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El pueblo tiene la palabra


Las elecciones de 2004 deben ser una genuina expresión de imparcialidad, de fortalecimiento de la democracia y de libertad para elegir y ser elegidos. Todo ello puede ser posible, cuando gobierno, pueblo, partidos políticos y Tribunal Electoral (TE), identificados en un esfuerzo de solidaridad patriótica, orienten a la comunidad, hacia los verdaderos caminos de la democracia participativa y respetuosa de los derechos humanos.
Corresponde al TE, como rector de las contiendas electorales, trabajar con honestidad, espíritu cívico y patriótico para ir concientizando a los panameños y partidos políticos en el correcto ejercicio de la ley electoral y en el respeto al libre juego de la voluntad popular, sin vicios y prácticas que atenten contra la libertad de elegir y ser elegidos.
Los partidos políticos deben comprender que la lucha por el poder es un ejercicio cívico de ideas y acciones, muy lejos de las ambiciones y de las componendas que tanto daño hacen a la imagen de la democracia; y si participan en la lucha por el poder, deben hacerlo conscientes de que su papel es procurar el bienestar de la nación, su desarrollo y progreso. Resulta muy peligroso que el gobierno y los partidos políticos se alejen de los principios que sustentan la democracia en materia eleccionaria, porque ello nos puede conducir al caos y a la violencia en el país.
Observamos cómo los candidatos a la Presidencia de la República en las elecciones de 2004, han empezado a proclamar sus candidaturas a lo largo y a lo ancho del país, pero en esos discursos, a veces mal hilvanados, no ha faltado la palabra hiriente, la crítica destructiva y el ánimo de hacer daño a la tranquilidad y paz que son tan necesarias durante estos torneos. Ello no está contribuyendo a que Panamá siga adelante, porque hay temores y desconfianza.
Con la proclamación del Lic. José Miguel Alemán como candidato presidencial del Partido Arnulfista en la convención de Penonomé, la campaña eleccionaria para presidente ha quedado circunscrita a tres figuras: Martín Torrijos, candidato por el PRD; Guillermo Endara, por el Solidaridad y José Miguel Alemán, por el arnulfismo. Cada uno de ellos está en el deber de contribuir a la realización de un torneo honesto, responsable, democrático, libre de situaciones que pudieran dar al traste con los principios que sustentan unas elecciones libres, puras, democráticas. No deben dar margen a que la ciudadanía perciba respaldo gubernamental.
El Pacto Etico Electoral debe ahondar en las responsabilidades de los colectivos políticos frente al torneo que se avecina y contribuir a la realización de elecciones ejemplares como las de 1994 y 1999. Corresponde al pueblo, con responsabilidad, sentido de patria y anhelos de que Panamá alcance su mayor grado de progreso en todos los aspectos de vida, escoger al mejor de los tres, al candidato que por sus ejecutorias, capacidad, honestidad e inteligencia, pueda realizar una labor que sea respuesta a los grandes males que aquejan a la nación.
222Esta incapacidad funcional de encontrarse sentido y de encontrárselo al Ser, a la vida, al mundo es lo que hoy condiciona, en buena medida, la crisis que estremece a la Cultura Occidental.
Para el hombre del sin-sentido (del sin destino) sólo el poder y el tener parecen tener sentido: sólo tiene sentido el poder del dinero, el poder político, el poder de las armas, el poder del poder... no le preocupa ser más humano y más humanidad; le preocupa tener...Este ser empequeñece al mundo, porque impide que el Ser sea.
Gabriel Marcel nos dejó dicho que el hombre moderno ha perdido el sentido para el Ser, el sentido ontológico. Y que confunde su Ser con su (incompleta) vida; su Ser con su poco o mucho tener y poseer... Deshumanización de lo humano, que lleva a la despersonalización del mundo. Crisis moral y crisis de identidad y destino.
El hombre moderno, alejado del Ser, parecer ser, hoy, sólo un oscuro conjunto de funciones vitales (comer, dormir...), psicológicas o instintivo-afectivas (ver, oír, odiar, ambicionar...) y sociales (trabajar, consumir, contaminar, oprimir, o ser oprimido)...
Recordemos que sólo el animal, por su naturaleza, no busca encontrarle sentido (ni sentidos), al entorno ni al mundo, ni a sí mismo...Y no lograría alcanzarlo...El animal en su entorno, sólo percibe señales, en infinitas sucesiones de presente...
El hombre en su entorno y su interioridad, además de señales, percibe signos; y, desde señales y signos, crea símbolos... y aprehende el Ser, y su Ser y el mundo... Interpreta al mundo, y lo transforma (de modo egoísta o solidariamente)...
Por eso no debe el hombre ser el discapacitado ontológico; y ser, sí, el ser de pensares y hacimientos, de esperas y esperanzas.

101 años de Panamá América

 
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