado. Y lo que es peor, la CSS requiere liquidez para convertir los bonos del CERPAN en dinero constante y sonante, por lo que requiere convertirlos, no cuando venzan sino ahora, para no descapitalizarse.
Por ello insistimos, no parece compatible su pago individual con el mantenimiento del fondo intacto en manos de las administradoras. A menos que la CSS se comprometiera a no tocar los bonos y, aún, dejarlos en manos de las administradoras para que sigan capitalizando.
Una segunda falacia es el argumento empresarial que el Fondo Complementario, ahora SIACAP, es intocable antes de su vencimiento. Al revisar la Ley 8 del 6 de febrero de 1997, su artículo 3 permite utilizarlos como garantía de préstamos hipotecarios que son, por naturaleza, a largo plazo. Lo que vale la pena determinar es qué otra circunstancia podría establecerse que permita la utilización de los bonos sin tocar el propio fondo. A manera de ensayo, podría intentarse que las administradoras compartieran con los dueños de los aportes, partes de la ganancia que obtienen por la especulación con fondos ajenos. Así se le podría entregar una capitalización por su aporte sin tocar el propio fondo. No está de más obligar a las administradoras de fondos de establecer un seguro sobre los mismos que garantice a todo el mundo de cualesquiera fraude financiero que ponga en peligro el ahorro de muchos.
Este es el mismo razonamiento que se utilizó para conservar intacto el llamado fondo fiduciario para el desarrollo. Un principio jurídico elemental dice que donde existe una misma razón debe existir la misma disposición. ¿ Lo entenderán nuestros sabios políticos? El resultado de la nueva modificación introducida en un nuevo debate no parece alterar el fondo de la crítica antes esbozada. Sobre ello volveremos en un futuro.