El próximo presidente y la confianza ciudadana
Mucho se ha escrito y se escribirá en los meses venideros hasta el 3 de mayo, sobre las bondades y defectos de los distintos candidatos a la presidencia de la República; estudiando sus estrategias de campaña y cuestionando sus planes de gobierno. Sin embargo, quizás nada sea más importante de analizar que la capacidad de generar confianza en el ciudadano, por parte de quien sea el nuevo ocupante del Palacio de las Garzas.
Confianza es el tejido básico de una sociedad; representa el compromiso ineludible del gobernante ante sus gobernados de que se respetarán la legalidad y los derechos fundamentales, que sea capaz de rescatar del limbo y transformar la educación en un verdadero ente de movilidad social hacia arriba, que garantice la seguridad ciudadana y que, por lo menos, disminuya la terrible inequidad de la distribución de la riqueza. En síntesis, que logre desarrollar, implementar e institucionalizar un nuevo contrato social.
Ante la gran falacia y fiasco que resultó ser "la Patria nueva del... sí se puede", el desgobierno de la "Doña Bárbara de Punta Mala", el "autoritarismo vacuno" y la empalagosa gestión del "Pan de Dulce", los panameños buscamos una alternativa capaz de revertir la situación existente del desgreño, malversación, ineficiencia, juega vivo, en donde no pasa nada y parodiando unos de los eslóganes de campaña... los funcionarios "entran pobres y salen millonarios".
Se promete mucho y se cumple poco. Por parte del panameño común hay hastío, cansancio, indolencia, intolerancia creciente y una tendencia marcada a no creer en la democracia y sus bondades. Nuestra forma democrática de gobierno no está funcionando correctamente: nos debatimos entre el autoritarismo y centralismo del Ejecutivo; la inoperancia, ineficiencia, sumisión y desprestigio del Legislativo; y la poca fe en la justicia del ?"rgano Judicial, donde algunos altos magistrados, después de una honrosa carrera como profesionales, sucumben ante las mieles del poder y generan fallos cuestionables, dudosos y sospechosos.
Es ante este escenario, en donde la palabra confianza cobra su real dimensión y en la cual el próximo presidente deberá trabajar denodadamente en aras de su consecución y sin exhibir falsas promesas, ya que, de lo contrario, corremos el peligro de no satisfacer las expectativas de los panameños y generar una situación incontrolable de desestabilización político-social, con su consecuente desenlace de violencia. En adición, corresponde al panameño decente, salir de esa inercia en la cual está sumido y comenzar a movilizarse y unirse, de manera tal que se convierta en un ente de denuncia, de poner en la picota y ante el escarnio público las malas actuaciones de nuestros gobernantes y sus adjuntos; exigir y lograr rectificaciones, así como verdaderas investigaciones tendientes a esclarecer las situaciones anómalas y castigo a los culpables.
Señores candidatos a la Presidencia de la República, ustedes tienen la oportunidad de revertir la situación existente, de encaminar este país hacia derroteros de verdadero progreso y desarrollo integral con justicia social... Nosotros, los panameños, tenemos la obligación de fiscalizarlos y exigirles el cumplimiento de sus promesas de campaña, ya que como pueblo debemos ser forjadores y partícipes de nuestro destino, con sus hechos y decisiones, de modo que generemos la confianza necesaria entre unos y otros.