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El proyecto


sobre Howard A lgo tendrá que hacer el país con la antigua base aérea de Howard, fuera de tenerla abandonada por casi cinco años. Si no este gobierno, de Mireya Moscoso, lo hará el próximo, de Martín Torrijos. El hecho es que continúa siendo una tamaña tontería mantener ociosas tan valiosas instalaciones y tierras que incluyen un aeropuerto internacional con terminales de carga y pasajeros, torre de control, hangares y todo. Hay en la inmensa extensión, aledaña al Canal, el Puerto de Balboa y la capital de la República, edificios, escuelas, teatro, áreas de recreo, infraestructura sanitaria, depósitos de combustible, sitios de radares y comunicación, etc.
Pensándolo bien, es peor que ser tontos mantenerla ociosa, cuando no costó al país un centavo adquirirla. La misma nos fue entregada por los norteamericanos luego de aguantarla en sus manos, casi a regañadientes, hasta el último minuto. Ellos le llamaban "La Joya". Nosotros preferimos reservar el nombre para una cárcel. El detalle es mucho más que mera cuestión de óptica. Lo que hacemos y decidimos suele muchas veces no encajar con la realidad. Por eso el nombre nada tiene que en común con un reclusorio. Pero en lo que sí podría haber una obvia relación, es entre la antigua base aérea y el proyecto de ley para convertirla en una zona económica especial para el desarrollo de negocios de alta tecnología y comunicaciones.
El proyecto, no obstante, viene dando tumbos casi desde los inicios de este gobierno. El director de la ARI, Alfredo Arias, está impulsándolo con tanta tenacidad como frustración a causa de la oposición de quienes le temen al proyecto, en especial algunos intereses de Zona Libre de Colón, responsables de introducirle tantas adendas y condiciones que lo tienen a un paso de hacerlo inviable. Así y todo, sin embargo, Arias es optimista. Resultará en un pato cojo, pero capaz de volar a fin de cuentas, no importa que no lo haga a la velocidad de un águila, como exigen los tiempos de hoy. Con el tiempo eso se puede y se debe arreglar para darle plena competitividad.
La ventanilla única es un buen concepto, aunque en la práctica nunca ha resultado, porque siempre naufraga bajo el peso de la burocracia siempre presta e ingeniosa para enredar y entrabar las cosas más sencillas, oportunidad preciada para las coimas. En el caso de Howard, la ventanilla está integrada, por funcionarios de la propia administración del área y por una docena más de otras entidades (Migración, Seguro Social, Ministerio de Trabajo, Dirección de Ingresos, Dirección de Aduanas, Autoridad del Ambiente y otras, hasta el infinito). Eso no va a funcionar.
Howard ¡no podrá, asimismo, contar con salas de exhibición de sus productos! Tampoco se le permite la importación y reexportación de bienes hasta tanto se termine la autopista Panamá - Colón. Ambas fueron exigencias de los comerciantes de Zona Libre. Ellos se aseguraron de que todo lo que no sea fabricación o venta de alta tecnología o de aviación, servicios multimodales, "call centers" y comunicaciones, sea gravado igual que si se hicieran en el resto del país. Así, la Zona Libre seguirá teniendo el monopolio de la importación y reexportación de mercancías. Con eso, los colonenses pueden estar seguros de tener a un "competidor" maniatado. ¿Qué se espera entonces para hacerlo ya ley de la República?

101 años de Panamá América

 
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