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El que no quiere llegar a viejo...


Decía la mamá de una amiga que "el que no quiere llegar a viejo, que se muera antes". Eso es lo que debe pasar con muchos jóvenes que no tienen la menor idea de lo que es la juventud y la vejez; que no conocen la diferencia entre haber vivido y pretender vivir. Los jóvenes de hoy, en su mayoría, no aprecian la experiencia de los que han pasado por la vida dejando estelas y huellas imborrables, pero que ellos no ven por la ceguera de sentir que su valor es el único en el mundo.
Hace unos días escuchaba un programa radial donde llaman los oyentes; se hablaba sobre el tema del Magistrado Pereira. Me llamó la atención la llamada de un joven que aún no había madurado ni el tono de su voz, mucho menos el contenido de lo que dijo. Dijo que los viejos tienen que renunciar para darle paso a los jóvenes porque obstaculizan sus oportunidades. Ello me motivó a escribir este artículo, ya que no puedo pasar por alto la posición de los que hemos traspasado la línea de los 40 años, porque es el límite de lo que consideran que debemos vivir o rendir a la patria los que venimos de antes. Me pareció tan absurda la posición de este muchacho sin experiencia, aunque pienso que, tal vez, sea un desempleado de los que votaron por Martín esperando que el 2 de septiembre le darían un trabajo por obra y gracia del Espíritu Santo. Creo que pensará que los viejos son los responsables de que no sea así; sin embargo, me molestó su manera de ver las cosas porque son injustas e inmaduras. No por madrugar amanece más temprano, y este joven parecía amargado.
Pensé, por su forma de hablar, que es un joven que no atiende a sus padres sino que sólo ve la manera de exprimirlos en su beneficio; que no les brinda el cariño que necesitan por haber trabajado y haberle dado su vida. Me parece que, de tener abuelos, jamás los ve ni los visita a menos que sea para sacarles dinero para sus fechorías.
Estamos frente a unas generaciones que están a años luz de nosotros; y por más comprensivos que seamos no podemos hacernos entender, aunque los comprendamos a ellos. Viven sus propios intereses sin pensar en las necesidades de sus viejos; no comparten con ellos un minuto de atención ni les importa cómo sienten ni cómo viven.
Es triste el abandono en que muchos jóvenes mantienen a sus viejos por falta de comunicación y de comprensión. ¡No, damitas y caballeritos! Estos viejos que, por algo hemos vivido más que ellos, tenemos mucho que enseñarles, que ofrecerles y lo hacemos espontáneamente, sin intereses personales, tan sólo por trasmitir lo aprendido.
¿Cómo pueden desaprovechar semejante oportunidad? No digo que piensen como nosotros que somos de otra generación; no pretendo que canten las canciones que yo cantaba ni que tengan los mismos sentimientos a recuerdos de cosas que ellos no han vivido. Sólo les pido comprensión, amor, atención sobre todo si la soledad envuelve a esos viejos; darles un poco de cariño no está demás y que sepan que su abandono los mata y adelanta su muerte. Nada hay peor que la soledad. Los hijos y nietos podrían llenar ese espacio en que sus viejos no adelantan y que sólo con unas palabras, una visita, lo llenarían. Una sonrisa de un familiar joven permite que esos viejos se conviertan en seres felices porque ven reflejado en ellos lo que fueron algún día atrás.
La juventud votó por un joven en las últimas elecciones, menospreciando la madurez y la experiencia; pero, recuerden, lo vivido no nos lo quita nadie; en cambio ellos no tienen ni la seguridad de vivirlo. Amen a sus viejos; den comprensión y la satisfacción de que se sientan queridos y necesitados para un consejo, para una palabra de aliento. El que no quiere llegar a viejo, que se muera antes; pero, el que así lo desea que piense que, como él o ella traten a sus viejos, así serán tratados en su momento.
La vejez es una bendición y ojalá ese muchacho que habló logre llegar a ella. Gracias a mis hijos por comportarse conmigo como lo hacen, con amor, atención y comprensión.

101 años de Panamá América

 
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