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El proceso del ADN


Monseñor José Dimas Cedeño, Arzobispo de Panamá, ha manifestado públicamente que los trabajos de investigación que se realizan en relación con las osamentas presumiblemente de Héctor Gallego se están realizando con dedicación, interés y eficiencia. Esto nos ha alegrado y nos invita a tener paciencia en la espera de los resultados. Sin embargo, eso no elimina otra realidad y es que sin duda hay personas en Panamá que estarán muy interesadas en que las investigaciones fracasen. ¿Por qué? Entre otras cosas porque nuestra presidenta, doña Mireya Moscoso, ha dicho que si los resultados del ADN son positivos el caso Gallego se reabriría. Esto nos hace pensar que algunas personas, ajenas a la investigación, pueden emplear todos los medios a su alcance para que las cosas no se aclaren. Incluso podrían recurrir hasta cierto tipo serio de amenazas.
En Panamá conocemos muy bien el caso del asesinato en Guatemala del obispo Gerardi. Allí varios personeros del poder judicial tuvieron que renunciar a sus cargos e incluso salir del país para salvaguardar sus vidas y las de sus familias. ¿Quién nos puede asegurar que en Panamá no se puedan dar situaciones potencialmente similares? Esperamos que esto no ocurra, pero, por lo menos los jesuitas centroamericanos sabemos por la experiencia de nuestra congregación religiosa en la región que estas cosas han ocurrido una y otra vez, sin excluir, aunque en mucho menor grado, a nuestro país.
Ante semejante peligro, ¿qué hacer? Como sacerdote, aparte de rezar para que las cosas caminen como Dios quiere, me atrevo a sugerir a todas las instancias judiciales, médicas y eclesiales pertinentes, que, en conjunto, busquen los mejores caminos que estén a su alcance para obviar la posible eficacia de cualquier tipo de amenaza a quienes tengan que ver con los distintos pasos en el proceso investigativo. Igualmente, pido a todo el pueblo cristiano de Panamá que ore por la justicia no sólo para el caso Gallego, sino para los demás. Sabemos que la oración, hecha con fe, con confianza y con humildad es de una gran eficacia. Y junto a la oración todos tenemos que aportar las sugerencias que se nos ocurran para que los mejores caminos se vayan abriendo. Aún más, invitamos a todos y a todas para que manifiesten los datos que tal vez tengan ocultos en sus conciencias. Dios los premiará y se sentirán más libres en sus corazones.
El carácter político de todo lo ocurrido puede quitarnos la objetividad en nuestras opiniones y sentimientos, sobre todo porque es mucho lo que está en juego. Los apasionamientos pueden darse tanto en las personas que desean resultados positivos en las investigaciones del ADN como en las que los desearían negativos. Sin embargo, aunque esto sea muy difícil, tenemos que intentar despojarnos de muchas subjetividades para buscar la verdad, por muy dolorosa que ella sea, porque, como dice el Evangelio, sólo la verdad nos hará libres. Esperamos que esta verdad brille de una manera contundente muy pronto en nuestra Patria.
Una vez que la verdad se aclare podemos ya caminar desde esa base sólida hacia otros pasos en los que la misericordia cristiana se una a la justicia para el bien de todos. Qué hermoso sería que las celebraciones del fin de siglo y las relativas a la reversión de nuestro Canal nos encontraran a todos los panameños y panameñas reconciliados y en paz. Ello sería una bendición de Dios y es lo que deseamos desde lo más profundo de nuestro corazón.
Ojalá que las investigaciones científicas del ADN y sus resultados sean tan transparentes y de una contundencia tan aplastante que todos quedemos satisfechos: la familia Gallego, la Iglesia, las autoridades judiciales y, en general, todo el pueblo panameño. Y que ellas abran las puertas de la esperanza para quienes todavía navegan en la incertidumbre de lo que ocurrió con sus familiares o amigos desaparecidos. Sin odios, sin rencores, pero sí con la verdad que nunca se debe separar del amor.

101 años de Panamá América

 
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