El Proyecto de Ley Bancaria
Entendemos que el proyecto de ley bancaria está listo y por eso el Ejecutivo lo incluyó en el paquete de leyes que podrá dictar por decreto conforme las últimas facultades extraordinarias que le ha concedido la Asamblea Legislativa. Aprobarlo sin las debidas consultas previas sería un gravísimo error, porque cualquier reforma de la ley bancaria importa más a dos millones y medio de panameños que a una docena de ministros y burócratas políticos. Y hay mil veces más oportunidad de discusión y enmienda a nivel de tres debates en la Asamblea Legislativa que en los cerrados aposentos de un Consejo de Gabinete. Sin una amplia y abierta discusión y divulgación del proyecto, la posibilidad de cometer en Panamá los mismos errores propios y ajenos son enormes.
Para empezar, la existencia de una Comisión Bancaria Nacional conformada por banqueros, convertía a los bancos en jueces y parte, con lastimosos resultados de intolerable laxitud de supervisión y controles. No podría resultar de otro modo, pues nadie es capaz de supervisarse a sí mismo y de ser riguroso contralor de sus colegas que comparten un mismo negocio. "Hoy por ti, mañana por mí", constituía la máxima ley no escrita en el seno de la entidad rectora del negocio de la banca en Panamá.
Y en el caso de la nueva ley, es probable que cambiarán el nombre a la Comisión por otro más rimbombante que recuerde el Canal, la Autoridad Bancaria Nacional o algo así como la ARI. Pero el error se repite en grado mayor si la nueva ley es elaborada sólo por los banqueros como si el país fuera sólo de ellos. El resto de la sociedad civil tenemos mucho que decir, y aportar y queremos estar dentro de la discusión. Al fin y al cabo de nuestros ahorros y de nuestro dinero se trata.
La lección de la crisis asiática, del derrumbe de los "tigres de Oriente" debe servirnos como lección. El mundo industrializado se mueve con sigilo, procurando que no se generalice el pánico, ni cunda la histeria. Todavía no hay clara conciencia de los varios comunicantes y la interconexión de los diversos mercados entre sí. Si no se controla el desastre financiero en Asia, caeremos todos como piezas de dominó ordenadas en hilera.
Ya se ha comprobado que todo empezó por la laxitud de controles en los bancos. Se habla de préstamos sin restricciones, corrupción, clientelismo exagerado, financiamientos ficticios e incosteables. El Daiwa Bank de Japón fue la punta del témpano hace dos años. ¿Fue Banaico el nuestro? Surcorea, Indonesia, Tailandia, Filipina y Malasia están en picada, arrastrando a Hong Kong y Japón en su caída. ¿Qué esperamos para revelar aquí lo que se está haciendo? ¿Hasta cuándo el secretismo?
Para empezar, la existencia de una Comisión Bancaria Nacional conformada por banqueros, convertía a los bancos en jueces y parte, con lastimosos resultados de intolerable laxitud de supervisión y controles. No podría resultar de otro modo, pues nadie es capaz de supervisarse a sí mismo y de ser riguroso contralor de sus colegas que comparten un mismo negocio. "Hoy por ti, mañana por mí", constituía la máxima ley no escrita en el seno de la entidad rectora del negocio de la banca en Panamá.
Y en el caso de la nueva ley, es probable que cambiarán el nombre a la Comisión por otro más rimbombante que recuerde el Canal, la Autoridad Bancaria Nacional o algo así como la ARI. Pero el error se repite en grado mayor si la nueva ley es elaborada sólo por los banqueros como si el país fuera sólo de ellos. El resto de la sociedad civil tenemos mucho que decir, y aportar y queremos estar dentro de la discusión. Al fin y al cabo de nuestros ahorros y de nuestro dinero se trata.
La lección de la crisis asiática, del derrumbe de los "tigres de Oriente" debe servirnos como lección. El mundo industrializado se mueve con sigilo, procurando que no se generalice el pánico, ni cunda la histeria. Todavía no hay clara conciencia de los varios comunicantes y la interconexión de los diversos mercados entre sí. Si no se controla el desastre financiero en Asia, caeremos todos como piezas de dominó ordenadas en hilera.
Ya se ha comprobado que todo empezó por la laxitud de controles en los bancos. Se habla de préstamos sin restricciones, corrupción, clientelismo exagerado, financiamientos ficticios e incosteables. El Daiwa Bank de Japón fue la punta del témpano hace dos años. ¿Fue Banaico el nuestro? Surcorea, Indonesia, Tailandia, Filipina y Malasia están en picada, arrastrando a Hong Kong y Japón en su caída. ¿Qué esperamos para revelar aquí lo que se está haciendo? ¿Hasta cuándo el secretismo?