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El pseudoconstitucionalismo de Martín


LA ARREMETIDA presidencial contra las libertades y las garantías fundamentales, acuerpada por la procuradora "herself", los diputados del oficialismo y otros, ponen en evidencia el grave peligro que viven las libertades públicas en nuestro país. Han preferido y optado por olvidar premeditadamente que: La democracia es la garantía de que los Derechos Humanos no serán sometidos, así convenga o no.
El pseudoconstitucionalismo está en su pleno apogeo. No importa en qué página abra usted la constitución vigente, siempre se encontrará con normas constitucionales ignoradas, irrespetadas o violadas. Dicho en tres palabras: No hay Constitución. Ni puede haberla porque, además, el gobierno proclama lo que no es y como nos lo enseñó Ferdinand Lasalle- "hace pasar por constitucional a un Estado que es, en realidad, un Estado absoluto consistente con el engaño y la mentira".
El pseudoconstitucionalismo de Martín y su team se maneja bajo el siguiente criterio: "No debemos revelar nunca el objetivo detrás de nuestras acciones para mantener a la gente desconcertada. Si no tienen ni idea de cuáles son nuestras intenciones, no pueden preparar una defensa. Hay que llevarles lo bastante lejos por el camino equivocado, envolverlos en humo y, para cuando se den cuenta de lo que nos proponemos será demasiado tarde".
Eso exactamente es lo que han venido haciendo a través de una orquestada manipulación, una creciente desinformación, una selectiva pero masiva represión, una acrecentada corrupción, abonando así el terreno para un nuevo tipo de cesarismo tropical embadurnado de un peligroso y vulgar sultanismo.
El estado actual del Estado ha llegado a tal grado de descomposición que sólo les queda a las autoridades de los órganos estatales, la violación y la represión de la Ley.
El principio máximo de hace tres siglos según el cual: "Toda sociedad en la cual la garantía de los derechos no está asegurada, ni determinada la separación de poderes, carece de Constitución", lo estamos viviendo en Panamá.
En efecto, basta referirnos a hechos concretos de la última semana: la solicitada renuncia del Contralor de la República, el proyecto 292 que pisotea las garantías fundamentales, la remilitarización de la Policía Nacional, el discurso fascistoide de las principales autoridades, el incumplimiento de los Convenios Internacionales en materia de Derechos Humanos por parte del Ministerio Público y la Defensoría del Pueblo, la continua persecución de los profesores universitarios no adictos al rector (los casos más recientes son los de José Eulogio Torres y Mariela Jiménez) nos confirman que cada día más la libertad viene determinada por el Estado policíaco que están consolidando con la complicidad de quienes no defienden las libertades.
La seguridad jurídica de los panameños y de quienes comparten bajo nuestro cielo, está cada día menos garantizada.
La ausencia de un verdadero sistema institucionalizado de controles sobre los rectores de los órganos del Estado y sus diversas ramas, les permite caminar hacia un poder absoluto, desbocado y arbitrario por encima, contra y pese a la Ley.
Es imperiosos entonces que, quienes creemos y queremos nuestras libertades, cerremos filas ante estos verdugos de nuestros derechos. Que demostremos que quienes hemos tomado partido por la justicia, sabemos que la justicia está por encima de los partidos.
Basta ya de la demagogia de quienes no son más que improsultos epígonos de la satrapía bajo la cual crecieron. Exijamos que imperen:
1- La supremacía de nuestros derechos en una Constitución de todos.
2- Una verdadera división orgánica y funcional entre los órganos del Estado.
3- Una verdadera independencia judicial
4- Un Ministerio Público que defienda y no que persiga los Derechos Humanos
5- Que impere el principio de la legalidad administrativa
6- Verdaderos mecanismos de control ciudadano sobre las actividades de los órganos estatales
7- Medios de comunicación totalmente independientes del Gobierno y de sus intereses.
8- la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente de plenos poderes, para liberarnos de los que hoy se han eregido en verdugos de nuestras libertades.

101 años de Panamá América

 
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