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"El químicamente puro"


Recién nombrado Ministro del Canal en agosto del ´99, Ricardo Martinelli, en su condición de Presidente de la Autoridad del Canal, me planteó claramente que la Presidenta Moscoso le había solicitado la posición de Fiscalizador General de la institución, cargo para el cual había sido designado por la Junta Directiva a partir del 1° de enero del 2000. Martinelli sin embargo, añadió que por amistad, no por mis conocimientos, ni por mi experiencia, ni tan siquiera por mi trayectoria en el tema del Canal, sólo por amistad, él me mantendría en el puesto, con la única condición que mantuviera un bajo perfil para que no se dieran cuenta en la presidencia. Por cortesía contesté agradeciendo el gesto.
En las próximas semanas noté la incomodidad que le causaba mi presencia a Martinelli en las reuniones de Junta Directiva, a las que asistía en mi calidad de Asesor del Ministerio en temas relacionados con la transferencia del Canal. Las razones eran muchas, pero concluí que las dos más importantes podían ser, por un lado mi falta de expresividad para celebrar las chabacanerías, las mamarrachadas y las estupideces que aportaba el nuevo Ministro al seno de la Junta Directiva, cosa que tal vez se me notaba, y por el otro, la glotonería que traía el Ministro para nombrar en el nuevo gobierno a los miembros de su pequeño grupo Cambio Democrático.
En esos días, Martinelli recibió la mayor sorpresa y decepción de su carrera política al enterarse, después de haber sido nombrado, que como Ministro no tenía injerencia en los nombramientos del Canal, y que su solicitud para manejar libremente 300 posiciones dentro del engranaje de la administración del Canal violaba la Constitución, la ley y los reglamentos pertinentes al manejo de los recursos humanos en el Canal.
Donde sí se dio gusto Martinelli fue en el Ministerio. En un acto de soberbia, arbitrariedad y de poder político destituyó a 37 de los 40 funcionarios que teníamos alguna responsabilidad en el tema del Canal. A pesar que faltaban tan solo cuatro meses para la transferencia del Canal y no parecía inteligente producir cambios drásticos en un momento tan crítico y en una tarea tan importante, Martinelli mantuvo su injusta decisión de manera irresponsable, aunque después se vio obligado a recoger a varias de esas personas por tener familiares o recomendaciones políticas que en ese momento no le convenía contrariar. Hoy, un año después, conozco de las verdaderas motivaciones de Martinelli para nombrar la mayor cantidad de gente posible.
En estas condiciones, mi salida era de esperar. Queriendo confundir la gimnasia con la magnesia, Martinelli solicitó a la Junta Directiva mi destitución al puesto de Fiscalizador General, aduciendo que para trabajar en el Canal había que ser "químicamente puro", y que mi participación en un trabajo de facilitación que realizaba desde el Ministerio del Canal para producir una antología musical para celebrar la transferencia del Canal, no era compatible con la imagen de honestidad que se requería para cumplir las funciones de Fiscalizador General en la Autoridad del Canal, dos entidades que en la teoría y en la práctica resultan ser completamente distintas.
Para no poner a la Junta Directiva, a tan sólo dos semanas del cambio de gobierno, en el predicamento de confrontar al Presidente de la misma en un tema de menor valía para la agenda del Canal y su transferencia, y además sabiendo que no todos los directores estaban dispuestos a poner las cosas en su justo lugar, decidí renunciar al cargo de Fiscalizador General, no sin antes aportar todas las pruebas y aclarar que no se había incurrido en ningún acto de deshonestidad. Lo demás es historia.
Pero no es hasta ahora que entiendo que la desmesura de Martinelli por despedir funcionarios y nombrar miembros de CD en puestos de gobierno era un asunto de dinero. La semana pasada nos enteramos en todos los medios de comunicación que Cambio Democrático opera un sistema de cobro de cuotas a los funcionarios que trabajan en el Ministerio del Canal, el IDAAN y otras instituciones bajo su responsabilidad, para financiar actividades de dicha agrupación política. En violación a todas las leyes que existen sobre la materia, el estructurado plan contempla descuentos directos de 6 y 10% del salario de los funcionarios, sin embargo en la Alcaldía de San Miguelito, en un acto de descomunal compasión humana que sólo enaltece al presidente de ese partido, se decidió cobrar el 3% por razón del bajo nivel salarial que existe en ese Municipio.
Financiar actividades de Cambio Democrático con "aportes voluntarios" de humildes trabajadores, funcionarios públicos nombrados por razón de su afiliación en ese partido político, con la excusa de hacerlos partícipes del proceso de decisión, a sabiendas que en esa agrupación las decisiones las toma el presidente de la misma, sólo o en compañía de su directorio de parientes y allegados, incluyendo el uso de esos fondos, es un acto de bajeza política que plantea serios rompimientos con la ética y la transparencia.
Más aún, querer lavarse las manos con el ex-director del IDAAN, Carlos Sánchez Frías, es un acto de estupidez y de cobardía. Por un lado, porque Sánchez Frías ya lo dijo todo cuando declaró a los medios que el presidente del partido es Ricardo Martinelli, en una aclaración innecesaria ante la insinuación aparecida en un comunicado oficial de Cambio Democrático que señala a Sánchez como el único responsable de este pingüe esquema. Nadie ni siquiera en su momento de idiotez va a creer que el alcalde de San Miguelito trabaja como patrulla autónoma dentro de los predios del partido. Por el otro, es percepción generalizada que en la organización de CD, por su origen y su tamaño, por el estilo de gestión y por la misma personalidad de su progenitor, todas las cosas se manejan de manera centralizada, alrededor de la voluntad única y el beneficio de Martinelli.
Gerardo Solís ha dicho que investigará y que caerá quien tenga que caer, sin importar el grueso del tronco que haya que cortar. Espero que el fiscal electoral cumpla su palabra y no le añada otro plato al menú de decepciones del cual está comiendo este pueblo, que espera con urgencia un adecentar de los asuntos públicos y un alto a la impunidad de algunos grandes señorones. Si "la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo", solicito entonces con el mayor respeto a Doña Mireya Moscoso que proceda a la remoción inmediata de Martinelli como Ministro del Canal, aún si no se llega a comprobar y determinar su culpabilidad en este caso. Señora Presidenta: los hechos y las circunstancias que rodean este escándalo, por la buena imagen internacional que requiere el Canal y por los posibles riesgos de mantener a Martinelli, reafirman la necesidad de hacer cambios en la máxima posición de la Autoridad del Canal, porque éste que tenemos ahora, Señora Presidenta, no nos salió "químicamente puro".

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