El próximo procurador general
La procuración de justicia, como la misma razón de ser del Estado, no es una función más de entre tantas, sino la función básica y esencial que permite la convivencia civilizada y posibilita dar vigencia al régimen de derecho. Sería una quimera pensar que puede haber una buena administración o impartición de justicia en el Órgano Judicial sin una recta, eficiente y permanente procuración de justicia del Ministerio Público. De ahí que quien desempeñe el cargo de procurador de Justicia para la prevención, como para la persecución de los delitos que rompen y vulneran el principal derecho humano del respeto a la vida y a los bienes del ciudadano, debe ser un hombre de profunda formación jurídica y clara vocación de servicio por inclinación natural y convicción ética. Por ello, consideramos que la persona que debe ocupar este alto cargo del Estado el próximo 1 de enero de 2005, por designación del Presidente de la República, tal como lo establece la Constitución Política, debe pasar por un filtro en la propia conciencia del mandatario del país, tomando en cuenta la gran importancia y trascendencia de dicha función, cuya tarea por delante es tan urgente como vital para el país; tan difícil como atractiva para el cumplimiento de los fines de un gobierno democrático; tan determinante como imprescindible para generar el clima de mejoramiento y avance de la calidad de la vida de nuestra sociedad.
Por otro lado, estimamos oportuno que el próximo Procurador General de la Nación debe revisar la carrera de instrucción, a fin de que los cargos que se ocupen en las distintas esferas del Ministerio Público, llámese Fiscales Superiores, Fiscales de Circuito, Personeros y demás personal, sean obtenidos por medio de un transparente concurso y que de esta manera se fortalezca la llamada independencia judicial, y que los Fiscales no sean designados presumiblemente por "amiguismo" o por haber pertenecido a un partido político afín al que perteneció -de darse el caso- en un momento dado el titular del Ministerio Público.
Definitivamente esperemos que quien se designe para el máximo cargo del Ministerio Público no le llegue ni por asomo la tentación de actuar consciente o inconscientemente contra los intereses de la patria cuya perspectiva se pierde cuando los obnubila la ambición de poder. Mucho, muchísimo hay que hacer en la Procuraduría General de la Nación. Su cometido hay que alinearlo con el de la sociedad a la que representa. El poder del ejercicio de la acción penal o el de la aprehensión de presuntos delincuentes hay que vincularlo inseparablemente al del escrupuloso ejercicio del derecho, jamás a la arbitrariedad o a la pasión insana. El distinguir al denunciante víctima, del denunciante profesional que instrumenta al Ministerio Público para sus fines, será otra de las sensibles áreas de una nueva funcionalidad hacia el preeminente interés social, para que hoy y mañana, cualquier ciudadano pueda acudir al Ministerio Público con la confianza de que el Procurador, los titulares de las agencias, policías judiciales, personal auxiliar, peritos especializados, etcétera, son hombres y mujeres que, haciendo equipo, tienen por objeto la convivencia en el orden y en el derecho.
La modernización de la Procuraduría en realidad radica no sólo en la tecnificación, agilización y efectividad en la tramitación, en la investigación, integración y sanción de los casos que ofenden a la sociedad y al interés público, sino, principalmente, en la orientación de servicios de esta primerísima función del Estado. Amanecerá y veremos!
Así el otro se siente acogido, querido e importante y se realiza un pequeño pero gran milagro de amor, un renacimiento interior.
Algunas de las barreras que no permiten escuchar e impiden la comunicación son:
No querer comprometerse: Es mucho más cómodo vivir solo, tranquilo y sin preocupaciones. Si se comunica y escucha a alguna persona se compromete a ser su amigo, lo cual puede implicar amar y servir a esa persona y preocuparse por ella.
Tener otros intereses: Hay personas que valoran su finca, su negocio, su dinero, su ropa y muchas otras cosas materiales más que a las personas. Es muy triste cuando se pone una cosa u objeto material como un valor superior por encima de un ser humano.
Falta de paciencia: A muchas personas les falta paciencia y control emocional para escuchar. Existen personas que no tienen un momento de paz y tranquilidad para escuchar, porque supuestamente tienen muchas otras cosas que hacer. En el fondo es un mecanismo de defensa, una forma de escaparse de la realidad.
Falta de comprensión: Es necesario comprender que la otra persona es un ser humano, además de ser su esposa, su esposo, su papá o su mamá, su hijo o su hija, su jefe, su subalterno o su amigo. El que en verdad escucha entiende que cada persona es un ser humano irrepetible y único. Esa persona es ALGUIEN que tiene algo importante que comunicarle, porque EL es importante. Como tal, tiene un mensaje que transmitir.
Por eso, le retamos a que intente aprender el buen y saludable hábito de escuchar. Escuche a Dios y también a usted mismo, pues sus ideas y pensamientos más profundos son importantes. No se minusvalore. Anote sus ideas más luminosas y haga un diario.
Dios lo escucha siempre. El es su mejor amigo y lo comprende. El Señor tiene todo el tiempo que usted necesita y siempre está disponible para atenderlo. Tenga plena confianza en Dios, acérquese más al Señor orando mucho, expóngale todo con sus propias palabras.
Háblele con amor y fe y El lo escuchará y CON EL, USTED SERÁ. . . ¡INVENCIBLE!