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El pueblo dirá la última palabra


La gran mayoría en el país deseaba ver en un debate de altura a los candidatos a la Presidencia de la República: esto no se logró. Hoy nos vemos abocados a las elecciones generales que permitirán que quien capitalice los votos sea el presidente que rija los destinos de la nación al inicio del nuevo milenio.
El pueblo ha sacado sus propias conclusiones y difícilmente cambie su decisión. Las propagandas en pro o en contra de cada candidato, pueden influir en parte, pero lo primordial es que se desea un cambio, no como se viene planteando, sino que sea verdadero y que las masas irredentas de la nación tengan un porvenir distinto a lo que hasta ahora se ha venido viviendo, después que el país tomó el sendero democrático a partir de 1989. Quien resulte triunfado, tendrá en sus manos la responsabilidad, que no tuvo presidente alguno, de recibir la faja canalera que nos partió en dos porciones y que fue motivo de tanta discordia por los inconvenientes que de esta situación se derivaron, que nos convirtió por muchos años en extraños a los que habitábamos antes de llegar al Canal de Panamá y que fuimos ignorados para ocupar puestos relevantes, en gran parte, situación que hoy persiste. En pocas palabras, fuimos marginados.
En la actualidad existen tres candidatos por los cuales el pueblo decidirá y sería injusto si en este escrito no reconociera los méritos de ellos, no sin tomar en cuenta lo que a mi juicio perjudica a cada uno.
La juventud del candidato Torrijos, aunada al hecho de su condición de ciudadano de extracción popular, con una preparación académica aceptable le favorece según las encuestas. Además representa el grupo político en el poder con su herencia conocida. No se puede decir en mi concepto que es el continuismo, porque todos los grupos llevan dentro de su engranaje ciudadanos que estuvieron inmersos en la dictadura o en los gobiernos a partir de 1989. Para mí este candidato tiene todas las posibilidades de salir triunfante.
Por otro lado no se puede negar el trabajo en la calle de la candidata Moscoso, que por más de cuatro años le ha permitido el acceso al pueblo, conociendo sus necesidades. Hay que admirar su tenacidad y deseo de triunfo. Perdió las elecciones de 1994. No debió correr, porque lo lógico era que aceptara una vicepresidencia para adquirir experiencia en el manejo del gobierno. Prácticamente heredó el contingente político del panameñismo y no supo aprovechar esta coyuntura. Se distanció de los dirigentes de siempre de esa agrupación y se rodeó de los eternos adversarios. Aún así pudiera triunfar, aunque creo que el voto independiente y de la mayoría de la juventud no le favorecerá, por eso pongo en duda que salga por la puerta ancha. Por último está la candidatura de Vallarino, joven preparado con los conocimientos que un estadista necesita. La mala atmósfera que se urdió contra él a raíz de las elecciones primarias fueron aprovechadas por sus detractores y por los que se adueñaron del Partido Arnulfista para esgrimirlas en su contra. Su alianza con la Democracia Cristiana no le favoreció ante la opinión pública. Sin embargo hay una gran cantidad de votos independientes y de juventud, que se espera le apoyen y en estas circunstancias podría entrar como sorpresa en la contienda.
Como en política no hay nada escrito los resultados los dará el voto mayoritario a favor de uno de los candidatos y quien resulte triunfador se merece el apoyo de toda la ciudadanía, en virtud de los días difíciles que nos esperan, para los cuales debemos anteponer todas nuestras diferencias y pensar en un Panamá digno y soberano, que sea el espejo donde se mire toda la América.

101 años de Panamá América

 
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